Mohamed VI y su hijo, el Príncipe heredero Hassan Moulay, la primera dama estadounidense Melania Trump, y Donald Trump
Defensa y diplomacia: el triángulo Rabat-Washington-Madrid
Cuando se ejerce, o se renuncia a ejercer, la capacidad de autorizar y condicionar el empleo de Rota y Morón, no se toma una decisión táctica: se envía una señal política. Y en el Mediterráneo occidental, las señales se traducen en oportunidades para unos y costes para otros
Del 14 al 16 de abril, en Washington, se celebró la 14.ª reunión del Comité Consultivo de Defensa Marruecos–EE. UU., en la que participaron, por parte marroquí, el ministro delegado encargado de la Administración de la Defensa Nacional, Abdellatif Loudyi, el Inspector General de las Fuerzas Armadas Reales (FAR), general Mohammed Berrid, y el embajador de Marruecos en Estados Unidos; y, por parte estadounidense, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, y el embajador de Estados Unidos en Rabat. De esa reunión resultó la firma de un acuerdo bilateral en materia de ciberseguridad e industria de armamento por 10 años.
¿Por qué no considerar la hipótesis de que, en esa reunión, pudo haberse abordado la posibilidad de que Marruecos ofreciera un acuerdo para restablecer bases militares americanas en territorio marroquí en el eventual escenario de que quisiera retirar las de Morón y Rota?
Ya en la prensa marroquí, semanas antes de esta reunión, se dio a conocer ese supuesto ofrecimiento. Esta idea apareció tras la decisión de nuestro presidente de no autorizar el uso de las bases de Morón y Rota para apoyo a las operaciones en Irán, a la que se añadió la restricción del espacio aéreo español para aeronaves relacionadas con dichas operaciones. No es la primera vez que Marruecos ofrece su territorio como alternativa, ni sería la primera ocasión en la que Estados Unidos contaría con bases en Marruecos; Kenitra y Benguerir son un precedente.
Este no es el único lazo que une a los dos países defensivamente: desde 2020 está en vigor una hoja de ruta de cooperación en materia de defensa. En ese marco destaca el ejercicio anual, African Lion, el mayor del mando americano para África, AFRICOM, que no se limita a Marruecos: también se desarrolla con actividades en otros países como Ghana, Senegal y Túnez, e integra contingentes de numerosos socios africanos y europeos (por ejemplo, España —que en 2025 participó en la fase de Túnez—, Francia, el Reino Unido, los Países Bajos e Italia). Además, Washington considera a Marruecos un «Major Non-NATO Ally» desde 2004.
Conviene recordar la profundidad histórica de este vínculo: en 1777, el sultán Sidi Muhammad ben Abdallah abrió los puertos marroquíes a los buques bajo bandera estadounidense, en uno de los primeros reconocimientos de la independencia, relación que se consolidó con un Tratado de Paz y Amistad en 1786. Salvando las distancias históricas y temporales, también Washington reconoció pronto la independencia de Marruecos en 1956 tras el fin del Protectorado. Hoy en día, ese capital histórico es un valor que Rabat sabe realzar, coincidiendo con efemérides como el 250 aniversario de la independencia de los EE.UU. y el 70 del fin del Protectorado: ofrece territorio, infraestructura y alineamiento político, y cobra retornos tangibles; armamento, respaldo diplomático a su reivindicación sobre el Sahara y peso internacional.
El puente trasatlántico Rabat-Washington ha reforzado sus pilares y aumentado su capacidad entre las dos orillas —africana y norteamericana— de forma considerable, tanto en cantidad como en calidad, con el apoyo del presidente Trump, quien, al final de su primer mandato, reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara. Ya en este segundo periodo, Trump apoyó la iniciativa marroquí de un proyecto de autonomía para las «Provincias del Sur», facilitando su inclusión en la renovación del mandato de la MINURSO como una alternativa al referéndum de autodeterminación. Además, no hay que olvidar que Marruecos forma parte de la iniciativa norteamericana del «Board of Peace», acogida por el Consejo de Seguridad de la ONU, en el marco del plan para Gaza, orientada a la estabilización de la franja, y que es signatario de los Acuerdos de Abraham. El posicionamiento marroquí con respecto a la política exterior norteamericana en relación con Israel es inequívoco.
EE.UU. no es un actor más, sino el pilar del vínculo transatlántico sobre el que descansa, en última instancia, la disuasión y la defensa colectiva de Europa y, por tanto, nuestra propia seguridad
Desde el punto de vista del suministro de material militar, Estados Unidos fue en 2024 (últimos datos oficiales) el principal proveedor de Marruecos, concentrando un 22 % del total de la inversión, adquiriendo material norteamericano por valor de 391,5 millones de dólares (Historical Sales Book DSCA), los siguientes proveedores fueron Francia e Israel. Muy lejos de estos, en décima posición y con menos del 1 % del total, se situó la industria española. La paradoja es evidente: en 2024, el principal socio comercial marroquí fue España.
