Se cumplen 20 años de la misión de La Legión en la República Democrática del Congo

Descripción de la imagenSalvador García Guerrero

La Legión en el Congo: 20 años de una misión olvidada

La misión suponía un verdadero desafío y, una vez más, La Legión fue la elegida, y más en concreto, la VII Bandera, en base a la cual se constituyó el Grupo Táctico «Valenzuela»

El 14 de julio de 2006, los componentes del Grupo Táctico «Valenzuela» de La Legión aterrizaban en el aeropuerto internacional de N´Djili, en Kinshasa, capital de la República Democrática del Congo, dando así comienzo a la operación Eco/Charlie en el marco de la Unión Europea.

En enero de 1976, los últimos componentes de La Legión abandonaban el Sáhara tras los Acuerdos de Madrid, en los que España transfería la administración del territorio a Marruecos y Mauritania.

Treinta años más tarde, de nuevo La Legión sentía la llamada africana al ser requerida para constituir un contingente que debía desplegar esta vez en el África subsahariana, y más en concreto, en la República Democrática del Congo. Dice un viejo proverbio africano que «quien controla el Congo, controla África, y quien controla África, controla el mundo».

La República Democrática del Congo, antiguo Congo Belga, es un enorme país con una extensión aproximada de cinco veces España, situado en el corazón del continente africano, en la región de los Grandes Lagos, con más de 115 millones de habitantes, poblada por más de 200 etnias diferentes y dotada de unos recursos naturales extraordinarios.

Tras su independencia de Bélgica en 1960, su historia contemporánea reciente está salpicada de hechos convulsos; entre ellos se alternan golpes de Estado, asesinatos de presidentes o periodos dictatoriales, y en los que la corrupción generalizada ha sido uno de sus comunes ingredientes.

Torturado por las horribles secuelas de una terrible guerra civil, que había comenzado como un conflicto interétnico, pero que, inevitablemente, había salpicado a los países limítrofes y que había provocó cinco millones de muertos, convirtiéndolo en el conflicto más sangriento desde la Segunda Guerra Mundial, afrontaba en 2006 un reto y a la vez una oportunidad única en su historia, sus primeras elecciones democráticas.

Ante tal perspectiva, la ONU solicitó a la UE el despliegue de una fuerza militar para apoyar el evento electoral que se identificaba como trascendental, por parte de toda la comunidad internacional, para el futuro del país.

En este complicado entorno, la ONU emitió la resolución 1671 en apoyo del incipiente proceso democrático, a la cual se sumó la UE, que en abril de 2006 decidió el envío de un contingente militar que respaldase el papel de la ONU y de su misión ya desplegada en territorio congoleño, la Misión de las Naciones Unidas para el Congo (MONUC). España se adhirió al requerimiento de la UE, decidiendo el envío de un contingente que formase parte de la fuerza destacada en el país.

La misión suponía un verdadero desafío y, una vez más, La Legión fue la elegida, y más en concreto, la VII Bandera, en base a la cual se constituyó el Grupo Táctico «Valenzuela», al mando del Teniente Coronel Ruiz Benítez, que se establecería en el país africano entre julio y noviembre de 2006.

La operación se inició el 14 de julio con el despliegue del contingente español constituido por 130 militares, en la capital del país, Kinshasa, con carácter permanente, pudiendo hacerlo también en otros puntos de aplicación del país (POA), mediante transporte aéreo. La unidad española constituiría la unidad de reacción rápida del contingente, al mando del capitán Ríos Blanco, debiendo mantener una sección en un tiempo de reacción máximo de una hora y la unidad en su conjunto, en uno de seis horas.

La estatua de la Legión en Madrid

La estatua de la Legión en Madrid

Además, el contingente español debía estar dotado de una Plana Mayor, con elementos de enlace con territorio nacional vía satélite y de mando interno; dos células de estabilización sanitaria; dos equipos de desactivación de explosivos y un equipo de apoyo y gestión logística del contingente.

Las distancias entre el territorio nacional y la zona de despliegue (5.000 kilómetros) y la escasez y el estado de las infraestructuras viarias del país, hacían de la misión un verdadero reto logístico. Para el traslado del material, armamento y equipo del contingente, que debía estar ya disponible a la llegada del mismo, se optó por un transporte marítimo a bordo de un buque contratado por la UE, encomendándosele su ejecución al Grupo Logístico de La Legión, al mando del Teniente Coronel Bayo Cerdán. A tal efecto, se estableció un destacamento de seguridad a bordo del buque, trasladándose el resto del personal en avión hasta la capital, y continuar luego hasta el puerto fluvial de Boma, en el río Congo. Para desde allí, y tras hacerse cargo de todo el material, emprender un movimiento motorizado de dos jornadas de marcha entre el citado puerto y la capital, y trasladar, en una maniobra logística modélica, todo el material y equipo con el que la unidad debía cumplir su misión.

El contingente español se ubicaría en la base aérea de N´Dolo, en el centro de la capital, junto al resto de los contingentes que componían la fuerza europea (franceses, belgas, polacos, portugueses e italianos). Una vez desarrollados los pertinentes reconocimientos previos de la ciudad, en la que, para hacernos una idea, vivían aproximadamente nueve millones de habitantes, comenzaron sin solución de continuidad los patrullajes, las misiones de escolta y la presencia constante de día y de noche de los legionarios españoles en la capital y los diferentes puntos del país en que fueron destacados.

