Imagen del futuro portaaviones nuclear francés, difundida por Naval GroupNaval Group

Armada  Nuevos portaaviones de gran capacidad: España, Francia y Turquía anuncian planes para aumentar su poder naval

España, Francia y Turquía —tres países integrados en la OTAN— estudian proyectos estratégicos para dotarse de nuevos portaaviones en las próximas décadas, en un contexto de rearme generalizado. El complejo y tenso panorama geoestratégico ha llevado a replantearse el refuerzo de las capacidades navales, el aumento del gasto en defensa y la necesidad de garantizar la proyección de fuerza y la seguridad marítima. Aunque con enfoques y calendarios distintos, los tres países apuestan por plataformas capaces de operar aeronaves de última generación y adaptarse a los escenarios operativos actuales.

Turquía: un portaaviones de 300 metros para ganar autonomía estratégica

Turquía ha dado un paso significativo en sus ambiciones navales al anunciar que su primer portaaviones, actualmente en fase inicial de construcción, tendrá una eslora de 300 metros. El anuncio fue realizado por el presidente Recep Tayyip Erdogan durante un acto celebrado en un astillero de Estambul dedicado a la industria naval del país.

El jefe del Estado turco describió el nuevo buque como el «hermano mayor» del TCG Anadolu, buque gemelo del portaaeronaves español Juan Carlos I. Un buque que cuenta con una eslora de 228 metros. Aunque la eslora no define por sí sola el tamaño real de un buque de guerra —medido con mayor precisión por su desplazamiento—, sí resulta determinante en el caso de los portaaviones, ya que condiciona el espacio disponible en la cubierta de vuelo, el número de aeronaves embarcadas y los sistemas de lanzamiento y recuperación.

TCG Anadolu (L-400), el gemelo del L-61 Juan Carlos I de la Armada trucaArmada Turquía

Cuando Ankara comenzó a revelar detalles del proyecto a finales de 2024, el futuro portaaviones, conocido provisionalmente como clase MUGEM, estaba concebido con un desplazamiento aproximado de 60.000 toneladas y una eslora de 285 metros. El diseño inicial contemplaba la operación de hasta 50 aeronaves, con unas 20 estacionadas de forma permanente en cubierta, y una dotación cercana a los 800 efectivos.

Con el aumento de la eslora hasta los 300 metros, el buque se aproxima en dimensiones a los grandes portaaviones estadounidenses, aunque aún lejos de los más grandes del mundo. Como referencia, el USS Gerald R. Ford alcanza los 337,5 metros de eslora y desplaza en torno a 100.000 toneladas a plena carga, cifras similares a las de la clase Nimitz. El nuevo portaaviones turco superará claramente en longitud a los británicos de la clase Queen Elizabeth y al veterano Charles de Gaulle francés.

Uno de los cambios más relevantes del proyecto afecta al sistema de lanzamiento de aeronaves. Frente a la idea inicial de una rampa tipo «ski-jump», Turquía prevé ahora integrar un sistema de catapultas de desarrollo nacional, lo que ampliaría el abanico de aviones embarcables. No obstante, la presencia de cazas F-35B sigue siendo improbable tras la exclusión de Turquía del programa estadounidense en 2019.

Durante el mismo acto, Erdogan anunció además la entrada en servicio del TCG Hızırreis, segundo submarino de la clase Reis, y presentó la embarcación de superficie no tripulada ULAQ, subrayando la apuesta de Turquía por la autonomía tecnológica.

Francia: relevo del Charles de Gaulle con un portaaviones nuclear

Francia también ha confirmado oficialmente su apuesta por un nuevo portaaviones nuclear, destinado a sustituir al Charles de Gaulle, en servicio desde 2001. El presidente Emmanuel Macron anunció que la nueva plataforma deberá entrar en servicio en 2038, coincidiendo con el final de la vida operativa del actual buque insignia de la Marina francesa.

El anuncio se realizó durante una visita a militares franceses desplegados en los Emiratos Árabes Unidos, donde Macron definió el futuro portaaviones como «la ilustración de la potencia de nuestra nación» y un símbolo de la capacidad industrial y tecnológica francesa al servicio de la libertad de navegación.

El portaaviones francés Charles de Gaulle, en navegaciónArmada Española

La decisión, que se venía estudiando desde al menos 2023, se enmarca en la Ley de Programación Militar francesa y en el aumento sostenido de la inversión en defensa, pese a las dificultades presupuestarias y al elevado déficit público. Se calcula que el proyecto tendrá un impacto directo en la economía, con la participación de unos 800 proveedores, el 80 % de ellos pequeñas y medianas empresas.

Aunque no se han detallado todas las características técnicas, el nuevo portaaviones francés deberá mantener la capacidad de proyección aérea que hoy ofrece el Charles de Gaulle, un buque de 261 metros de eslora y más de 42.500 toneladas de desplazamiento, equipado con sistemas avanzados de combate y defensa.

España: estudio de viabilidad para un portaaviones convencional

En el caso español, la Armada ha encargado a Navantia un estudio de viabilidad para incorporar un portaaviones convencional a su flota. El nuevo buque se sumaría al actual portaaeronaves y buque de asalto anfibio L-61 Juan Carlos I y a un segundo LHD (landing Helicopter Dock) similar que se encuentra todavía en fase de proyecto.

Según fuentes militares, el futuro portaaviones español estaría inspirado en el diseño del Charles de Gaulle francés, aunque con propulsión convencional en lugar de nuclear. Tal y como está concebido, tendría un desplazamiento aproximado de 40.000 toneladas y capacidad para operar hasta 30 aeronaves de última generación, lo que supondría un salto cualitativo respecto a los actuales AV-8B Harrier embarcados en el Juan Carlos I.

El LHD Juan Carlos I de la Armada españolaArmada Española

La diferencia clave entre ambos buques radicaría en su misión principal. Mientras el Juan Carlos I es un buque anfibio diseñado para operaciones de desembarco, el nuevo portaaviones estaría orientado de forma prioritaria a la proyección del poder aéreo desde el mar. La Armada busca así no cerrar la puerta a futuras adquisiciones de cazas embarcados y adaptarse a los compromisos adquiridos en el marco de la OTAN.

Este planteamiento se integra en el proceso de modernización de la flota y en la visión estratégica recogida en el documento ‘Armada 2050’, que define las capacidades necesarias para el medio y largo plazo. Si el informe de viabilidad resulta favorable, el objetivo sería iniciar la construcción lo antes posible, con la vista puesta en la década de 2030.