TRIBUNA ABIERTAAurora Rodil Martínez

Las joyas del socialismo

El joyero Zapatero y Pedro Sánchez son la misma cosa «política»; el tiempo y Justicia se encargarán de decir si también son la misma joya.

Nos hemos acostumbrado a que la corrupción de los políticos sea el tema que más aparece en la prensa. Por medio de las noticias vamos conociendo los avances de la investigación de la UCO y los pasos de la Justicia; los hechos han ido mostrándonos al público la verdadera cara de los que, no hace tanto tiempo, eran los referentes morales del partido socialista. Y si bien es verdad que de librarse de la corrupción ningún partido puede estar seguro, nunca en la historia de la democracia la corrupción había afectado a los adláteres más cercano —íntimos incluso— de un presidente del Gobierno de España. Hoy podemos decir, si presunto por delante, que el Partido Socialista Obrero Español está sumido en la corrupción.

Nadie puede negar que es un punto y aparte, en este asunto, la imputación por presunta corrupción del mismísimo expresidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero. Nunca, en la historia de España, un expresidente del Gobierno había sido imputado por la Justicia.

Es importante reflexionar sobre esta cuestión, porque no hay que hacer un examen muy exhaustivo para establecer la esencial conexión política entre Zapatero y Pedro Sánchez. En efecto, el sanchismo es la continuación del zapaterismo. Se trata de una continuidad ideológica y política. Lógicamente, cuando hablamos de «zapaterismo» o «sanchismo», no sólo nos referimos a Zapatero o a Pedro Sánchez, sino a un modo concreto de pensar y de hacer la acción política, que —a nadie se le escapa— ha fagocitado al PSOE.

Son sanchistas —o lo eran— José Luis Ábalos, Koldo García, y Santos Cerdán. Es sanchista —así lo ha mostrado en todo momento— Zapatero. Hoy es evidente la concatenación de la presunta corrupción de Zapatero y la del sanchismo (ya no presunta), como los eslabones de un collar de joyas.

En lo que a la herencia política del zapaterismo se refiere, tenemos que recordar que, José Luis Rodríguez Zapatero llegó al Gobierno de España después de un atentado que alteró el resultado previsible de las elecciones de 2004. En la jornada de reflexión, después del atentado, concentraciones de personas de izquierda cercaron las sedes del Partido Popular al grito de España no se merece un gobierno que mienta.

Aquellas elecciones que se celebraron en un clima de gran tensión y crispación, con la opinión pública en shock, llevaron a Zapatero a la Moncloa. Cada uno que saque sus propias conclusiones.

«A España no la va a conocer ni la madre que la parió». Esta refinada expresión de Alfonso Guerra, se convertiría en cumplida profecía —de modo más radical que en 1982—, con la vuelta del socialismo al Gobierno de España. A pesar de su demostrada estulticia política, Zapatero no perdió el tiempo, pue aplicó un plan de transmutación de la sociedad española basado en el odio y la división entre los españoles, cuya máxima expresión es su Ley de Memoria Histórica; la resurrección del guerracivilismo de las dos Españas: los buenos que perdieron y los malos que ganaron —hay que vengarse—.

Otra arma eficacísima para dividir a los españoles fue la criminalización de los hombres con la Ley contra Violencia de Género. El hombre ha creado una sociedad injusta, patriarcal. Ahora es el momento de la mujer —hay que vengarse—.

Los mejores aliados en esta venganza son los «artistas», que desde el principio apoyaron a Zapatero con la vergonzosa campaña de la ceja circunfleja. Una pléyade de apesebrados está dispuesta a luchar por la causa para mantenerse de las subvenciones que reciben por películas que casi no hacen taquilla. Sí, el mundo de la cultura y de la educación han sido herramientas ansiadas por el poder, para lanzar su propaganda y para adoctrinar a la sociedad. Por supuesto, que la educación no se libró de Zapatero —la educación en España es socialista—, que introdujo su adoctrinamiento en los colegios con la asignatura de Educación para la Ciudadanía.

Verticalmente Zapatero utilizó toda la fuerza del aparato del Estado para cambiar el modo de pensar y de vivir de los españoles —algo que logró bastante bien—; horizontalmente llevó adelante políticas de polarización para debilitar a la sociedad —también lo hizo bien—.

Podría seguir con una lista más larga de logros zapateriles, pero por piedad para con el lector no lo haré. Simplemente diré, para terminar esta parte, que Zapatero tuvo que convocar elecciones generales anticipadas, después de arruinar a España con una gravísima crisis social y económica, con Alfredo Pérez Rubalcaba como candidato, perdiendo los socialistas el Gobierno.

