Los conflictos híbridos se han convertido, a lo largo de las últimas décadas, en un problema real y difícil de solventar

Los conflictos híbridos se han convertido, a lo largo de las últimas décadas, en un problema real y difícil de solventarÁngel Ruiz

Defensa  La guerra híbrida: cuando el campo de batalla deja de ser el frente y pasa a ser la sociedad

La guerra ya no se libra únicamente entre ejércitos. En las últimas décadas, el concepto de guerra híbrida ha transformado la manera en que los Estados, organizaciones y alianzas militares entienden los conflictos contemporáneos. Frente al modelo clásico de enfrentamiento militar convencional, las estrategias híbridas combinan instrumentos militares y no militares con un objetivo común: debilitar al adversario actuando sobre su población, sus instituciones y su capacidad de resistencia.

El origen de esta forma de entender el conflicto no es completamente nuevo. Históricamente, han coexistido dos grandes enfoques de la guerra. El primero la concibe como un choque entre ejércitos, donde el éxito depende de la superioridad militar sobre el campo de batalla. El segundo la interpreta como un choque entre sociedades, en el que la victoria pasa por erosionar la voluntad política, la cohesión social y la moral del adversario.

Uno de los antecedentes más antiguos de este planteamiento se encuentra en Kautilya, estratega indio del siglo III a. C., quien ya defendía que un enemigo superior no debía ser atacado frontalmente. En su lugar proponía desacreditar al gobernante, sembrar el miedo entre la población, utilizar espías, agitadores y propagadores de rumores, además de promover la corrupción.

Recreación de Kautilya basada en la portada de una edición de 1915 d. C. del Arthashastra

Recreación de Kautilya basada en la portada de una edición de 1915 d. C. del ArthashastraEl Debate

Siglos después, el desarrollo de las sociedades alfabetizadas y la expansión de los medios de comunicación de masas durante los siglos XIX y XX ampliaron enormemente las posibilidades de influir sobre la opinión pública. La prensa, el cine, la radio o la megafonía convirtieron la información en un instrumento estratégico de primer orden.

Los teóricos revolucionarios también contribuyeron a esta evolución al considerar que la guerra era una prolongación de la política y que todos los instrumentos políticos debían ponerse al servicio del conflicto. En ese modelo, el apoyo de la población pasaba a ser un elemento decisivo para alcanzar la victoria.

El régimen nacionalsocialista alemán desarrolló posteriormente una combinación sistemática de propaganda y terror como herramientas para controlar a la sociedad, mientras que los teóricos de la yihad situaron la confrontación en el terreno de las creencias y las narrativas. Para estas corrientes, la información y la desinformación constituyen el arma principal, mientras que la fortaleza ideológica del combatiente actúa como protección frente a la propaganda del adversario.

El nacimiento del concepto de guerra híbrida

Aunque muchas de estas prácticas existían desde hace siglos, el término guerra híbrida comenzó a utilizarse durante la década de 1990 a raíz de los conflictos de Chechenia y del Líbano. El Cuerpo de Marines de Estados Unidos empezó entonces a describir como híbridos aquellos enfrentamientos que integraban capacidades militares convencionales con tácticas irregulares.

La guerra entre Israel y Hezbolá en 2006 marcó un punto de inflexión. Fue el primer conflicto ampliamente identificado como híbrido y dio lugar al libro The Rise of Hybrid Wars (2007), del analista Frank G. Hoffmann, una de las obras de referencia sobre este fenómeno.

Ilustración de un ciberataque

Ilustración de un ciberataqueAlexander Limbach

La expansión definitiva del concepto coincidió con tres transformaciones que modificaron profundamente el entorno estratégico entre 2000 y 2010: la crisis económica internacional, la generalización del móvil inteligente y el auge de las redes sociales. Estos factores multiplicaron la velocidad de difusión de la información y facilitaron nuevas formas de influencia sobre la opinión pública.

Ucrania y la consolidación del modelo híbrido

La intervención rusa en Ucrania en 2014 consolidó una nueva interpretación de la guerra híbrida, mucho más orientada hacia las acciones no letales. En este modelo se combinan operaciones militares abiertas y encubiertas con herramientas políticas, económicas, tecnológicas e informativas.

Los ciberataques, las campañas de desinformación, la presión económica, las operaciones psicológicas y las acciones encubiertas se integran en una única estrategia destinada a desgastar al adversario antes incluso del empleo masivo de la fuerza militar.

Uno de los rasgos esenciales de la guerra híbrida es precisamente esa combinación de instrumentos militares y civiles. Las acciones suelen buscar un fuerte impacto psicológico sobre la población, recurren intensamente a la información y la desinformación y, en muchos casos, intentan dificultar la atribución de la autoría para evitar una respuesta directa del adversario.

