Collar de Zonchos

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Los collares de zonchos: la olvidada tradición gallega que liberaba las almas en el Día de Todos los Santos

Cada 1 de noviembre, Galicia se vestía de castañas cocidas y rosarios comestibles para visitar los cementerios

El otoño gallego huele a humo, a tierra húmeda y a castañas asadas. Con la llegada de noviembre, las mesas se llenan de postres elaborados con este fruto que fue, durante siglos, el alimento básico de las aldeas antes de que la patata llegara a los fogones.

No hay Samaín, Magosto ni Día de Todos los Santos que no evoque el sabor dulce de las castañas, presentes tanto en los banquetes como en las ofrendas a los difuntos.

En Galicia, el 1 de noviembre las familias acudían al cementerio a honrar a sus seres queridos, en donde los niños lucían con orgullo sus collares de zonchos, como parte de una de las tradiciones más singulares de esta jornada que hoy muchos intentan recuperar como símbolo de la identidad gallega.

Los collares que liberaban almas

Era en la jornada del Día de Todos los Santos, cuando los collares de zonchos colgaban del cuello de los niños y el aroma del anís llenaba las calles.

Los llamados zonchos son castañas cocidas con su cáscara. Con ellas se elaboraban los populares collares o 'rosarios' que los más pequeños lucían colgándolos al cuello durante el Día de Todos los Santos. Según la tradición, cada castaña del collar representaba un alma liberada del Purgatorio al ser comida. Así, los niños recorrían las calles y los cementerios ofreciendo zonchos a los vecinos como símbolo de solidaridad con los difuntos y de esperanza para los vivos.

La manera en que se preparaban estos peculiares collares era muy sencilla, pero llena de significado. Las castañas se cocían en agua con anís y sal hasta quedar tiernas, era entonces cuando se dejaban enfriar y luego se ensartaban una a una con hilo o bramante, ayudados por una aguja gruesa. Al final del día, los collares se convertían en merienda.

Con el paso del tiempo, los collares de zonchos fueron desapareciendo, aunque algunos ayuntamientos, asociaciones culturales y colegios están intentando recuperar esta peculiar tradición con el fin de mantener viva la práctica como parte del patrimonio inmaterial gallego.

Aunque la tradición de los collares de zonchos ha caído en desuso, su recuerdo sigue presente en la memoria colectiva gallega. Estas sencillas guirnaldas de castañas no solo formaban parte de la celebración del Día de Todos los Santos, sino que también representaban una forma de compartir, recordar y mantener vivo el vínculo con la tierra. Un testimonio de cómo los gestos más humildes pueden convertirse en parte esencial de la cultura popular.

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