Melchor Gaspar y Baltasar, dirigiéndose a la Adoración al Niño Jesús durante la Cabalgata de Alcoy, en Alicante.

Melchor Gaspar y Baltasar, dirigiéndose a la Adoración al Niño Jesús durante la Cabalgata de Alcoy, en Alicante.AYTO. ALCOY

La cabalgata de los Reyes Magos más antigua del mundo nace en un pueblo de Alicante y tiene más de un siglo de historia

La tarde del 5 de enero es, para miles de niños en toda España, uno de los momentos más esperados del año. Antes de dejar los zapatos preparados y mirar al cielo con la esperanza de ver pasar una estrella, toca salir a la calle para recibir a Melchor, Gaspar y Baltasar. Las cabalgatas se han convertido en una cita imprescindible de la Navidad, un espectáculo popular que llena plazas y avenidas de música, luces y emoción. Sin embargo, aunque hoy parezca una tradición ancestral, su origen es mucho más reciente y se sitúa en una pequeña localidad de la provincia de Alicante.

La costumbre de ver a los Reyes Magos desfilar por las calles no es milenaria ni nació de forma espontánea en todo el país. A finales del siglo XIX, cuando España vivía una época marcada por la austeridad y las dificultades económicas, surgió en Alcoy la idea de recrear de forma pública el pasaje bíblico de la llegada de los Magos de Oriente. La intención era sencilla pero profundamente simbólica: ofrecer a los niños un momento de ilusión y alegría en vísperas del día de Reyes.

La primera referencia documentada de esta celebración en Alcoy se remonta a 1885, aunque existen antecedentes que apuntan a representaciones previas algunos años antes. Desde entonces, la ciudad ha mantenido de forma ininterrumpida una cabalgata que con el paso del tiempo ha adquirido un carácter único y reconocido. No en vano, está considerada la más antigua de España y una de las más veteranas del mundo, un reconocimiento que la ha llevado a ser declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional y a convertirse en uno de los grandes símbolos culturales de la localidad.

Melchor, Gaspar y Baltasar, dirigiéndose a la Adoración al Niño Jesús durante la Cabalgata de Alcoy, en Alicante.

Melchor, Gaspar y Baltasar, dirigiéndose a la Adoración al Niño Jesús durante la Cabalgata de Alcoy, en Alicante.AYTO. ALCOY

A diferencia de otros desfiles que con los años han apostado por grandes carrozas y una estética más cercana a los espectáculos modernos, la cabalgata alcoyana ha conservado una puesta en escena fiel a sus orígenes. La llegada de los Reyes se produce de una forma solemne, a lomos de camellos, acompañados por antorchas, música y una cuidada ambientación que evoca tiempos antiguos. El desfile avanza con calma, cargado de simbolismo, reforzando el carácter casi ceremonial de la celebración.

Uno de los elementos que ha hecho célebre a esta cabalgata es la figura de los pajes reales. Ataviados con trajes tradicionales, suben por las fachadas de las casas mediante largas escaleras para entregar los regalos a los niños, una imagen que se ha convertido en seña de identidad de Alcoy y que no se repite en ningún otro lugar. Este gesto, cargado de emoción, transforma las calles en un escenario vivo en el que la frontera entre realidad y fantasía parece desaparecer.

Un paje, subido a una escalera para darle un regalo a un niño en su casa.

Un paje, subido a una escalera para darle un regalo a un niño en su casa.AYTO. ALCOY

La implicación de la ciudad es otro de los pilares que explican la pervivencia de la tradición. Más de un millar de vecinos participan cada año en la organización y el desarrollo del desfile, desde pajes y antorcheros hasta músicos, danzantes y escoltas. Asociaciones culturales, bandas locales y entidades festivas trabajan durante meses para dar forma a un acontecimiento que va mucho más allá de un simple desfile y que forma parte de la identidad colectiva de Alcoy.

La cabalgata no es un acto aislado, sino el punto culminante de varios días de celebraciones que preparan a la ciudad para la llegada de los Reyes. Representaciones tradicionales, actos simbólicos y recreaciones históricas envuelven el evento en un contexto que refuerza su carácter cultural y religioso. Todo culmina la tarde del 5 de enero, cuando la comitiva real recorre las principales calles del centro, se detiene para la adoración y pone el broche final con fuegos artificiales antes de despedirse hasta el año siguiente.

Con el paso del tiempo, el modelo alcoyano ha servido de inspiración para muchas otras localidades, que fueron incorporando la cabalgata a sus celebraciones de Reyes hasta convertirla en una tradición extendida por todo el país. Cada ciudad la ha adaptado a su estilo, sumando carrozas, personajes y efectos visuales, pero todas comparten el mismo objetivo de mantener viva la ilusión infantil y el espíritu de generosidad asociado a esta noche mágica.

Más de un siglo después de aquella primera iniciativa vecinal, Alcoy sigue siendo el punto de partida de una de las tradiciones más queridas de la Navidad española. Su cabalgata demuestra cómo una celebración nacida de la sencillez y el compromiso colectivo puede perdurar en el tiempo, transmitiendo de generación en generación valores como la ilusión, la comunidad y la esperanza, y recordando cada año que la magia, a veces, comienza en los lugares más pequeños.

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