Al principio, la acogida de la población fue ciertamente hostil a unos soldados con unos extraños gorros con borla, cuya presencia era interpretada como un nuevo intento de colonización de los europeos, tema este muy sensible en la forma de ser y de pensar de la población congoleña; pero poco a poco, a base de mucho esfuerzo, sacrificio y entrega, los legionarios, basados en su estricta profesionalidad y sentido del deber, aderezados con la tradicional cercanía y alegría legionarias, fueron ganándose la confianza de la población, y con ella, sustentando la eficacia en el cumplimiento de la misión.

A medida que la primera vuelta electoral se fue acercando, el ambiente en el país, y especialmente en la capital, se volvió más y más crispado. Si bien la jornada electoral del 30 de julio se desarrolló sin incidentes dignos de mención, el retraso en la promulgación de los resultados por parte de la comisión electoral independiente promovió un clima de agitación que desembocó en disturbios muy graves, que a punto estuvieron de dar al traste con todo el proceso y de provocar el estallido de un nuevo conflicto civil.

El resultado de los comicios había arrojado una victoria por mayoría relativa del candidato preferido por la comunidad internacional, Joseph Kabila, sobre el segundo favorito, Jean Pierre Bemba, lo cual, según el modelo electoral congoleño, abocaba a una segunda vuelta electoral, en la que se enfrentarían ya los dos candidatos más votados, exclusivamente. En ese contexto, la localización del voto había arrojado una división del país entre los partidarios de los dos candidatos con mayor número de votos, provocando luchas y enfrentamientos internos con el resultado de numerosos muertos y heridos.

Los más graves de estos disturbios tuvieron lugar la noche del 21 de agosto de 2006, cuando el vicepresidente del país y candidato Bemba se hallaba reunido en su residencia en el centro de la capital con el alto representante de la ONU y de la UE, además de los embajadores de EEUU, Alemania, Japón, Francia y Bélgica, entre otros, cuando el lugar fue atacado por la Guardia Presidencial Republicana, verdadera guardia pretoriana del presidente Kabila, que con carros de combate, armas automáticas y contra carro pretendían asesinar al candidato Bemba.

El asedio se inició a las 15:30 horas, y ante la gravedad de la situación fue alertado el batallón uruguayo de MONUC, que salió de su acuartelamiento a las 17:45, siendo solicitada la ayuda de la compañía española de reacción rápida, la cual abandonó su acuartelamiento a las 17:55, con la misión de desplegar a lo largo de la Avenida 30 de junio, principal arteria de la ciudad, y asegurar, en colaboración con la compañía uruguaya, un corredor de seguridad, situándose entre el fuego cruzado de ambos bandos contendientes, que armados con ametralladoras, morteros, lanzagranadas, carros de combate y fusilería, desencadenaron la jornada más peligrosa de esos complicados días. Durante la intervención, uno de los BMR españoles fue alcanzado por el fuego de los adversarios. Los legionarios reaccionaron con extraordinario valor y temple al no responder al fuego, logrando, sin embargo, disuadir de su acción a los contendientes cuando orientaron las ametralladoras pesadas de sus vehículos hacia los orígenes de fuego.

Como consecuencia de esa valerosa acción y en coordinación con el batallón uruguayo, todo el personal diplomático y la totalidad de los rehenes pudieron ser rescatados sanos y salvos y conducidos a un lugar seguro. La compañía permaneció desplegada durante toda la noche, hasta ser relevada, a la mañana siguiente, por las fuerzas de MONUC, pertenecientes al batallón de Ghana. El capitán Ríos, jefe de la compañía, y el teniente Rubio, jefe de la sección cuyos vehículos recibieron fuego, fueron recompensados posteriormente con sendas cruces al mérito militar con distintivo azul.

El excepcional comportamiento de todos los participantes en la operación que dio como resultado la liberación del personal que se encontraba retenido, haciendo gala de una extraordinaria profesionalidad, templanza y preparación para afrontar una situación tan delicada como la que supuso la interposición entre los contendientes en una zona de fuego cruzado y la contribución a la extracción del personal VIP que se encontraba retenido en el interior de la residencia del Sr. Bemba, se plasmó en el rotundo éxito de una operación muy complicada, que requirió de una excepcional coordinación sobre el terreno, circunstancia que solo fue posible por los lazos culturales, idiomáticos y de plena sintonía entre el batallón uruguayo y la fuerza española.

El Ministro de Defensa de aquella época, el Sr. Alonso, afirmó sobre los hechos: «Si no hubiera sido por la brillante intervención de los legionarios españoles en los graves incidentes del 21 de agosto, se habría producido allí una chispa que hubiera provocado un enfrentamiento muy serio, con graves consecuencias dentro del país y fuera de él».

La finalización de la misión no fue, en absoluto, más fácil que su comienzo, debiendo realizar el GT un movimiento logístico de repliegue, materializado en dos jornadas de marcha, a fin de trasladar todo el material, armamento y equipo desde Kinshasa hasta el puerto de Boma, siendo embarcado en un buque fletado por la UE para la repatriación conjunta de todo el material de todos los contingentes internacionales.

Finalmente, en noviembre de 2006, el GT regresó a España, dándose por finalizada la misión. Hoy, tras treinta años de su puesta en marcha, la misión E/C de La Legión en el Congo sigue siendo una de las más desconocidas y olvidadas de cuantas han desarrollado las FAS españolas en el contexto internacional.

Yo, que tuve el honor y el privilegio de mandarles durante la misma, me siento moralmente obligado a no dejarla caer en el olvido y recordar a aquellos héroes anónimos que con su valor, entrega y sacrificio contribuyeron a llevar un poco de paz y justicia a un recóndito lugar de África, hace ahora veinte años.

  • Antonio Ruiz Benítez es General de División del Ejército de Tierra (Retirado).
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