Imagen de Pedro Sánchez tomada durante su fugaz visita a Paiporta en noviembre del año pasado

Imagen de Pedro Sánchez tomada durante su fugaz visita a Paiporta el 3 de noviembre de 2024EP

Dos años desde la fuga de Sánchez de Paiporta: sin pisar la zona cero de la dana y ninguna obra hidráulica para evitar otra catástrofe

El presidente del Gobierno no ha vuelto a poner un pie sobre el terreno de los municipios afectados por las riadas mientras las actuaciones hídricas claves siguen en una maraña burocrática

El 3 de noviembre de 2024 marcó un antes y un después en la ya de por sí maltrecha relación del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con la opinión pública. A partir de ese día, del que este martes se cumplen dos años, pasó a ser conocido por sus detractores como 'el galgo de Paiporta'.

El jefe del Ejecutivo llegó aquel domingo a la localidad valenciana cinco días después de la terrorífica dana del 29 de octubre. Acudió junto a los Reyes don Felipe y doña Letizia y al entonces presidente de la Generalitat, Carlos Mazón. El panorama era desolador, con las calles todavía llenas de fango y de enseres inutilizables y coches apilados como consecuencia de la furia del agua. A ello se le unió la ira y la indignación de los vecinos, que reprochaban la gestión institucional de la tragedia.

Ante la explosión de ira, la tensión fue en aumento y un palo alcanzó al jefe del Ejecutivo, dándole en la espalda. Pese a que los monarcas y el mandatario autonómico continuaron con el itinerario planificado, el equipo de seguridad de Sánchez decidió que la presencia del presidente en Paiporta tenía que concluir en ese mismo instante, por lo que le evacuaron y se marchó de vuelta al Palacio de La Moncloa. Desde allí se dirigió a los españoles para 'tranquilizarles': «Yo estoy bien», dijo cuando en la provincia de Valencia había 233 víctimas mortales.

La indignación de los vecinos con Pedro Sánchez en Paiporta provocó la huida de la zona del presidente del Gobierno

Imagen de archivo de Pedro Sánchez en Paiporta el 3 de noviembre de 2024Europa Press

La de Paiporta fue su primera y última vez en una calle del casi centenar de municipios afectados por las inundaciones. Las contadas ocasiones en las que ha vuelto a Valencia lo ha hecho de manera encapsulada, con reuniones cerradas en la sede de la Delegación del Gobierno en la Comunidad Valenciana o una visita a una empresa dañada cuyo responsable fue cuidadosamente escogido por La Moncloa. De reunirse con vecinos, nada. Una actitud que contrasta con la empatía que en todo momento han mostrado Felipe VI, doña Letizia, la Princesa Leonor y la Infanta Sofía, con más de diez desplazamientos a la zona en todo este tiempo.

Si la dejadez de Sánchez con los damnificados es sideral, su ejecutoria a la hora de poner en marcha obras hidráulicas que puedan mitigar el impacto mortal de futuros temporales similares no deja de ser menos sangrante. Lo realizado hasta el momento se reducen a actuaciones de emergencia para reparar y reconstruir puentes, carreteras y demás infraestructuras.

Sin embargo, los trabajos estratégicos en lugares como el barranco del Poyo, que fue el epicentro del desastre, La Saleta o el río Magro siguen esperando en los cajones de los diferentes ministerios implicados mientras el tiempo pasa y cada vez que llegan advertencias meteorológicas, tal como sucedió días atrás con la dana Adam u otros temporales similares, el pánico y el miedo de los vecinos se retoma y vuelven a recordar lo vivido y padecido el 29 de octubre de 2024.

La importancia de acometer de manera urgente estas obras es incuestionable. No obstante, la grasa administrativa que Sánchez y los suyos se niegan constantemente a reducir o aligerar hace que determinadas actuaciones no vayan a ver la luz hasta bien entrada la década de 2030, como si las lluvias pudiesen aplazarse sine die o hasta que se las infraestructuras sean una realidad.

Por tanto, la huida de Sánchez de Paiporta no es sino la imagen de su gestión tras las riadas. Acción de Gobierno es el lema que sobre ello utiliza el Ejecutivo, pero la realidad es que se fue con las calles llenas de barro y no ha vuelto a poner un pie sobre el terreno. Pero tampoco lo ha hecho en el BOE para impulsar obras hidráulicas. Cero visitas y cero obras.

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