El subteniente Arribas pasa a la reserva, pero su nombre —como el de su padre y ahora el de su hijo— ya forma parte de la historia del Ala 31
Ejército del Aire y del Espacio Despedida del Ala 31 al subteniente Arribas Campos: tomó el relevo de su padre y da el testigo a su hijo
El Ala 31 del Ejército del Aire y del Espacio ha despedido esta semana al subteniente José María Arribas Campos, que pasa a la situación de reserva tras casi cuatro décadas de servicio activo. El acto, celebrado en la propia unidad, estuvo marcado por un tono sobrio y contenido, alejado de la solemnidad protocolaria, y reflejó el carácter de una despedida vivida como un reconocimiento colectivo a toda una trayectoria profesional y humana. El Ejército del Aire y del Espacio le ha rendido un merecido homenaje relatando esa trayectoria en su página web.
José María Arribas Campos ingresó en el Ejército del Aire el 15 de julio de 1985 como soldado voluntario en el Acuartelamiento San Lamberto, en Zaragoza. Tras jurar bandera, se trasladó a León para realizar el curso de ayudante mecánico de mantenimiento de aviación, una especialidad que marcaría toda su carrera militar. Desde sus primeros destinos quedó vinculado al ámbito del apoyo al vuelo y al trabajo en los hangares, una labor esencial para la operatividad de las unidades aéreas.
Su primer destino operativo fue la entonces Ala 21, en la Base Aérea de Morón, antes de regresar a Zaragoza para incorporarse al Ala 31, unidad en la que desarrollaría la mayor parte de su vida profesional y que acabaría convirtiéndose en su referencia personal y militar. En esta unidad progresó como especialista, posteriormente como suboficial y finalmente como subteniente, acumulando una experiencia técnica y humana reconocida por sus compañeros y mandos.
Misiones y condecoraciones
A lo largo de su carrera, Arribas Campos participó en distintas misiones internacionales en escenarios como la antigua Yugoslavia, Kosovo, Afganistán y Libia, además de múltiples operaciones nacionales. A estas misiones se suman años de servicio continuado, jornadas prolongadas y un trabajo en segundo plano que, aunque menos visible, resulta determinante para la seguridad de las operaciones aéreas. Su trayectoria fue reconocida con diversas condecoraciones, entre ellas la placa, la encomienda y la cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, varias cruces al Mérito Aeronáutico, medallas OTAN, medallas de campaña, la medalla de la Operación Balmis y distintos reconocimientos de carácter extranjero.
No obstante, durante el acto de despedida, el énfasis no se situó únicamente en las condecoraciones o en el currículum profesional, sino en el papel que el subteniente Arribas desempeñó dentro de la unidad como referente para varias generaciones de militares. Compañeros del Ala 31 destacaron su carácter discreto, su capacidad para transmitir conocimientos sin imponer jerarquías y su disponibilidad constante en los momentos más exigentes del servicio.
El homenaje tuvo además un marcado componente simbólico al coincidir con la incorporación a la unidad de su hijo, el sargento Pablo José Arribas, que acaba de integrarse en el Ala 31 como mecánico tras completar su formación con todos los módulos PERAM aprobados, un logro reservado a un número reducido de especialistas. Su presencia en el acto subrayó la idea de continuidad y relevo generacional dentro de la misma unidad, en un proceso que se produjo de forma natural y sin protagonismos.
La historia familiar se remonta aún más atrás. Antes de José María Arribas Campos sirvió en el Ejército del Aire, su padre, el capitán Ignacio Arribas García, especialista en el equipo de estructuras del avión T-10. Formado en distintos cursos, entre ellos el de teniente en Reus, estuvo destinado también en el Ala 31, concretamente en el 311 Escuadrón. Documentos de servicio y fotografías familiares recogen su paso por la unidad y reflejan una vinculación que, con el tiempo, se extendería a su hijo y a su nieto.
De este modo, tres generaciones de la misma familia han prestado servicio en el Ala 31, en épocas distintas y con empleos diferentes, pero unidos por un mismo entorno profesional y por una misma vocación. Tres uniformes, tres trayectorias y un mismo destino que refuerza el carácter de continuidad histórica de la unidad.
Casado y padre de tres hijos, el subteniente José María Arribas Campos inicia ahora una nueva etapa personal tras su paso a la reserva. Su salida del servicio activo no supone, sin embargo, una desvinculación emocional con la unidad en la que ha desarrollado la mayor parte de su carrera. Tal y como se puso de manifiesto durante el acto, el Ala 31 entiende estas despedidas no como un final, sino como una transición en la que la experiencia acumulada queda integrada en la memoria colectiva de la unidad.