El futuro USS Ted Stevens (DDG 128) ha completado con éxito una dura prueba de choque de Buque CompletoUS Navy

Fuerzas Armadas

Un nuevo destructor de Estados Unidos sortea una cadena de explosiones en alta mar

El futuro USS Ted Stevens (DDG 128), un moderno destructor de misiles guiados de la clase Arleigh Burke, versión III, ha superado sus primeras pruebas de choque (Shock Trials). Este tipo de pruebas son las más exigentes a las que puede someterse un buque de combate antes de su entrada en servicio. Durante estas pruebas, la US Navy verifica que el casco, la estructura y todos los sistemas esenciales del buque son capaces de seguir operando tras sufrir las intensas ondas de presión generadas por explosiones próximas, simulando las condiciones que encontraría en un escenario de guerra.

Este buque representa la próxima generación de buques de combate de superficie, e incorpora el sistema de radar Flight III AN/SPY-6(V)1 y el sistema de combate Aegis Baseline 10, diseñados para estar operativos hasta bien entrado el siglo XXI. Se trata de un buque de guerra multimisión capaz de realizar defensa aérea y antimisiles integrada, guerra de superficie, defensa antimisiles balísticos, guerra antisubmarina y guerra electrónica.

El destructor de misiles guiados de la clase Arleigh Burke Flight III , Ted Stevens (DDG 128), zarpa de la división Ingalls ShipbuildingUSS Ted Stevens Commissioning Committee

Con una eslora de entre 153,9 y 155,3 metros (505 a 509,5 pies), un desplazamiento de entre 8.300 y 9.700 toneladas y un armamento que incluye más de 90 misiles, estos nuevos destructores de la clase Arleigh Burke son más grandes y están mejor armados que las clases anteriores de cruceros de misiles guiados.

El destructor lleva el nombre del senador estadounidense Ted Stevens de Alaska, un veterano condecorado del Cuerpo Aéreo del Ejército durante la Segunda Guerra Mundial. El senador Stevens fue un destacado defensor de la seguridad nacional y la preparación militar durante sus 40 años en el Senado. Este es el primer buque de guerra de la Armada de los Estados Unidos que lleva su nombre.

Pruebas de choque

Las pruebas de choque consisten, en líneas generales, en detonar cargas explosivas de gran potencia bajo el agua, a una distancia cuidadosamente calculada del buque. El objetivo no es impactar directamente sobre la embarcación, sino generar una violenta onda expansiva que se propaga por el agua y transmite enormes esfuerzos mecánicos al casco. De hecho, puede provocar deformaciones estructurales y aceleraciones capaces de comprometer el funcionamiento de los equipos embarcados.

Al mismo tiempo, las fuertes vibraciones se transmiten a toda la estructura del barco, poniendo a prueba tuberías, cableado, cuadros eléctricos, sistemas informáticos, equipos electrónicos, sensores, radares, lanzadores de misiles y la planta propulsora.

Durante los ensayos, el buque está equipado con decenas de sensores distribuidos por toda la estructura. Estos instrumentos registran aceleraciones, deformaciones, vibraciones, presiones y desplazamientos con enorme precisión. Los ingenieros analizan posteriormente millones de datos para comprobar que todos los elementos críticos mantienen su integridad estructural y continúan funcionando dentro de los parámetros previstos.

Las pruebas también permiten verificar la capacidad de supervivencia del sistema de combate. Un destructor moderno debe seguir detectando amenazas, mantener las comunicaciones, conservar la generación eléctrica, gobernar el buque y emplear su armamento incluso después de haber sufrido una explosión cercana.