Imagen tomada este lunes de Miguel, el único acusado por el asesinato del canónigo de la Catedral de Valencia
Juicio por el asesinato del canónigo de la Catedral de Valencia: el fiscal mantiene la petición del 28 años de cárcel para el único acusado
El Ministerio Público sostiene que el procesado «tuvo una participación directa, eficaz y decisiva en los hechos», mientras que la defensa esgrime que ni siquiera subió esa noche a la vivienda de la víctima
El juicio por el crimen del canónigo de la Catedral de Valencia ha comenzado este lunes en la Audiencia provincial. Tras las sesiones, el tribunal del jurado tendrá que valorar y justificar si Miguel, el único acusado por la muerte por asfixia de Alfonso López Benito es culpable o no culpable de los hechos acaecidos en la noche del 21 de enero de 2024 en la céntrica calle Avellanas de la capital autonómica.
En esta primera jornada, el fiscal ha solicitado para el procesado, que está en prisión provisional y que conocía a la víctima porque tenían una relación de amistad desde hacía meses, un total de 28 años de cárcel por asesinato, robo con violencia de sus tarjetas y por estafa continuada.
«No sostengo que él le apretara el cuello, que es como lo mataron, pero sí que estuvo allí, tuvo una participación directa, eficaz y decisiva en los hechos», ha mantenido el Ministerio Público, quien, por tanto, considera al acusado autor, coautor o partícipe necesario en el crimen, ha señalado al jurado. Por contra, la defensa niega el delito de asesinato y asegura que Miguel ni siquiera subió esa noche a la vivienda y, de hecho, no se encontró ninguna huella suyo ni rastro alguno de su ADN, aunque sí el de un varón desconocido y siete huellas dactilares de una persona que tampoco ha sido identificada.
Solo reconoce el delito de estafa por el uso de las tarjeras, por el que pide un año de cárcel, y por el que reclama indemnizar a la familia de la víctima en la cantidad de 1.452,16 euros (2.327,16 euros defraudados menos 875 euros ya recuperados). El abogado ha cuestionado la investigación policial: «Empezó de atrás a adelante; en menos de 24 horas dijeron que ya tenían el culpable, y trataron de cuadrar las piezas, pero empezaron a hacer aguas, no encontraron nada en cuatro registros» y la «cerraron en falso», ha expuesto. Además, ha señalado que lo que «más duele es que el verdadero responsable está en la calle y no se ha hecho esfuerzo en encontrarlo».
El cadáver lo descubrió el portero, que reside en el edificio y que ha declarado en esta jornada. Según su versión, el día de los hechos abrió la portería a las 9:00 horas como de costumbre, y a los pocos minutos le llegó un mensaje del canónigo diciéndole que se iba a ausentar hasta el fin de semana. Le generó «duda» la forma en la que estaba escrito, pero no lo vio con «normalidad» porque tenía un apartamento en la playa de El Perelló.
Pero sobre las 11:15 se personó un amigo de Alfonso, del que decía que eran «como hermanos», preocupado porque habían quedado para «una cosa importante» y no le cogía el móvil. Subieron y, tras llamar dos veces y no recibir respuesta, el portero abrió con la copia de las llaves que tenía. Eran las únicas porque la víctima «tenía mucha discreción por el hecho de que le pudiera robar» y era «muy precavido a la hora de abrir la puerta».
Al girar la llave la puerta no estaba cerrada. Entró y, al asomarse al dormitorio, vio al canónigo tumbado boca arriba y la cama «revuelta, usada». «Claramente vi que estaba muerto, lo vi como una especie de momia con la boca abierta, salí chillando en un estado de nervios muy grande», ha recordado. En ese momento le entró un segundo mensaje desde el móvil de Alfonso preguntándole si estaba todo bien. Los dos comenzaron a gritar y avisaron no recuerda si al 112 o a la Policía.
Relato de los hechos
Según el relato de la Fiscalía, el acusado, en unión de otra persona no identificada y con quien actuaba de acuerdo, logró que el canónigo les franqueara la entrada, ya que confiaba en él. La persona que acompañaba al acusado, aprovechando el hecho de hallarse sola la víctima y que conocía donde guardaba su dinero y sus tarjetas, lo tiró en la cama, le tapó la boca hasta que, a la vez que le ahogaba con la otra mano apretándole el cuello, logró acabar con su vida sin que el anciano tuviera oportunidad alguna de defenderse.
Se apoderó de su móvil, de dos tarjetas y se las dio al acusado, que las utilizó para disponer de efectivo de varios cajeros automáticos usando la clave de su víctima, que conocía o averiguó esa noche. Parte del dinero en efectivo le fue entregado por el acusado a la persona que entró en el piso del canónigo y que acabó con su vida.
Por contra, la defensa mantiene que el acusado ni siquiera accedió esa noche a la vivienda. Fue la otra persona, del que desconoce su dirección, quien le hizo entrega de las tarjetas y un móvil, proponiéndole repartirse el dinero. En ese momento no sabía que el canónigo estaba muerto. El letrado señala que no hay imágenes de su defendido en las cámaras de seguridad, que ningún testigo le vio entrar o salir esa noche y que la Policía no hizo ninguna averiguación útil tendente a localizar a la otra persona.