Interior de una de las habitaciones estándar

Interior de una de las habitaciones estándarWeb Paradores

El hotel gallego escondido en un monasterio del siglo VI que parece sacado de una película

Llegó a albergar a nueve obispos, un hecho excepcional que aún hoy alimenta su leyenda

En Galicia, la recuperación de edificios históricos para usos turísticos se ha consolidado en los últimos años como una de las fórmulas más eficaces para preservar el patrimonio y, al mismo tiempo, dinamizar el territorio. Antiguos monasterios, pazos, fortalezas o casas señoriales que durante décadas permanecieron en desuso han encontrado una segunda vida gracias a su transformación en alojamientos, muchos de ellos integrados en la red de Paradores de Turismo de España. Detrás hay un trabajo de rehabilitación que busca conservar su identidad original en cuanto a sus materiales, estructuras y elementos artísticos, al tiempo que se adaptan a las exigencias actuales en términos de confort, accesibilidad y eficiencia energética.

En Galicia, varios de estos establecimientos ocupan inmuebles antiguos que, tras su restauración, han pasado a formar parte de la oferta turística sin perder su esencia. Es el caso del hotel escondido en una monasterio con más de 1.400 años de historia.

Un monasterio con más de 1.400 años

Nos referimos al Parador de Santo Estevo, también conocido como Parador de San Esteban, se encuentra en el municipio de Nogueira de Ramuín, en plena provincia de Orense. Rodeado por un bosque caducifolio y enclavado entre los ríos Sil y Miño, su ubicación refuerza la sensación de aislamiento y conexión con la naturaleza que define toda la experiencia.

Su valor histórico y artístico llevó a que fuese declarado Monumento Histórico-Artístico en 1923, mucho antes de su transformación en alojamiento turístico. Durante siglos, fue uno de los centros religiosos más influyentes de Galicia, llegando a albergar a nueve obispos, un hecho excepcional que aún hoy alimenta su leyenda.

Sus muros han sobrevivido a guerras, abandonos y transformaciones, pero conservan intacta la esencia de otro tiempo. Durante décadas, Santo Estevo quedó en el olvido. El abandono deterioró parte de la estructura, pero también ayudó a preservar su autenticidad. No fue hasta finales del siglo XX cuando se inició su recuperación.

La transformación en parador respetó la esencia del edificio original, integrando las comodidades actuales sin alterar su carácter histórico. Hoy, es uno de los ejemplos más destacados de rehabilitación patrimonial en España.

El parador dispone de 77 habitaciones, entre dobles, individuales y una suite, muchas de ellas con vistas al cañón del río Sil. El conjunto arquitectónico mantiene elementos originales como su iglesia de base románica con aportaciones góticas. A ello se suman instalaciones como sus jardines, cafetería, spa, salas de reuniones y una propuesta gastronómica de alto nivel que pone en valor el producto local. Un equilibrio entre pasado y presente que convierte la estancia en algo más que una simple escapada.

Descanso y desconexión en su entorno

Quienes se alojan en Santo Estevo no buscan solo descansar. Buscan desconectar. Y es que si el interior del monasterio impresiona, el entorno le aporta un valor añadido. El parador se encuentra en plena Ribeira Sacra, uno de los paisajes más espectaculares y menos masificados de España. Los cañones del Sil, con sus laderas cubiertas de viñedos en terrazas imposibles, crean una estampa que muchos comparan con escenarios de cine, la zona ha sido utilizada en numerosas producciones audiovisuales por su belleza.

Al caer la noche, cuando los visitantes se retiran y el monasterio queda en calma, el lugar recupera parte de su antigua atmósfera monástica. Es entonces cuando el viajero entiende que no está en un hotel cualquiera y cuando la experiencia trasciende el simple alojamiento y se percibe como una propuesta más completa, donde patrimonio, entorno natural y servicios se integran.

La ubicación en la Ribeira Sacra permite además complementar la estancia con actividades como rutas de senderismo, visitas a bodegas o recorridos fluviales por el Sil. Todo ello convierte a Santo Estevo en un destino que combina descanso, turismo cultural y contacto con la naturaleza, con una oferta pensada para distintos perfiles de viajero.

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