María Jesús Lluch, decana del Col·legi de Logopedes de la Comunitat Valenciana (derecha) y Laura Montalva, vocal (izquierda

María Jesús Lluch, decana del Col·legi de Logopedes de la Comunitat Valenciana (derecha) y Laura Montalva, vocal (izquierdaColegio Oficial de Logopedas de la Comunidad Valenciana

La Comunidad Valenciana afronta cada año miles de casos de ictus y disfagia con solo 49 logopedas en hospitales públicos

La campaña 'La logopedia no es un lujo. Es salud' se ha lanzado para reclamar más presencia de estos profesionales en la sanidad pública valenciana y en el ámbito educativo

Tan solo 49 logopedas en la sanidad pública de la Comunidad Valenciana. Una cifra que desde en el Col·legi Oficial de Logopedes de la Comunitat Valenciana (COLCV) consideran «claramente insuficiente» para atender las necesidades reales de la población valenciana, que ya supera los cinco millones y medio de ciudadanos.

Con el objetivo de visibilizar esta situación, el COLCV lanza la campaña ‘La logopedia no es un lujo. Es salud’, una iniciativa de concienciación social que busca explicar a la ciudadanía qué patologías aborda la logopedia y reclamar a las autoridades competentes un refuerzo estructural de estos profesionales en la red pública sanitaria como educativa.

«Muchas familias descubren la importancia de la logopedia cuando ya tienen el problema encima: tras un ictus, ante un niño que no desarrolla el lenguaje, cuando una persona mayor empieza a atragantarse o cuando un paciente pierde la voz o la capacidad de comunicarse. El problema es que, en la mayoría de los casos, el acceso público llega tarde o no llega», advierte María Jesús Lluch, decana del COLCV.

La dimensión del problema se entiende mejor con los datos. En España, alrededor de 120.000 personas sufren un ictus cada año y unas 25.000 fallecen por esta causa. La tasa de incidencia se sitúa en 187,4 casos por cada 100.000 habitantes mayores de 18 años, según los datos recogidos en la actualización de la Estrategia en Ictus del Sistema Nacional de Salud. Aplicada a la población valenciana, esta tasa apunta a que aproximadamente 12.000 personas sufren ictus anualmente y son susceptibles de necesitar rehabilitación logopédica, especialmente cuando existen secuelas en el habla, el lenguaje, la voz, la comunicación o la deglución[1].

Uno de los problemas menos conocidos, pero más graves, es la disfagia, la dificultad para tragar de forma segura. En España se estima que 2,5 millones de personas sufren disfagia y que el 90% no está diagnosticado, lo que implica riesgo de desnutrición, deshidratación, atragantamientos y neumonías por aspiración. Las cifras se disparan en el ámbito hospitalario: hasta un 40% de las personas ingresadas presentan algún grado de disfagia, y esta afecta a entre el 22% y el 65% de los pacientes que han sufrido un accidente cerebrovascular. En el caso de la Comunitat Valenciana, se estima que cerca de 250.000 personas sufren algún problema para deglutir de forma segura[2]. Los logopedas tienen un papel importante en la rehabilitación de estos pacientes.

El COLCV recuerda que la ratio actual en la sanidad pública valenciana es de aproximadamente un logopeda por cada 113.000 habitantes, y reclama avanzar hacia una ratio mínima de un logopeda por cada 60.000 habitantes, lo que implicaría triplicar las plazas actuales. Además, pide que el logopeda se incorpore como figura estructural en atención primaria, atención especializada, hospitales, hospitales de corta y larga estancia y atención temprana.

Inclusión de logopedas

El COLCV también quiere romper el estereotipo de que la logopedia se limita a la infancia o a la mala pronunciación de la erre. En el ámbito educativo, los datos estatales muestran que en el curso 2024-2025 hubo 1.255.443 alumnos con necesidad específica de apoyo educativo, el 15,6% del alumnado. Dentro del alumnado con necesidades educativas especiales, los trastornos graves de la comunicación y el lenguaje representan el 14,5%, y entre el alumnado con otras necesidades específicas destacan los trastornos de aprendizaje, con el 26,8%, y los trastornos leves y moderados del desarrollo del lenguaje y la comunicación, con el 8,3%[3].

Para el COLCV, estos datos evidencian que la logopedia es una prestación esencial de salud, inclusión y autonomía personal. «Una persona que no puede tragar con seguridad, comunicarse después de un daño cerebral, desarrollar el lenguaje en la infancia o recuperar la voz para trabajar no tiene un problema menor. Tiene una necesidad sanitaria y social que debe ser atendida desde lo público», subraya María Jesús Lluch.

En el ámbito educativo, la entidad propone la inclusión de la figura del logopeda en las unidades de orientación educativa (UEO), mediante la creación de plazas específicas en plantilla y su presencia estable en las etapas de Educación Infantil, Educación Primaria, Educación Secundaria y en los Centros de Educación Especial.

Asimismo, reclama reforzar las medidas de prevención y detección precoz de las dificultades del lenguaje, a través de programas de cribado en edades tempranas y de formación específica al profesorado para identificar señales de alerta de manera temprana.

Medidas transversales

La campaña ‘La logopedia no es un lujo. Es salud’ nace, por tanto, con un doble objetivo: informar a la ciudadanía y trasladar a las administraciones que la falta de logopedas en la red pública tiene consecuencias directas en la salud, el desarrollo, la inclusión y la calidad de vida de miles de personas.

En definitiva, invertir en logopedia es invertir en desarrollo, inclusión y calidad de vida. Una atención logopédica adecuada no solo mejora la salud y el bienestar de las personas, sino que reduce costes a medio y largo plazo en los sistemas sanitario, educativo y social.

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