Recreación de un futuro acorazado del proyecto BBG(X) de la US Navy
Así son los futuros buques Clase Trump EE.UU. impulsa una flota de acorazados gigantes: propulsión nuclear, misiles hipersónicos y energía dirigida
Estados Unidos estudia recuperar una de las grandes figuras de la guerra naval del siglo XX: los acorazados. La Administración de Donald Trump anunció el 22 de diciembre de 2025 una propuesta para desarrollar una nueva generación de grandes buques de combate denominados BBG(X), que serían los primeros acorazados construidos por la Armada estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial. Ahora, ha incorporado el programa de acorazados a su Plan de Construcción Naval para el Año Fiscal 2027, presentado el 11 de mayo, y que incorpora la propulsión nuclear como principal novedad.
El proyecto, presentado ante el Congreso y recogido en un informe oficial del Congressional Research Service (CRS), plantea la construcción de entre 15 y 25 unidades de este nuevo tipo de buque, concebido para convertirse en uno de los pilares de la futura estrategia naval de Estados Unidos frente al creciente desafío militar de China y Rusia. La iniciativa ha abierto un intenso debate político, presupuestario e industrial en Washington.
Programa de acorazados de misiles guiados de la Armada BBG(X)
La denominación BBG(X) responde a la tradición naval estadounidense. Las siglas «BB» corresponden a battleship o acorazado; la «G» hace referencia a guided missile ship, es decir, un buque equipado con sistemas de defensa aérea y misiles guiados; mientras que la «X» indica que el diseño definitivo aún no está completamente desarrollado.
La propuesta supone un cambio de enorme calado en la filosofía naval de la US Navy. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, había abandonado progresivamente el concepto clásico de acorazado en favor de portaaviones, submarinos nucleares y destructores multifunción. Los últimos Iowa fueron retirados definitivamente entre 1990 y 1992, cerrando una era iniciada décadas atrás.
Ahora, la Administración Trump pretende recuperar parcialmente esa idea, aunque adaptada al combate naval del siglo XXI. Los nuevos BBG(X) no serían acorazados tradicionales basados únicamente en blindaje y artillería pesada, sino plataformas gigantescas. El armamento previsto incluye misiles hipersónicos en lanzadores de gran formato, sistemas de energía dirigida, cañones electromagnéticos de riel, dos cañones navales de 5 pulgadas, guerra electrónica avanzada y sensores de gran área. El objetivo es crear un gran combatiente de superficie capaz de concentrar una enorme potencia de fuego y operar como núcleo de grupos navales en escenarios de alta intensidad.
Complejidad de construcción
La US Navy ha presentado planes para adquirir 15 acorazados de la clase Trump , uno prácticamente cada dos años, entre los años fiscales 2028 y 2055. Además, se prevé la compra de dos más en los años fiscales 2030 y 2031. Una estimación oficial inicial sitúa el precio de cada uno de estos buques en 17.000 millones de dólares.
La Administración Trump ya ha anunciado incluso el nombre previsto para el primer barco: Defiant. La nueva clase podría denominarse oficialmente clase Defiant, siguiendo la tradición naval estadounidense, aunque también se ha planteado el nombre de clase Trump.
Donald Trump presenta los futuros acorazados de la US Navy
El proyecto formaría parte de una futura reorganización de la estructura naval estadounidense denominada Golden Fleet. El Pentágono considera que el creciente desafío militar chino en el Indo-Pacífico obliga a incrementar el tamaño, alcance y potencia de combate de la flota.
En términos de dimensiones, los futuros BBG(X) serían enormes. El diseño preliminar contempla buques de entre 840 y 880 pies de eslora, equivalentes a unos 256-268 metros, con un desplazamiento superior a las 35.000 toneladas a plena carga.
Aunque serían ligeramente más pequeños que los legendarios Iowa de la Segunda Guerra Mundial, seguirían situándose entre los mayores combatientes de superficie jamás construidos por Estados Unidos. Los Iowa alcanzaban 887 pies de eslora y unas 57.000 toneladas de desplazamiento, además de incorporar gigantescas placas de blindaje y cañones de 406 milímetros.
