Sin ruidoJorge Brugos

Pérez Llorca y Sánchez necesitan terapia de grupo

Ojalá descubran pronto que en la ciudadanía estamos cansados de tanto frentismo y tenemos sed de la cooperación y el acuerdo

Pedro Baños suele decir que China lleva años de ventaja sobre Occidente. El motivo: planes a largo plazo frente a un cortoplacismo electoral. Mientras al presidente asiático nadie le va a mover la silla, nuestros dirigentes están más pendientes de que no se les mueva la poltrona que de gobernar. Entre las obras pendientes que se quedan en el tintero del arte de lo posible destacan los pactos de Estado. Se va a convertir su evocación en una costumbre patria, en un eterno brindis al sol con eclipse incluido. Pasa el tiempo, se acercan las posturas para los acuerdos futuribles, pero cuando ya están sentados a hablar llega el momento de levantarse para pegar los carteles electorales.

Da igual que se esté desintegrando el mundo bajo nuestros pies, lo importante es no llevarse bien con el contrario para abrir las divisiones entre unos y otros al mismo tiempo que se dividen las placas tectónicas de los objetivos partidistas. Se está quemando España, tanto que llegará un momento sin césped en el que defender el verdor del que hablaba Chesterton. Quizá cuando ya no haya monte sin quemar, se dejarán de lanzar a la hoguera de las vanidades unos a otros.

Hace unas semanas se habló de un pacto de Estado contra la crisis incendiaria. Ahora ya nadie ha dado su brazo a torcer porque lo tienen ocupado ondeando la bandera de su propio partido. El calor abrasador de las llamas contrasta con el frío helador de los desprecios mutuos quemando sus diferencias a costa de las soluciones que apagarían todo infierno. Una pena. Nos dieron esperanza cuando les veíamos tan formales y de primera comunión en esa comunión mutua. Era todo un farol. O quizá no. Lo que pasa es que cada vez se avistan más cerca las elecciones generales, y en las sedes de los partidos el ambiente está más caldeado que en nuestros montes.

La mayor desgracia de nuestro país no son los incendios, las DANA, los terremotos o las invasiones migratorias, es la falta de sentido de Estado de nuestra clase dirigente.

Tenemos fotos icónicas, como la de Pedro Sánchez con Carlos Mazón tras la tragedia de Valencia; la del presidente del Gobierno con Juanfran Pérez Llorca en el operativo del incendio en la Vall d'Uixó. Sánchez ha posado más en fotos idílicas que tu amigo el que se cree influencer en Instagram. No han servido de nada. Esas escenas se han quemado sirviendo de combustible a las llamas que han pastado en nuestras sierras. Así, esas imágenes instagrameables han sido pasto de la nube y de la lluvia de ceniza. Ojalá descubran pronto que en la ciudadanía estamos cansados de tanto frentismo y tenemos sed de la cooperación y el acuerdo.

Llegará un día en que el caos venza a sus ansias de derribar al contrario. Para entonces, ya no les quedará más tierra por gobernar que un páramo de ceniza y el fuego habrá devorado también su narcisismo.

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