Así se adelanta la primavera en Galicia: el jardín que transforma el invierno en espectáculo floral
El jardín de Galicia donde la primavera empieza antes: miles de camelias florecen en pleno invierno
Ha sido reconocido como Jardín de Excelencia Internacional de la Camelia, una distinción que lo sitúa entre los espacios más relevantes de Europa
Galicia cuenta con una rica tradición de jardines históricos asociados a los pazos, que representan la herencia arquitectónica, así como la evolución de su paisaje. Estos espacios reflejan siglos de adaptación de los terrenos y de las familias que los habitaron, combinando diseño paisajístico, elementos decorativos y especies vegetales cuidadosamente seleccionadas.
Entre estas, la camelia se ha convertido en un símbolo distintivo: llegada a Galicia entre los siglos XVIII y XIX, encontró en su clima templado y húmedo un entorno perfecto para florecer, consolidándose como una de las especies más apreciadas y reconocibles de los jardines gallegos.
De entre todos estos jardines destaca el de un pazo situado en pleno corazón de la ría de Arosa. Pazo y jardín conforman un conjunto histórico y botánico que es conocido por un fenómeno singular: aquí la primavera no comienza con el equinoccio, sino semanas antes, cuando miles de camelias empiezan a florecer en pleno invierno y transforman el paisaje en un espectáculo natural poco habitual en Europa.
El origen de este jardín tan peculiar
Nos referimos al jardín del Pazo de Rubianes cuyo origen se remonta a finales del siglo XVII, cuando comenzaron los primeros trabajos de ajardinamiento en el entorno inmediato del pazo, especialmente en la zona conocida como el estanque de las ranas. Durante el siglo XVIII, el espacio experimentó una transformación, ampliándose y organizándose hasta adquirir una estructura más compleja y ordenada. Lejos de ser un proyecto estático, el jardín fue evolucionando a medida que se iban incorporando nuevas especies y adaptándose a las tendencias paisajísticas de cada época.
En la actualidad, el conjunto vegetal se extiende a lo largo de unas 40 hectáreas que combinan jardines ornamentales, zonas de cultivo y áreas de arboleda. Su diseño geométrico evoca a los recorridos laberínticos.
Sin embargo, si hay un elemento que define este lugar es la camelia. El jardín ha sido reconocido como Jardín de Excelencia Internacional de la Camelia, una distinción que lo sitúa entre los espacios más relevantes de Europa en este ámbito. En su interior crecen más de 9.000 ejemplares pertenecientes a unas 800 variedades diferentes. La floración alcanza su punto álgido entre febrero y marzo, aunque comienza ya en invierno, adelantándose a la mayoría de los jardines del continente.
Este adelanto de la floración es lo que convierte a Rubianes en un enclave único. Mientras en otros lugares la vegetación permanece en reposo, aquí el paisaje comienza a activarse. Las camelias, junto a otras especies como magnolios, criptomerias, robles, alcanfores o araucarias, crean una transición progresiva entre estaciones. El invierno no desaparece de forma brusca, sino que se transforma lentamente en primavera, generando una atmósfera que cambia día a día.
Así es el pazo al que pertenece
El jardín no puede entenderse sin el pazo al que pertenece. El edificio tiene su origen en una antigua torre fortaleza vinculada a la familia Caamaño, una de las estirpes fundadoras de Villagarcía de Arosa. Con el paso del tiempo, la construcción fue evolucionando hasta adoptar una estética más cercana a la de los châteaux franceses. Este carácter señorial se mantiene en la actualidad y forma parte del atractivo del conjunto.
La finca alberga uno de los viñedos más extensos de la comarca del Salnés, con cerca de 25 hectáreas dedicadas al cultivo de albariño. Este elemento refuerza la conexión entre el jardín y el territorio, integrando tradición agrícola, cultura vitivinícola y turismo.
En la actualidad, el Pazo de Rubianes forma parte de las rutas de la camelia, un itinerario que recorre algunos de los jardines más destacados de la comunidad gallega. Durante los meses de invierno y comienzos de primavera, el enclave recibe a numerosos visitantes atraídos por la singularidad de su floración.
Más allá de su valor botánico, Rubianes representa una forma de entender el paisaje gallego. Es un lugar donde el paso del tiempo no ha borrado la huella de quienes lo cuidaron.