España aparece desdibujada: primer socio comercial, sí, pero irrelevante cuando se trata de lo que es sustancial en política internacional, la defensa; una relación realmente sólida tiene que contar con ella. Si no se corrige esta asimetría, el resultado es previsible: Marruecos consolida posiciones y España queda en una posición marginal. Las compras de material militar dibujan el nivel de confianza mutua entre los países; no voy a comprar armamento a alguien del que no me fio. Así, de quien más se fía Marruecos es de los americanos, y de nosotros, más bien poco. Cabe preguntarse si nuestra industria no puede ofrecer nada de lo que ofrecen países como Francia, Israel, la India, Alemania…
En la reunión de alto nivel (RAN) celebrada en Madrid el pasado noviembre, los ministros de uno y otro país se congratulaban y se felicitaban por los acuerdos alcanzados; oficialmente, ninguno de ellos relativo a defensa. ¿Cómo es posible que, siendo tan extraordinarias las relaciones, no lo sean también en materia de defensa?
España y Marruecos firmaron un Convenio de Cooperación en el ámbito de la Defensa (1989). El problema no es la ausencia de papel, sino la ausencia de ambición y de hechos: ese marco no se ha traducido en una cooperación bilateral de defensa sostenida y proporcional al volumen —y a la retórica — de la relación comercial y política. Es cierto que se mantienen los intercambios de alumnos en escuelas de formación y, probablemente, algún ejercicio de pequeñas unidades, así como trabajos en el marco de la iniciativa mediterránea y del 5+5; estos últimos, de carácter combinado, no bilaterales.
Con todo, las relaciones quizá no sean tan cordiales y extraordinarias como manifiestan los políticos cuando el indicador más relevante de confianza mutua es la cooperación en materia de defensa y esta es escasa: cooperación, sí; en formación, operativa, también; y, ¿por qué no?, en industria de defensa. Pero todo esto, si existe, hay que calificarlo de embrionario. La suma de nuestro presidente al apoyo a la iniciativa de autonomía marroquí en el Sahara Occidental no parece haber dado ningún fruto visible en el campo de la defensa, quizás en otros sí…
El encuentro entre Pedro Sánchez y el primer ministro de Marruecos, Aziz Akhannouch
Por otra parte, la oposición de nuestro Gobierno al presidente de los EE.UU. debilita nuestro lazo trasatlántico y nuestra fortaleza, circunstancia que ha sabido ser aprovechada inteligentemente por nuestro vecino del sur. Ajeno a la historia, o quizás recordando más el 98 que la visita de Eisenhower en el 53, nuestro presidente del Gobierno ha pasado de perseguir una fotografía con Biden a huir de Trump, sin considerar que detrás de ambos están, nada más y nada menos que los Estados Unidos, la primera potencia mundial, y no sólo militarmente; sin considerar que las relaciones internacionales deben estar por encima de las veleidades partidistas y los afectos personales.
No obstante, los datos pugnan por imponerse a posturas infatuadas de una y otra parte; España compró a los Estados Unidos en el año 24 material de defensa por un valor de 2.907 millones de dólares (Historical Sales Book DSCA), siendo el noveno país en compras americanas y el comercio entre ambos países se acerca a los cincuenta mil millones de euros. Estas son realidades más allá de gestos de desaprobación, e-mails del Pentágono y vetos a vuelos militares.
Nuestra última Estrategia de Seguridad Nacional 2021 es explícita en lo esencial: Estados Unidos no es un actor más, sino el pilar del vínculo transatlántico sobre el que descansa, en última instancia, la disuasión y la defensa colectiva de Europa y, por tanto, nuestra propia seguridad. Dicho de otro modo: podemos adornarlo con discursos sobre autonomía estratégica, pero sin Washington actualmente no hay paraguas creíble, y sin paraguas creíble, si llueve, te mojas. Por eso resulta tan incongruente jugar a la política de gestos con la primera potencia militar del planeta: la Estrategia de Seguridad Nacional habla de alianzas, interoperabilidad y cohesión, mientras nosotros jugamos con un mensaje extraño; y en el flanco sur, cada señal ambigua se convierte inmediatamente en ventaja para el vecino.
Este recorrido explica por qué las relaciones de defensa España–EE.UU, España–Marruecos no son un simple «acompañamiento» diplomático, sino un instrumento estructural de proyección estratégica. Precisamente por ello, cuando se ejerce —o se renuncia a ejercer— la capacidad de autorizar y condicionar el empleo de Rota y Morón, no se toma una decisión táctica: se envía una señal política. Y en el Mediterráneo occidental, las señales se traducen en oportunidades para unos y costes para otros.
En el triángulo Washington–Madrid–Rabat, Madrid debe dejarse de ambigüedades: restaurar el vínculo diplomático con Washington y, a la vez, construir —de una vez— una relación en materia de Defensa sólida con Rabat que pase de los gestos a los hechos.
Juan Sanchez Gamboa es analista del Instituto para el Bien Común Global de la Universidad Francisco de Vitoria.