Monasterio en el que nació un vino con Denominación de Origen

Monasterio en el que nació un vino con Denominación de OrigenTurismo de Galicia

Cristóbal Colón cruzó el Atlántico con este vino gallego y su origen está en un monasterio

Este cenobio fue durante siglos el verdadero centro neurálgico de la viticultura, una abadía que cambió la historia de Galicia

La vinicultura en Galicia tiene raíces que se remontan a la antigüedad. La región, gracias a su clima húmedo y la variedad de sus suelos, ha desarrollado una diversidad de vinos que van desde los blancos frescos y aromáticos hasta los caldos tintos. Durante siglos, la elaboración del vino no solo ha sido una actividad económica, sino también un elemento cultural que ha influido en las costumbres, la gastronomía y la vida social de los gallegos.

Las diferentes comarcas vinícolas de Galicia, como Rías Bajas, Valdeorras y Monterrei, han sabido conservar técnicas tradicionales mientras incorporan innovaciones que permiten competir en mercados nacionales e internacionales. Y entre ellas hay una comarca que destaca como un territorio que convirtió el cultivo de la vid en un motor económico, social y espiritual mucho antes de la creación de las denominaciones de origen modernas.

Pero su historia no se queda en Europa. Entre documentos y tradiciones emerge una conexión inesperada: su posible presencia en la expedición de Cristóbal Colón en 1492.

El Monasterio que impulso este caldo

El origen de esa tradición hay que buscarlo en el Monasterio de San Clodio, situado a orillas del río Avia. Este cenobio fue durante siglos el verdadero centro neurálgico de la viticultura de la comarca de O Ribeiro, una abadía que cambió la historia de Galicia. Fue motor espiritual, agrícola y cultural y hoy, convertido en hotel, conserva la huella cisterciense que impulsó la viticultura gallega hacia los mercados internacionales del siglo XVI.

Las primeras referencias documentales sitúan una comunidad organizada ya en el siglo X, aunque la tradición remonta su fundación a épocas anteriores. Bajo la regla benedictina y, más tarde, tras su incorporación al Císter en el siglo XII, los monjes introdujeron técnicas agrícolas avanzadas y promovieron el cultivo de la vid, transformando el paisaje y la economía local.

Desde el monasterio se gestionaban tierras, se organizaban cosechas y se articulaban redes comerciales que permitieron la expansión del vino por los principales puertos atlánticos. La arquitectura del conjunto, con su iglesia y sus claustros, es reflejo de la prosperidad que generó esta actividad.

Con el paso de los siglos, el monasterio vivió etapas de esplendor, conflictos y decadencia tras la desamortización del XIX. Hoy, rehabilitado como hotel, mantiene viva la memoria de un lugar donde dieron forma a uno de los vinos más reconocidos de Galicia.

El Ribeiro en las naves de Colón

La hipótesis de que el vino de Ribeiro fue uno de los primeros caldos europeos en llegar a América se apoya en documentos históricos redescubiertos en el Archivo de Simancas en 2006. En ellos, vinculados a los interrogatorios de la llamada ‘Pesquisa de Bobadilla’, aparece el testimonio de un clérigo que viajó a ‘La Española’ con vino procedente de Ribadavia.

El relato describe cómo aquel religioso, enfermo durante la travesía, solicitó a Colón una ración mayor del «buen vino de Ribadavia», petición que el almirante rechazó. La anécdota, aparentemente menor, confirma dos aspectos clave: la presencia de vino gallego en la expedición y el papel fundamental que tenía como alimento básico en los viajes oceánicos, donde se consumía diariamente por su mayor seguridad frente al agua.

Este hallazgo no resulta extraño si se tiene en cuenta el prestigio del Ribeiro en la época. Ya en el siglo XV era uno de los vinos más valorados de la Península, apreciado en la corte y exportado regularmente a Inglaterra, Flandes o Portugal.

Aunque la primera remesa oficial documentada de vino hacia América data de 1502 y procedía de Huelva, hay ciertas investigaciones que permiten considerar que el Ribeiro pudo ser, al menos simbólicamente, el primer vino europeo consumido en el Nuevo Mundo.

Sea como fuere, la denominación sigue defendiendo las variedades autóctonas y el vínculo con el territorio, heredando el conocimiento acumulado durante siglos por monjes, viticultores y comerciantes. Porque antes de ser industria o atractivo turístico, el Ribeiro fue modo de vida, cultura y paisaje.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas