Imágenes de la influencer que documenta su vida en un pueblo rural de Castellón

Imágenes de la influencer que documenta su vida en un pueblo rural de Castellón@andybu_rural

La influencer que dejó Barcelona por un pueblo de 32 habitantes en Castellón: la vida rural que triunfa en Instagram

La joven de 26 anima a mudarse a estos pequeños municipios a través de sus redes sociales

Andrea Burriel cambió hace seis años el ritmo acelerado de Barcelona por el silencio de un pequeño pueblo del interior de Castellón donde apenas viven una treintena de personas. Hoy, con 26 años, comparte su vida entre cabras, gallinas, barro, montañas y vecinos que se conocen por el nombre desde hace décadas.

La influencer rural, que cuenta con más de 48.000 seguidores en Instagram y 23.000 en TikTok, comparte su estilo de vida desde Villores, un municipio de la comarca de Els Ports que figura entre los más pequeños de la Comunidad Valenciana y que apenas supera los 30 habitantes censados. Allí, rodeada de animales y naturaleza, esta joven catalana ha convertido su rutina rural en un fenómeno en redes sociales, donde miles de personas siguen el día a día de una vida completamente opuesta a la que dejó atrás en la ciudad.

Su historia comenzó mucho antes de hacerse viral. Andrea siempre tuvo claro que quería regresar al pueblo de sus abuelos maternos, un lugar al que acudía desde pequeña y donde descubrió una forma de vida que sentía más cercana a lo que buscaba para su futuro, según cuenta en sus redes sociales.

Mientras muchas generaciones anteriores abandonaban los pueblos del interior en busca de oportunidades laborales y estabilidad económica en las grandes ciudades, ella soñaba con hacer el camino inverso. Sus padres aceptaron aquella idea con una condición: terminar los estudios y sacarse el carnet de conducir antes de marcharse definitivamente.

Hace cuatro años dio el paso definitivo y se trasladó a la comarca de Els Ports. Primero vivió en Forcall, donde encontró un piso de alquiler, mientras seguía buscando una vivienda en Villores. Finalmente, hace apenas unos meses logró establecerse en el pueblo de su abuela y rehabilitar una antigua fábrica familiar para convertirla en una pequeña granja.

Desde allí documenta ahora una rutina que mezcla el trabajo digital con las tareas del campo. Madruga para sacar a pastar a sus animales, entre ellos tres cabras, varias gallinas, una yegua, un conejo, un perro y un gato. También gestiona las redes sociales de una empresa de la zona y da clases de teatro extraescolar a niños de distintos municipios de la comarca.

Imagen de la joven influencer rural en Instagram

Imagen de la joven influencer rural en Instagram@andybu_rural

Por las tardes regresa a la granja y continúa grabando vídeos que después comparte en Instagram bajo el perfil @andyybuu_rural, donde ha conseguido reunir a decenas de miles de seguidores en muy poco tiempo.

Hay que quitar el miedo a irse al puebloAndrea BurrielInfluencer rural en Instagram

Buena parte del atractivo de sus vídeos reside precisamente en esa naturalidad y en la reivindicación constante de una vida más tranquila y conectada con el entorno. «Hay que quitar el miedo a irse al pueblo», defiende en varios de sus contenidos, donde insiste en que vivir en el medio rural no significa renunciar a una vida plena o a oportunidades laborales.

Andrea suele hablar también de la relación estrecha que mantiene con los habitantes de Villores, la mayoría personas mayores. Explica que las vecinas se acercan con frecuencia a su granja para darle consejos y que pasar tiempo con ellas se ha convertido en un aprendizaje continuo sobre agricultura, plantas o formas de afrontar la vida. En invierno, reconoce, la experiencia cambia por completo. El frío y la reducción de población obligan a pasar más tiempo sola y a convivir de otra manera con el silencio y el aislamiento. «Te obliga a conocerte más a ti misma», comenta en uno de sus vídeos.

El problema del alquiler en el mundo rural

Aunque sus publicaciones muestran la belleza del paisaje y las ventajas de vivir lejos de la ciudad, Andrea también aprovecha su altavoz en redes sociales para hablar de algunos de los problemas estructurales del interior rural. Uno de los asuntos sobre los que más insiste es la dificultad para acceder a una vivienda. Pese a llevar años instalada en la comarca, tardó mucho tiempo en encontrar una casa en Villores y asegura que muchas viviendas permanecen cerradas porque sus propietarios prefieren no alquilarlas.

Según explica, el problema no es únicamente la falta de oferta, sino la escasa rentabilidad que muchos dueños perciben en los alquileres rurales, que en municipios como Villores rondan entre los 200 y los 300 euros mensuales. A ello se sumaba, en su caso, la dificultad añadida de convivir con animales. «No hay casas para alquilar», lamenta en varios de sus vídeos, donde sostiene que la falta de vivienda es uno de los principales obstáculos para atraer nuevos vecinos al interior.

La joven también denuncia que esta situación afecta incluso a profesionales esenciales como profesores o trabajadores que quieren instalarse temporalmente en la comarca y no encuentran alojamiento. A su juicio, muchos pueblos todavía no son plenamente conscientes de que facilitar la llegada de nuevos habitantes es una cuestión de supervivencia demográfica: «Si la gente no viene a vivir, el pueblo se va a morir».

Con sus vídeos, Andrea Burriel se ha convertido en una de las voces más visibles de una generación que reivindica otra manera de vivir lejos de las grandes ciudades. Sus publicaciones combinan paisajes, animales y escenas cotidianas con reflexiones sobre despoblación, vivienda y futuro rural. Y mientras muestra cómo transcurre una mañana cuidando cabras en un pueblo de apenas 32 habitantes, miles de personas observan desde el otro lado de la pantalla una vida que, para muchos, parecía imposible.

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