Imagen de la ruta por el desfiladero del Cañón del Mascarat, Alicante
La ruta de senderismo secreta de Alicante con un desfiladero que atraviesa montañas con más de cien metros de altura
La Comunidad Valenciana es mucho más que sol y playa. Con la llegada del otoño, aparecen los planes que invitan a descubrir la naturaleza interior de la región. Las escapadas de fin de semana se llenan de colores ocres, aire fresco y senderos entre montañas. Las tres provincias valencianas ofrecen un sinfín de rutas que recorren bosques, valles y sierras, perfectas para caminar, recoger setas o simplemente desconectar al aire libre. Entre todas ellas, hay una especialmente singular en la provincia de Alicante, donde la montaña se funde con el mar Mediterráneo y el paisaje sorprende por su verticalidad: el Cañón del Mascarat.
Situado en la costa norte alicantina, entre los municipios de Altea y Calpe, el Cañón del Mascarat, también conocido como Barranc Salat, es un profundo desfiladero que corta la imponente Serra de Bèrnia y su extremo más oriental, el Morro de Toix. El agua, durante siglos, ha ido horadando las rocas calizas hasta abrir un paso estrecho y vertiginoso, con paredes que en algunos puntos superan los cien metros de altura y que en otros apenas dejan unos centímetros de separación entre sí.
El recorrido por el cañón, de dificultad baja, permite adentrarse en este escenario singular a través de una senda circular de unos cuatro kilómetros, aunque el tramo más cerrado apenas alcanza los 800 metros. El camino comienza junto a la Playa del Mascarat y discurre por el cauce seco del barranco, rodeado de vegetación mediterránea. A lo largo del trayecto se conservan vestigios de antiguos caminos y construcciones, testimonio del esfuerzo humano por atravesar este enclave abrupto. No en vano, el paso fue durante siglos un punto temido por su peligrosidad y por las leyendas que lo rodean. Una de ellas cuenta que un bandolero conocido como El Mascarat, con el rostro ennegrecido para ocultar su identidad, asaltaba a los viajeros que se atrevían a cruzar el desfiladero.
Hoy, el sendero que recorre el barranco está acondicionado y señalizado, lo que lo convierte en una excursión ideal para realizar en familia. Durante el trayecto, el caminante puede contemplar tres impresionantes estructuras que cruzan el cañón: el antiguo puente del siglo XIX, el más reciente de la carretera N-332 y el puente del tranvía. Estas obras de ingeniería, levantadas a distintas alturas, parecen flotar entre las paredes verticales del barranco, componiendo una escena de gran belleza. La luz que penetra entre las rocas crea un juego de claroscuros que recuerda, a pequeña escala, a los cañones del oeste norteamericano como el Gran Cañón de Arizona.
Imagen de la Sierra de Bèrnia, parte de la ruta por el desfiladero del Cañón del Mascarat, Alicante
El recorrido concluye cuando el desfiladero se estrecha hasta hacerse prácticamente impracticable, momento en el que toca regresar sobre los propios pasos. Quienes deseen prolongar la experiencia pueden continuar hacia el cercano Mirador de Toix, al que se accede siguiendo las indicaciones desde la carretera. Desde allí, la vista del Mediterráneo, de la bahía de Altea y del acantilado del Racó del Corb es sencillamente sobrecogedora.
El acceso al inicio de la ruta se realiza tomando la N-332 desde Altea en dirección a Calpe, y desviándose antes de los túneles del Mascarat por la salida hacia Pueblo Mascarat. Aunque ya no está permitido aparcar junto a la playa, existen zonas habilitadas en calles cercanas como el Carrer de Llevant o junto al Club Náutico Campomanes. Desde allí, apenas unos minutos de caminata separan al visitante del punto de inicio, donde un cartel informativo da la bienvenida al barranco.
Recorrer el Cañón del Mascarat es adentrarse en una de las joyas más ocultas de la Costa Blanca, un lugar donde la historia, la geología y el paisaje se entrelazan. Su corto recorrido no resta espectacularidad a la experiencia, como caminar entre sus paredes de roca, sentir la sombra fresca del cañón y vislumbrar al fondo el azul del Mediterráneo. Un plan perfecto para quienes, en otoño, buscan descubrir una Comunidad Valenciana diferente, tan viva en sus montañas como en sus playas.