La ministra de Ciencia e Innovación, Diana Morant, este jueves en la manifestación por la educación pública en Valencia
Diana Morant, un sueldo de 7.000 euros al mes como ministra y una agenda como candidata
El ejercicio de la política nacional bajo la dirección de Pedro Sánchez ha normalizado figuras institucionales antes excepcionales. La doble condición de Diana Morant, que compagina la cartera de Ciencia, Innovación y Universidades con la secretaría general del PSPV-PSOE, es hoy el vivo reflejo de una asimetría que desborda lo estético: el erario público sufraga una alta remuneración gubernamental para una ministra cuya agenda real y prioridades se ejecutan en clave de campaña autonómica.
El Portal de Transparencia del Gobierno pone cifras exactas al coste de esta bicefalia. Con una retribución anual de 84.650,52 euros, el salario mensual de Morant se sitúa en los 7.054,21 euros brutos. Una asignación justificada legalmente por la dedicación exclusiva a las competencias del Estado en materia científica y universitaria, pero que en la práctica choca con una hoja de servicios ministeriales que esta semana ha rozado el vacío absoluto.
El diseño estratégico de las «ministras candidatas» no es inédito en los planes de Sánchez, aunque sus precedentes invitan a la prudencia en las filas socialistas. Antes del despliegue valenciano de Morant, la maquinaria gubernamental ya se forzó con los desembarcos de Pilar Alegría en Aragón y de María Jesús Montero en Andalucía. En ambos casos, el intento de capitalizar los resortes de la moqueta ministerial para asaltar las urnas autonómicas concluyó en severos reveses electorales.
Pese al historial de estos experimentos, el Ejecutivo insiste en una fórmula que congela la actividad ordinaria de los ministerios en favor de las urgencias orgánicas del partido.
Dos horas de despacho en Madrid
El balance de la agenda oficial de Diana Morant durante los últimos días dibuja una llamativa inactividad ministerial. Tras un lunes 8 de junio completamente desierto, la ministra concentró toda la gestión sectorial de su departamento en apenas dos horas de la tarde del martes 9: una reunión a las 16:00 horas con Julián Garde, presidente de la Conferencia de Rectores y Rectoras de las Universidades Españolas (CRUE), y la posterior presidencia del Consejo de Universidades a las 16:30. Cumplido el expediente, y tras asistir el miércoles a las 09:00 al Pleno del Congreso de los Diputados, los registros ministeriales en Madrid quedaron a cero. El jueves y el viernes pasaron a ser territorio exclusivo de la campaña valenciana.
Mimetismo verde frente al PP
A 360 kilómetros de su ministerio, Morant reapareció el jueves por la mañana en Valencia. Ataviada con una americana verde -un calculado guiño estético para mimetizarse con los docentes que secundaban la última jornada de la huelga educativa indefinida-, la ministra vació sus compromisos oficiales como miembro del Gobierno de España para sumarse a la calle y ejercer la oposición frontal al Ejecutivo autonómico del 'popular' Juanfran Pérez Llorca. Lo que en teoría constituye una anomalía institucional se ejecutó con total naturalidad de partido.
La ministra de Universidades, Diana Morant, tras una reunión con los sindicatos educativos de la Comunidad Valenciana, en la sede del PSPV-PSOE
El vuelco hacia las protestas escolares evidencia, además, un giro de guion demoscópico en el laboratorio del PSPV-PSOE. Tras meses fiando su estrategia de desgaste a la fiscalización de la emergencia de la dana, el estancamiento en los sondeos obligó a los estrategas socialistas a buscar un nuevo catalizador. La riada dejó de ser electoralmente rentable y el partido se ha aferrado a la agitación de la escuela pública, prolongada por las centrales sindicales de izquierda, como el nuevo clavo ardiendo con el que reactivar sus expectativas.
Bajo ese impulso, Morant pilotó el jueves por la tarde la reunión de la Comisión Ejecutiva Nacional (CEN) para exigir unas cuentas alternativas a los presupuestos del Consell de Pérez Llorca y reclamar la apertura del partido para conformar conjuntamente un proyecto alternativo con el que echar a la derecha de las instituciones de la Comunidad Valenciana. El viernes por la mañana, de nuevo con la agenda ministerial del Gobierno vacía, la líder socialista consolidó la jornada reuniéndose en Valencia con los sindicatos educativos.
El precedente de su prioridad confesada
Este vaciado de la actividad ministerial es la lógica consecuencia de una hoja de ruta que la propia Morant dejó firmada semanas atrás. El pasado 19 de mayo, la ministra ya provocó un encendido debate al utilizar el atril oficial de la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros para ofrecer un mitin sin matices.
En aquella comparecencia, marcada por el revés electoral del PSOE en Andalucía y la imputación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero por parte de la Audiencia Nacional por delitos de tráfico de influencias, organización criminal y blanqueo de capitales, Morant reconoció sin ambages ante los medios que su «prioridad política» es convertirse «en la próxima presidenta de la Generalitat Valenciana».
Desde la mesa institucional del Ejecutivo central, Morant defendió su doble condición asegurando que su meta es dotar a su tierra de «un gobierno de dignidad» ante una autonomía con «uno dimitido y otro que no ha sido elegido en las urnas» y cinco gobiernos en tres años de legislatura. «Es una verdad incontestable que el Gobierno de España es un mejor Gobierno para los valencianos y las valencianas que el Consell. Para mí, la acción del Gobierno es mejor que la del presidente de la Generalitat actual», proclamó en el palacio presidencial.
El veredicto de los sondeos
Frente al cuestionamiento de la oposición, la ministra justificó en mayo su pluriempleo alegando que «para mí levantarme hoy en Madrid, en Valencia o en Bruselas no hace que mi prioridad no sea mejorar la vida de los valencianos y las valencianas» y que «tampoco soy la primera que se presenta de un cargo público a otro cargo público», citando ejemplos de Juanma Moreno, Esperanza Aguirre, Carolina Darias, Salvador Illa y Carlos Mazón, bajo la premisa de que «no necesitas estar en el mismo marco institucional para validarte o no para hacer una oposición y ser una alternativa a una determinada administración». Asimismo, Morant respaldó su asalto al asegurar que, según «todas las encuestas», el PP valenciano se sitúa «en uno de sus suelos históricos».
Sin embargo, los datos demoscópicos contradicen con severidad el optimismo de la ministra. Ningún sondeo independiente sitúa al PP en un suelo que exigiría bajar de los 19 escaños obtenidos por Isabel Bonig en 2019; al contrario, la práctica totalidad de los estudios prevé una mayoría absoluta de PP y Vox en mayo de 2027 y advierte de que Morant podría incluso empeorar las 31 actas cosechadas por Ximo Puig en 2023.
Una cobertura retórica que apenas logra camuflar la realidad que revelan las agendas actuales de junio: un sueldo público de primera línea estatal puesto enteramente al servicio de una campaña de partido.