Un Eurofighter Typhoon en la base aérea de Torrejón de Ardoz
Instituto para el Bien Común Global de la Universidad Francisco de Vitoria (UFV)
La situación estratégica y la industria de defensa: los cimientos de la autonomía europea
Tenemos razones de peso incontestables para gastar en aviones, barcos, cañones y drones parte de los ingresos de nuestros nietos, o de nuestros privilegios occidentales en beneficios sociales
«It's supposed to be hard. If it was easy, everyone would do it». Tom Hanks. A League of Their Own.
¿En realidad existe una amenaza?
Tenemos razones de peso incontestables para gastar en aviones, barcos, cañones y drones parte de los ingresos de nuestros nietos, o de nuestros privilegios occidentales en beneficios sociales.
A pesar de los esfuerzos occidentales para crear la situación idónea que generase la aproximación de Rusia a Europa tras la caída del Muro, mediante la integración económica, energética y de seguridad, que eventualmente pudiera culminar en la incorporación formal a las instituciones; ese espejismo quedo roto desde la invasión rusa de Georgia en 2008, pero especialmente a partir de la ocupación de Crimea en 2014. La percepción común de la amenaza rusa para la OTAN, se hizo patente en la cumbre de Gales de septiembre del mismo año, con el compromiso adquirido de alcanzar el 2 % del PIB de gasto en defensa para 2024, del que un 20 % se dedicaría a la inversión en grandes sistemas e I+D.
Pero con la injustificable guerra de agresión de Rusia a Ucrania en 2022 la amenaza se convirtió en cruda y próxima realidad, en sus peores términos y consecuencias, como quedó reflejado en la declaración final de la cumbre de Madrid. Todavía la amenaza era más particularmente percibida por los países europeos próximos a la frontera rusa, porque solo 9 habían superado ya el compromiso de Gales, mientras que otros 19 tenían planes claros para cumplirlos en 2024, y los 4 restantes solo ofrecieron compromisos de alcanzarlo.
Finalmente, el golpe en la mesa que ha impulsado a los europeos a asumir la responsabilidad sobre su propia defensa convencional, lo ha dado el presidente Trump, con su exigencia de un 5 % del PIB de inversión en defensa, como canon de pertenencia al Club Defensivo más efectivo de los últimos siglos, incluida la protección de nosotros mismos, pues la Alianza nos ha proporcionado el inusual periodo de 77 años sin guerras internas entre los propios miembros del continente.
Incluso para países tan alejados de Rusia como España y Portugal, un misil hipersónico Oreshnik tardaría solo 20 min en llegar a la Península desde Rusia; y el estrecho de Gibraltar, como paso estratégico (choke point), con el Reino Unido en la puerta, podría adquirir una relevancia equivalente a la de Ormuz en caso de conflicto; o incluso mucho antes, como imán de gran potencia para las actividades de guerra híbrida a las que nos están sometiendo: cortes de cables submarinos, oleoductos/gasoductos, o drones. Pero especialmente a los países del llamado Flanco Sur nos preocupa la creciente actividad de los grupos islamistas radicales del Sahel, agravada por la presencia rusa con su Africa Korp; y en general todo lo concerniente a la orilla sur del Mediterráneo, con su creciente rearme, conflictos no resueltos, y periódicas oleadas de inmigrantes.
Desperta ferro, despierta industria:
Tras el prolongado periodo de aprovechamiento de los dividendos de la paz, la insuficiente preparación de las industrias de defensa, especialmente las europeas, para hacer frente a las necesidades de elevados consumos en apoyo al conflicto de Ucrania, al tiempo que se reponían los arsenales propios, se ha convertido en un riesgo próximo y real, agravado por la escasa resiliencia de nuestras estructuras productivas, por las carencias de personal cualificado para garantizar la capacidad de incremento urgente de la producción (surge capability).
Un militar del ejército ruso durante una misión de combate con un dron de combate Molniya-2
La guerra de Ucrania, incluso la de Irán con carácter incipiente, nos están demostrando que estrategias, conceptos, doctrinas, medios, tácticas y técnicas militares, gracias a los avances y democratización de la tecnología, ya no evolucionan linealmente, sino exponencialmente; y la capacidad de adaptación, por tanto, se está convirtiendo en el factor esencial de la superioridad en el enfrentamiento.