La comparación con los actuales buques de la US Navy evidencia la magnitud del proyecto. Los cruceros Ticonderoga desplazan unas 10.150 toneladas; los destructores Arleigh Burke rondan las 9.700 toneladas; y los modernos Zumwalt alcanzan las 16.000 toneladas.
Imagen de la presentación de los acorazados de la clase Trump de la US Navy
Precisamente, uno de los aspectos más relevantes del anuncio es que la US Navy planea suspender el programa de destructores DDG(X) para priorizar el desarrollo de los nuevos acorazados. Eso supone un cambio estratégico importante dentro de la planificación naval norteamericana.
La US Navy considera que los futuros escenarios de combate requerirán plataformas mucho más grandes, capaces de transportar enormes cantidades de misiles, sistemas de defensa aérea avanzada y futuras armas de alta demanda energética, como láseres o cañones electromagnéticos.
Tres posibles astilleros
La cuestión industrial constituye otro de los grandes debates del programa. Estados Unidos dispone de pocos astilleros capaces de construir buques de semejante tamaño y complejidad. El informe del Congreso menciona principalmente tres instalaciones con capacidad potencial para participar en el proyecto.
La primera es General Dynamics Bath Iron Works, en Maine, uno de los grandes centros históricos de construcción de destructores y cruceros estadounidenses. También aparece Huntington Ingalls Industries Ingalls Shipbuilding, en Mississippi, responsable igualmente de gran parte de los actuales destructores de la US Navy.
El tercer gran candidato es Newport News Shipbuilding, en Virginia, especializado actualmente en portaaviones y submarinos nucleares. Este astillero ya construyó acorazados estadounidenses en el pasado, por lo que posee experiencia histórica en grandes combatientes de superficie.
El coste del programa amenaza con convertirse en uno de los principales obstáculos políticos. La Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO) estima inicialmente que el primer BBG(X) podría costar entre 17.600 y 18.900 millones de dólares en moneda de 2025, incluyendo los costes de diseño inicial de la clase. Las cifras convierten a los BBG(X) en algunos de los buques de guerra más caros jamás construidos.
Más allá del aspecto económico, el programa también reabre un viejo debate estratégico: si los grandes combatientes de superficie siguen siendo viables en una era dominada por misiles hipersónicos, drones y submarinos avanzados.
Estados Unidos ya estudió ideas similares en el pasado. Durante la Guerra Fría, la Armada evaluó varias opciones de grandes cruceros nucleares y plataformas de ataque masivo. En los años setenta analizó un enorme crucero nuclear Aegis de 17.000 toneladas denominado CSGN, aunque finalmente fue descartado por motivos presupuestarios.
Décadas después, en 1996, la Marina y la agencia DARPA impulsaron el programa Arsenal Ship o Maritime Fire Support Demonstrator, que buscaba desarrollar grandes plataformas navales relativamente baratas armadas con unos 500 misiles. Aquella iniciativa fue cancelada en 1997 antes de completarse el diseño definitivo.
El precedente más cercano a la filosofía del BBG(X) son probablemente los destructores Zumwalt, concebidos como plataformas de nueva generación con gran capacidad de ataque y tecnologías avanzadas. Sin embargo, los problemas de costes y complejidad redujeron el programa a únicamente tres unidades.
El USS Zumwalt a su llegada a la base naval de Yokosuka, en Japón
Ahora, el BBG(X) aspira a ir mucho más lejos, recuperando parte del concepto histórico del acorazado pero adaptado a la guerra naval moderna. Sus defensores sostienen que estos gigantes podrían proporcionar una capacidad de disuasión y supervivencia muy superior a la de los actuales destructores.
Los críticos, por el contrario, alertan del enorme riesgo presupuestario y de la vulnerabilidad potencial de concentrar tanta capacidad militar en plataformas extremadamente costosas.
El debate apenas acaba de comenzar en Washington, pero el anuncio ya refleja un cambio significativo en la estrategia marítima estadounidense. Frente a un entorno internacional cada vez más competitivo y militarizado, Estados Unidos parece dispuesto a recuperar la idea de los grandes buques de combate como símbolo de poder naval global. Si finalmente el Congreso aprueba el programa, la US Navy podría volver a operar acorazados por primera vez en medio siglo, inaugurando una nueva etapa en la evolución de la guerra naval del siglo XXI.