La aldea lucense que vio nacer a Fernando Ónega

La aldea lucense que vio nacer a Fernando ÓnegaWikipedia

La aldea lucense que vio nacer a Fernando Ónega: el origen rural del periodista que marcó la Transición

La muerte de Fernando Ónega deja huérfano a buena parte del periodismo español

La muerte de Fernando Ónega deja huérfano al periodismo español. Fue testigo privilegiado de la historia reciente de nuestro país, analista riguroso de la actualidad y una de las voces más reconocibles de la radio. Pero antes de los focos, de los estudios de televisión y de los grandes titulares políticos, estuvo Mosteiro, una pequeña parroquia del interior lucense donde comenzó todo.

La historia de un pueblo de interior

Mosteiro, o San Salvador de Mosteiro, es la capital del municipio de Pol, en la provincia de Lugo, dentro de la comarca de Meira. Se encuentra a unos 30 minutos en coche de la capital lucense y apenas supera los 200 habitantes en su núcleo urbano, aunque el conjunto del municipio ronda los 1.500 vecinos.

La localidad, rodeada de campos, colinas y robledales, conserva la esencia de la Galicia interior: casas de piedra, hórreos y ritmo pausado. Es el único núcleo urbano del ayuntamiento y concentra los principales servicios, desde el edificio consistorial hasta la residencia de mayores, el Punto de Atención a la Infancia o un complejo deportivo de reciente creación que acoge actividades y concentraciones de equipos de distintas categorías.

El municipio actual nació en 1840, tras la reorganización judicial y provincial. Tomó el nombre de la parroquia de Pol, donde se ubicaba la casa consistorial, hasta que en 1970 el Consejo de Ministros autorizó el traslado de la capitalidad a Mosteiro. Desde entonces, este pequeño enclave se convirtió en el centro administrativo.

La historia de Pol está marcada por vestigios arqueológicos que se reparten por las distintas parroquias tales como mámoas prehistóricas, castros como los de Torneiros o Andión y huellas romanas conservadas en el Museo Arqueológico de Viladonga.

Cada año, Mosteiro celebra una fiesta dedicada a los emigrantes, un homenaje a quienes tuvieron que marcharse sin romper el vínculo con su tierra. Esa conexión emocional con el origen es una constante en la identidad local.

Fernando Ónega, padre de las también periodistas Cristina y Sonsoles Ónega, nunca ocultó que su carácter y su forma de entender la profesión estaban marcados por aquella infancia rural. En Mosteiro aprendió el valor de la palabra dada y del compromiso, principios que luego trasladó a su ejercicio profesional.

Hoy, tras su fallecimiento, el foco vuelve a esa pequeña capital municipal donde comenzó su historia. Un lugar discreto del interior gallego que, sin hacer ruido, forma parte de la memoria política y mediática de España.

Temas

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas