Estado actual del Parque del Observatorio de La Coruña
El parque de La Coruña que pasó de ser la esperanza para los vecinos a un simple césped
El Parque del Observatorio abre al público con múltiples diferencias respecto a las recreaciones virtuales presentadas por el Ayuntamiento
«Que llamen a esto parque... es un parquecito». Este es el comentario que realiza una mujer que pasea por el conocido como Parque del Observatorio de La Coruña, que, tras meses de vallas y maquinaria, ha quedado finalmente abierto al público.
El estreno ha dejado un sabor agridulce porque la realidad del terreno tiene poco que ver con las recreaciones virtuales que el Ayuntamiento había difundido durante la fase de proyecto. Así lo han podido comprobar los vecinos de la zona que estos días se han acercado a comprobar cómo ha quedado esta zona verde.
Lo que en las imágenes digitales era un vergel frondoso de vegetación exuberante y sombras, se ha traducido en una explanada donde predomina el pavimento y los ejemplares arbóreos son, por ahora, meros esqueletos jóvenes que tardarán tiempo en ofrecer el cobijo prometido.
Recreación virtual de lo que iba a ser el parque del Observatorio
Las recreaciones mostraban una densidad boscosa que ocultaba parte de las edificaciones colindantes. En la práctica, el diseño es marcadamente minimalista y diáfano, con grandes superficies despejadas. De hecho, en las recreaciones virtuales figuraba un parque infantil que, una vez abierto, no existe.
Otro problema es que el pavimento no se ha renovado con la obra para abrir al público este espacio, que durante décadas permaneció cerrado al ser un terreno de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).
Larga demanda
La historia de este parque está marcada por actos de rebeldía creativa. Uno de los episodios más recordados ocurrió en junio de 2008, cuando un grupo de residentes del Agra del Orzán —el barrio más denso de la ciudad— llegó a declarar su «independencia» simbólica del Ayuntamiento de La Coruña.
Cansados de no ser escuchados, los vecinos constituyeron el «municipio número 316 de Galicia» ante las puertas del Observatorio, dotándose incluso de bandera y escudo propios para reclamar una zona verde «en condiciones». En aquel entonces, el temor era que una urbanización proyectada devorase el espacio público, una preocupación que ya dividía al barrio entre quienes rechazaban frontalmente las viviendas y quienes las veían como un mal necesario para dar vida a la zona.
Pero la lucha venía de mucho antes. Hay que remontarse al año 2000 para encontrar uno de los actos más emotivos: una concentración de una treintena de niños en el conocido como Campo de la Burra. Aquellos pequeños, que hoy son adultos, plantaron dos árboles simbólicos y portaron flores de cartulina bajo lemas como «Queremos un parque ya». Su objetivo era simple pero ambicioso: tener un lugar donde jugar sin tener que caminar hasta el Monte de San Pedro o Santa Margarita.
El Parque del Observatorio ya es una realidad, pero una realidad mucho más terrenal y menos idílica de la que se proyectó en las pantallas.