Ayuntamiento de Alfaz del Pi (Alicante)
Una concejal de Vox renuncia a su acta en Alfaz del Pi por «hostilidad interna insostenible»
La edil denuncia descalificaciones personales, ausencia de amparo del partido y un clima que ha derivado en baja médica por ansiedad
La concejal de Vox en el Ayuntamiento de Alfaz del Pi (Alicante), María José Fuster, ha anunciado su «renuncia irrevocable» al acta tras denunciar una situación de «bloqueo institucional y hostilidad interna insostenible» dentro del grupo municipal. La edil sostiene que el origen del conflicto está en la relación con el portavoz, Manuel Saz, y asegura que el clima vivido ha afectado a su salud hasta el punto de requerir baja médica por prescripción facultativa.
En un comunicado difundido este miércoles, Fuster define su decisión como «difícil, pero necesaria» y recalca que no responde a motivos personales ordinarios, sino a una dinámica que, afirma, ha puesto en riesgo su dignidad y bienestar emocional. La concejal señala que el grupo municipal ha atravesado «meses complicados» marcados por las ausencias del portavoz y que, lejos de resolverse, la situación se habría agravado.
Según su versión, en ese contexto se produjeron descalificaciones personales y una ruptura de la colegialidad. Fuster asegura que su trabajo fue desacreditado públicamente, aludiendo a que se calificaron sus aportaciones como producto de una «Inteligencia Artificial» y que se tildó de «paripé» la labor desarrollada en las comisiones informativas.
Cinco motivos para dejar el cargo
La edil desgrana en su comunicado cinco razones que, a su juicio, hacen inviable su continuidad. La primera apela a la «dignidad y el respeto profesional». Sostiene que no puede compartir proyecto político con quien, dice, desprecia de forma sistemática su criterio y su persona. «La política debe ser un servicio honorable, no un espacio para la burla», argumenta.
El segundo motivo es su «salud y bienestar emocional». Fuster afirma que el clima de «agresividad verbal y tensión constante» ha derivado en un cuadro de ansiedad. En su escrito subraya que ningún cargo público justifica «perder la paz mental» ante lo que califica de acoso laboral y moral sostenido en el tiempo.
También invoca el respeto a la institución. Asegura que no quiere ser «cómplice» de una gestión que, según denuncia, normaliza ausencias injustificadas a debates relevantes como los presupuestos municipales y evita rendir cuentas a los votantes. A su juicio, el municipio merece representantes presentes y comprometidos con los órganos de gobierno.
Otro de los puntos que destaca es la «falta de amparo interno». Relata que desde diciembre alertó a la dirección del partido sobre la situación y solicitó mediación, pero que solo obtuvo «silencio» y la apertura de un expediente en la comisión de garantías que, afirma, se ha prolongado sin una resolución concreta. Esa falta de protección, sostiene, la dejó en «absoluta indefensión institucional».
Finalmente, apela a la «coherencia ética». Fuster asegura que entró en política para servir con «valores, verdad y transparencia» y que permanecer en el cargo, aceptando lo que considera conductas inadecuadas, sería traicionar esos principios.
La ya exconcejal se despide con agradecimientos a los vecinos, al personal del Ayuntamiento y a los miembros del resto de la corporación municipal, incluidos sus adversarios políticos. Afirma haber encontrado en ellos respeto y disposición al bien común, algo que, según lamenta, no halló en su propia bancada. «Me voy con la cabeza alta», concluye, convencida de haber cumplido con su deber hasta el último día.