Las palabras gallegas que no se entienden en resto de España
Palabras que los gallegos utilizan al hablar castellano y que el resto de España no entiende
Hay muchas palabras que los gallegos usan sin saber que no existen en la lengua española
El gallego convive de forma natural con el castellano en Galicia, dando lugar a un particular cruce lingüístico que se refleja en la forma de hablar de muchos gallegos.
Esta influencia se manifiesta en el uso cotidiano de palabras y expresiones que, aunque se emplean al hablar en castellano, proceden del gallego y son, en muchos casos, incomprensibles fuera de la comunidad.
Hay muchas palabras que los gallegos usan sin saber que no existen en castellano. O que, al menos, nadie fuera de Galicia entendería.
Esto no ocurre por error, sino por cultura. Por eso, muchas personas castellanohablantes, por herencia familiar, por costumbre o por vivir entre dos lenguas, utilizan términos que no tienen una traducción literal en español. Y que, sin embargo, expresan realidades profundamente gallegas.
Y 'a mayores' lo 'enxebre' no se toca
Una de las palabras más representativas de la lengua gallega es enxebre. Un concepto que define lo auténtico y es por eso por lo que lo enxebre no se traduce; se entiende o no se entiende.
También el término rula que significa 'pajarillo' en Galicia no es más que una palabra cariñosa que muestra afecto y que tampoco se puede explicar fuera del contexto gallego.
Otra muy común es 'a mayores', que se emplea para decir «además» o «también». Se ha colado en el castellano que se habla en Galicia en donde resulta completamente natural.
Palabras de uso cotidiano
También existen otras palabras que usan de manera cotidiana en la comunidad gallega y que fuera de ella pueden resultar incomprensibles.
Y es que, los gallegos no refunfuñan, rosman. Es decir, no se quejan, rosman bajito, con el ceño fruncido, como dejando claro que algo no les parece bien aunque no quieran decirlo en voz alta. Uno de los motivos de este refunfuñar puede ser que el pan esté reseso, término que hacer referencia a cuando ya no está fresco pero todavía no está duro.
Si alguien esmaga algo, lo aplasta o lo machaca y las personas parvas no son sencillamente «tontas», son inocentes, despistadas, a veces entrañables.
En la cocina tampoco falta el gallego disfrazado de castellano. El cazo es en realidad un recipiente con mango que se utiliza para calentar líquidos, la pota es una olla, el vertedero el fregadero, y el pocillo en donde se toma el café.
Hay otras palabras que forman parte del vocabulario habitual de muchas familias gallegas, aunque no aparezcan en ningún diccionario de español. Por ejemplo, el chicho, esa pequeña coleta que llevan las niñas. O colo, el regazo donde un niño se sienta buscando consuelo.
En muchas casas gallegas se sigue usando el término fallado para referirse al desván. Un espacio de la memoria familiar que guarda juguetes antiguos, mantas viejas y cajas que huelen a historia. Y si alguien ve mal o tiene un ojo torcido, no es simplemente miope o bizco sino que en Galicia está chosco.
Y es que como dicen muchos gallegos, «hay cosas que solo se entienden si naciste en Galicia». Más allá de las cifras sobre su uso, el gallego permanece presente en la vida cotidiana, infiltrado en palabras que resisten al olvido.