Imagen de archivo de la balsa de San Diego (Villena)
Los embalses valencianos pierden cada semana el agua equivalente a 9.200 piscinas olímpicas
La caída de las reservas se ceba con la provincia de Alicante en vísperas del recorte al trasvase Tajo-Segura
La Comunidad Valenciana inicia el verano de 2026 con un balance hídrico alarmante. En un mapa nacional marcado por la excepcional holgura de las cuencas del norte y centro peninsular, el sureste español sufre una constante hemorragia en sus reservas.
Este goteo incesante castiga con especial dureza a la provincia de Alicante, que ya ha perforado a la baja la barrera psicológica de la mitad de su capacidad. Se dibuja así un escenario de extrema vulnerabilidad justo cuando el Gobierno central ultima la modificación de las reglas de explotación del trasvase Tajo-Segura, una reforma que amenaza con dar un drástico tijeretazo a los caudales externos de los que depende vitalmente el sureste.
Los últimos datos publicados por el Ministerio para la Transición Ecológica, actualizados este lunes, certifican la cruda asimetría hidrológica del país. Mientras la mayor parte de España respira aliviada con cuencas como el Duero (83,01 %), el Guadalquivir (82,62 %) o el Ebro (80,91 %) en niveles boyantes, la Comunidad Valenciana languidece al 54,45 %. Sus pantanos retienen en la actualidad 1.065 hectómetros cúbicos (hm³), tras registrar una fuga de 23 hm³ en apenas siete días. Para dimensionar la magnitud de esta sangría, esos 23 hm³ evaporados o consumidos en una semana equivalen exactamente a 9.200 piscinas olímpicas, tomando como referencia el estándar oficial de 2.500 metros cúbicos.
El foco de máxima tensión se sitúa, sin lugar a dudas, en la provincia de Alicante. Los embalses alicantinos apenas almacenan 148 hm³, lo que hunde sus reservas hasta un raquítico 46,98 % tras perder un 1,59 % de su volumen en la última semana. El contraste es palpable incluso al mirar hacia el norte de la propia autonomía: Valencia resiste al 56,27 % (799 hm³) y Castellón se mantiene en el 53,39 % (118 hm³). En paralelo, la demarcación del Segura se confirma como la gran excepción del mapa hídrico nacional: con 667 hm³, está al 58,51 % de su volumen total, siendo la única cuenca de toda España que no alcanza siquiera la frontera del sesenta por ciento.
El pulso por el Tajo y reforma normativa
Esta severa estrechez hídrica choca de frente con la situación del Tajo, cuenca de la que se nutre el acueducto hacia el sureste y que hoy exhibe un saludable 72,43 % de capacidad con más de 8.000 hm³ almacenados. De hecho, la Comisión de Explotación del Acueducto Tajo-Segura acaba de aprobar un trasvase de 120 hm³ para el bimestre de junio y julio.
Estado de los embalses por cuencas
Sin embargo, este envío actúa como un mero parche temporal que no disipa los temores del sector primario: la inminente revisión de las normas de explotación consolidará un recorte estructural de unos 90 hm³ anuales bajo el pretexto de garantizar el caudal ecológico en el Alto Tajo.
Ante este panorama, la Generalitat Valenciana y la Región de Murcia han decidido cerrar filas. En un frente común fraguado en Madrid, los responsables autonómicos han lanzado una advertencia tajante: no tolerarán negociaciones bilaterales que excluyan a los territorios receptores. Frente a las imposiciones del Ministerio, el sureste esgrime sus «deberes hechos» en materia de eficiencia -con tasas de reutilización de agua urbana que rozan el 98 % en la región murciana- y exige que el Estado cumpla con las prometidas inversiones de depuración y modernización en la cuenca cedente antes de ejecutar recortes por decreto.
Amenaza para el ecosistema del Segura
A esta batalla política y agrícola -que también se traslada a Bruselas para exigir reciprocidad normativa frente a terceros países- se suma una inquietante ceguera medioambiental. Desde su apertura en 1979, el flujo continuo de agua desde el centro peninsular ha moldeado los ecosistemas ribereños a lo largo de casi 100 kilómetros a cielo abierto en el cauce del Segura.
Restar ahora un volumen tan sustancial de agua supondrá un impacto morfológico directo para la flora y la fauna que han adaptado su biología a este caudal. Una amputación que el Gobierno de Pedro Sánchez pretende llevar a cabo sin contar con estudios técnicos rigurosos que evalúen el daño real sobre la biodiversidad del río, reavivando el recuerdo del fallido proyecto de entubamiento de 2010 que levantó a la sociedad del sureste en defensa de su ecosistema fluvial.