Cómo la OTAN define las amenazas híbridas

La OTAN considera que las amenazas híbridas combinan medios militares y no militares, abiertos y encubiertos, incluyendo campañas de desinformación, ciberataques, presión económica, utilización de grupos armados irregulares y empleo de fuerzas convencionales. Según la Alianza, estas acciones buscan desdibujar la frontera entre la paz y la guerra, generar incertidumbre entre la población y debilitar las instituciones del Estado objetivo sin necesidad de una declaración formal de conflicto.

Desde la perspectiva rusa, la guerra híbrida constituye un esfuerzo estratégico en el que todos los instrumentos del poder nacional quedan subordinados a una gran operación de información, situando la batalla por el relato en el centro del conflicto.

Los distintos modelos estratégicos

Rusia mantiene una larga tradición de operaciones de influencia apoyadas en la propaganda, las denominadas «medidas activas» y la maskirovka, concepto que engloba técnicas de engaño, ocultación y desinformación.

China desarrolla un enfoque similar bajo el concepto de «guerra sin restricciones», que propone utilizar todos los recursos nacionales —económicos, tecnológicos, diplomáticos, informativos y militares— para alcanzar los objetivos estratégicos del Estado. Dentro de esta visión, la propaganda dirigida al público interno y la desinformación destinada al exterior desempeñan un papel esencial. También existen modelos basados en la acción no violenta, donde la movilización popular, la presión social y la batalla por el relato sustituyen al empleo abierto de la fuerza.

En el ámbito occidental, las respuestas híbridas suelen apoyarse en sanciones económicas, aislamiento diplomático, ciberoperaciones, ataques de precisión, guerras por delegación y campañas de comunicación estratégica.

Ucrania y Gaza: dos ejemplos diferentes

El actual conflicto de Ucrania ilustra tanto las posibilidades como las limitaciones de estas estrategias. Rusia inició la campaña con redes de sabotaje, ciberataques, operaciones de influencia y una narrativa centrada en la «desnazificación» y la «desmilitarización». Sin embargo, al no alcanzar sus objetivos iniciales, la operación derivó en una guerra convencional de gran intensidad.

Ciberataque

Es necesario un sistema de alerta temprana mediante sistemas de inteligencia, vigilancia, ciberdefensa y alertaEuropa Press

En Gaza, aunque el conflicto respondió principalmente a un esquema de guerra asimétrica debido a la diferencia de capacidades entre las partes, el ataque de Hamás incorporó elementos propios de la guerra híbrida al perseguir un fuerte impacto psicológico y modificar la percepción internacional del conflicto.

El desafío para las Fuerzas Armadas

Las amenazas híbridas plantean importantes dificultades para los sistemas tradicionales de defensa. Muchas acciones resultan difíciles de atribuir, lo que complica la aplicación de medidas clásicas de disuasión y respuesta militar.

Además, gran parte de estas actividades tienen una naturaleza política, económica o informativa, ámbitos donde el empleo de la fuerza militar no siempre constituye la herramienta más adecuada. A ello se suma que el objetivo principal suele ser la población civil y no las propias Fuerzas Armadas, generando importantes dilemas legales y éticos.

Por ello, los expertos defienden un enfoque de seguridad integrada, en el que las capacidades militares trabajen coordinadamente con organismos civiles, servicios de inteligencia, instituciones públicas y estrategias de comunicación.

En este contexto adquiere especial importancia la Comunicación Estratégica (STRATCOM). Mantener una información pública dinámica, transparente y creíble se considera un elemento esencial para contrarrestar la desinformación y fortalecer la confianza de la ciudadanía.

Los expertos coinciden en que la mejor protección frente a las amenazas híbridas es la resiliencia nacional. Esta capacidad se apoya en tres pilares fundamentales. El primero es la prevención y la respuesta temprana, mediante sistemas de inteligencia, vigilancia, ciberdefensa y alerta.

El segundo consiste en la capacidad de recuperación, garantizando que infraestructuras críticas, servicios sanitarios, protección civil y recursos tecnológicos puedan restablecer rápidamente el funcionamiento normal tras un ataque.

El tercer elemento, considerado el más importante, es la fortaleza moral de la sociedad. La confianza de los ciudadanos en sus instituciones, en sus líderes, en el Estado de derecho y en los valores democráticos constituye, según este enfoque, la verdadera última línea de defensa frente a las estrategias híbridas que buscan fracturar la cohesión social antes incluso de recurrir a la fuerza militar.

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