El punto de partida no puede ser menos esperanzador. En los 27 Estados miembros de la UE, se operan 12 diferentes de carros de combate principales (1 en EE.UU.), 16 vehículos de combate de infantería (3 en EE. UU.), 12 autopropulsados (1 en EE. UU.), 14 aviones de combate diferentes (5 en EE. UU.), 4 helicópteros de ataque (2 en EE. UU.), 25 destructores y fragatas (2 en EE. UU.), 10 submarinos convencionales y 5 submarinos nucleares (4 en EE. UU.). Esta duplicación de sistemas dificulta la cooperación en operaciones militares combinadas, el mantenimiento del equipo y la interoperabilidad, debilitando la seguridad y la defensa europeas. Abordar la fragmentación no solo implica la alineación de las tecnologías futuras, sino que también requiere revisar la estructura del inventario de los ejércitos europeos, modernizando profundamente los sistemas heredados o retirándolos por completo.
La madurez industrial cambia el modelo: el tamaño sí importa
El requisito de urgencia para la satisfacción de la necesidad operativa no debe ser excusa para soslayar la universal obligación de perseguir la eficiencia en la utilización de los recursos públicos, porque resultaría muy complicado justificar ante la opinión general los sacrificios que se requieren, con base exclusivamente en la autonomía estratégica y en los puestos de trabajo de alta cualificación. Como decía un antiguo Ministro de Defensa español: «no se debería iniciar ningún Programa Especial de Armamento, sin un plan de negocio previo»; lo que se podría traducir en crear las condiciones necesarias para un mejor uso de los recursos disponibles, mediante la puesta en común y la reducción de la duplicación, de modo que se alcance la competitividad requerida para el acceso al mercado general, a fin de que permita absorber los elevados gastos de I+D. Y para ello, la opción que ofrece mayores garantías de éxito es la consolidación, como demuestra el éxito innegable de Airbus en el mercado civil.
Un Airbus C295, en una imagen de archivo
Varios factores impulsan las fusiones industriales en el sector de defensa europeo:
El primero, proviene de la limitación del soporte que EE.UU. compromete con la OTAN y la creciente conciencia por parte de los europeos de la necesidad de liberarse de su dependencia de la industria estadounidense. La cuestión de la preferencia europea en la adquisición de material de defensa implica un fortalecimiento de la oferta en Europa y el surgimiento de actores competitivos de gran envergadura.
Otro factor se relaciona con los programas de financiación establecidos por la UE para la industria de defensa que, por su propia naturaleza, tienen un efecto unificador que influye tanto en la demanda como en la oferta, ya que fomentan la adquisición conjunta de equipos de fabricación europea. Estos instrumentos, que facilitan la colaboración entre empresas, también promueven la cooperación en programas para satisfacer una demanda más agregada, con un impacto definitivo en las estrategias de alianza de las empresas que se beneficiarán de ellas.
Por último, el aumento real, aunque insuficiente, de los recursos invertidos por los Estados miembros de la UE en defensa. La escalada de amenazas ya no permite la asignación fragmentada de recursos que ha caracterizado durante demasiado tiempo los arsenales militares europeos. La responsabilidad que los Estados miembros reivindican en materia de defensa ya no puede reflejarse, sobre todo desde la perspectiva de sus propias opiniones, en la persistencia de un enfoque puramente nacional para la adquisición de armamento, cuyas limitaciones y deficiencias son ahora flagrantes.
El Talón de Aquiles, Art 346 TFEU
El artículo 346, apartado 1, letra b), del TFUE permite a los Estados miembros acogerse a una excepción al Derecho de la UE cuando una medida sea necesaria para la protección de los intereses esenciales de su seguridad y esté relacionada con la producción o el comercio de armas, municiones y material bélico. Esta disposición se ha utilizado para llevar a cabo adquisiciones de defensa fuera del marco jurídico de la UE desde la formación de la Comunidad Europea y sigue siendo una excepción a la que recurren los Estados miembros.
El futuro inmediato es la progresiva consolidación
Para tener éxito en el grado necesario y con la rapidez precisa, el impulso imprescindible para el avance en la consolidación debe aplicarse desde el nivel político. Desde abajo, el programa de Especialización Inteligente (S3) de la Comisión no ha conseguido hasta ahora más que objetivos limitados. Se trata de una iniciativa diseñada para ayudar a las regiones a identificar ventajas competitivas únicas, fomentar asociaciones interregionales y orientar las políticas de innovación. Gestionada actualmente por la Comunidad de Práctica S3, apoya la transformación económica local mediante redes de colaboración. También se han diseñado otras iniciativas muy loables para promover la consolidación de la demanda de forma parcial, como la Cooperación Estructurada Permanente (PESCO).
Pero se ha agotado el tiempo para esas iniciativas y la rápida evolución de los riesgos actuales requiere soluciones de contundencia radical. Corresponde ahora al Consejo Europeo hacerse cargo del control manual de la aeronave, aplicar potencia de postquemador, e incorporarse al combate que ya se libra en la estratosfera.
- Juan Antonio del Castillo Masete es Teniente General del Ejército del Aire y del Espacio en la reserva y analista del Centro para el Bien Común Global de la UFV