Llegó entonces un Gobierno del Partido Popular que, con políticas de gran austeridad, recondujo la situación económica, pero renunciando a la reconquista cultural y social, de una España que ya ponía en duda los fundamentos en los que siempre había encontrado su razón de ser: la familia y la unidad nacional.

El pensamiento clásico —Sócrates, Platón, Aristóteles, Cicerón, San Agustín, Santo Tomás, etc.— siempre había encontrado la razón de ser del gobierno de una sociedad, en la moral, en el bien o el bien común, en la virtud, en la amistad; ahora la sociedad española había perdido sus referentes. Sí, en efecto, a España ya no la conocía ni la madre que la parió.

España ya estaba preparada que alguien sin escrúpulos la gobernara con una tiranía relativista, donde el derecho fuera relativo sin atender a lo absoluto (prima la libertad de la mujer sobre la vida del nasciturus, por ejemplo).

¿Qué va a hacer el PP si llega a gobernar? ¿Está dispuesto a revertir la situación? Cuando gobernó Mariano Rajoy con mayoría absoluta sólo se dedicó a gestionar. No se cambiaron leyes de fondo.

«A río revuelto ganancia de pescadores». Mientras los ciudadanos de a pie nos enfrentamos en dialécticas sobre quién si gobierna mejor la derecha o izquierda, o el centro, o quién roba más que el otro, o si son todos iguales, y mil zarandajas más, estos tipos han hecho su agosto. Zapatero no perdió el tiempo, tejió una red de contactos e influencias que le han beneficiado económicamente hasta ahora, presuntamente de modo ilegal.

Zapatero se ha presentado estos años como un referente moral socialista, y Sánchez es el legítimo continuador de su legado. ¿Este legado iba también en el maletero del Peugeot? En ese vehículo viajaban Pedro Sánchez, Santos Cerdán, José Luis Ábalos y Koldo García. Normalmente en un viaje, por lo menos uno de los viajeros debe saber el camino y el resto de acompañantes debe estar de acuerdo sobre el destino. Pedro Sánchez dice desconocer lo que hacían sus compañeros de viaje. Démosle un voto de confianza —en abstracto—, si esto fuera así, si fuera verdad que no sabía quiénes eran sus compañeros en la dirección de España, sólo por eso debería dimitir. Ahora bien, ya nadie le cree ni una palabra, porque cuando calla conspira, y cuando habla miente.

Pedro Sánchez tumbó un gobierno del Partido Popular con un discurso contra la corrupción, en el que jugó un papel importante Ábalos —qué paradoja—, hoy condenado por la Justicia, junto a su asesor Koldo García.

Pedro Sánchez llegó a ser presidente del Gobierno, después de haber llegado a liderar su propio partido socialista por unas elección primarias, sobre las que hoy planea la sombra de la duda, por la supuesta manipulación de urnas y papeletas; después de todo lo que estamos viendo, no nos sorprendería algo así.

Pedro Sánchez está en el poder después de haber perdido las elecciones generales. Y no ha sido investido presidente precisamente por una mayoría de izquierdas cohesionada —algo dentro las normas del juego democrático—, sino por un conglomerado de blanqueadores de ETA, nacionalistas apoyados desde Waterloo, por un prófugo de la justicia, que se ríe de todos los españoles desde su retiro dorado; el gobierno de Sánchez se soporta apoyado por todos los que odian a España.

¿Todo vale? No es acaso la Ley de Nietos una es estrategia puede alterar los resultados de unas elecciones generales. Parece que todo es válido para que no llegue la derecha.

En efecto, el joyero Zapatero y Pedro Sánchez son la misma cosa «política»; el tiempo y Justicia se encargarán de decir si también son la misma joya. Parece que entre los socialistas rija la omertá, ese código de honor de las organizaciones mafiosas, que impone una ley del silencio sobre las actividades delictivas de unos y otros. Toda organización bajo el control de la mafia tiene como ley este código: si tú hablas, también hablaré yo; y si guardas silencio, todos podremos seguir delinquiendo. Nada importan aquí los problemas reales de la gente, lo más importante es que los de la organización nos salvemos, cueste lo que cueste. La cuestión es que la estrategia de Víctor de Aldama parece haber funcionado; tirando de la manta se ha librado de la cárcel; ¿seguirán otros sus pasos?

- Aurora Rodil Martínez es portavoz de VOX en el Ayuntamiento de Elche

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