Zona por la que se canaliza el agua en A Bouza, Viana do Bolo (Orense)
Las secuelas de las riadas de Orense: manantiales inutilizados, problemas de agua potable y carreteras dañadas
Mientras avanzan las tareas de recuperación, los ayuntamientos trabajan contrarreloj para devolver la normalidad a los municipios afectados
Las devastadoras riadas que azotaron el interior de Galicia el pasado miércoles siguen dejando secuelas en varios municipios de la provincia de Orense. Lo que comenzó como un episodio de lluvias torrenciales se transformó en un auténtico «tsunami» de barro, lodo, piedras y restos vegetales que arrasó infraestructuras, dañó captaciones de agua y dejó incomunicados algunos núcleos de población. Días después, la recuperación avanza, pero el abastecimiento de agua potable continúa siendo uno de los principales problemas en localidades como Vilardevós y Vilamartín de Valdeorras.
El agua, la principal preocupación
En Vilardevós, uno de los municipios más afectados, el manantial que abastece a la población permanece inutilizable tras quedar colmatado por barro, vegetación y escombros arrastrados por la corriente. Además, la riada dañó una de las tuberías que conectan la captación con la red de suministro.
Ante esta situación, el Ayuntamiento ha tenido que activar un pozo de bombeo que permanecía inactivo, aunque preparado para emergencias, con el objetivo de garantizar el suministro a los vecinos. La alcaldesa, Tamara Balboa, ha explicado que el sistema permitió restablecer el servicio mientras se planifican las obras necesarias para recuperar el manantial, situado precisamente en la zona de la sierra donde el impacto de las riadas fue más severo.
El consistorio también dispone de reservas de agua embotellada para repartir entre la población en caso de que la situación se prolongue más de lo previsto.
La situación tampoco es sencilla en Vilamartín de Valdeorras. Allí, las fuertes corrientes provocadas por las lluvias han dejado seriamente dañadas las captaciones de agua potable del municipio.
La alcaldesa, Sherezade Núñez, asegura que prácticamente todas las captaciones municipales han resultado afectadas y que algunos manantiales particulares han quedado directamente destruidos. La falta de masa forestal en zonas castigadas anteriormente por los incendios habría favorecido que las avenidas de agua arrastrasen grandes cantidades de tierra y ramas, sepultando numerosos nacientes.
Aunque las depuradoras no han sufrido daños, el problema radica en que muchos de los puntos de captación han quedado inutilizados y algunos de los puentes que permitían acceder a ellos desaparecieron por completo.
De hecho, en localidades como Valdegodos y Arcos fue necesario instalar conducciones provisionales para restablecer el flujo de agua. La Confederación Hidrográfica Miño-Sil evaluará en los próximos días los daños para determinar las actuaciones de emergencia necesarias.
Carreteras reabiertas parcialmente
Más allá del abastecimiento de agua, las comunicaciones continúan siendo otro de los frentes abiertos. En Vilardevós, los accesos quedaron despejados pocas horas después de la riada gracias a la retirada de árboles y obstáculos por parte de los servicios municipales.
Sin embargo, en Viana do Bolo todavía persisten algunas complicaciones. Brigadas de la Diputación de Orense continúan trabajando para retirar las toneladas de tierra, piedras y troncos que las lluvias arrastraron sobre varias carreteras de la zona.
La vía O-0903 ya ha sido reabierta al tráfico, aunque se recomienda circular con precaución. No obstante, la carretera O-0904, entre Soane y A Bouza, sigue cerrada debido a la magnitud de los daños y a la gran cantidad de materiales acumulados sobre la calzada.
Mientras continúan las labores de limpieza, el tránsito por este tramo queda limitado a la maquinaria de obras y a posibles vehículos de emergencia. Pese a ello, los accesos a los núcleos de Pixeiros, A Bouza y Padrocabalos ya han sido restablecidos.
La zona marcada por incendios y riadas
Las localidades afectadas comparten además una circunstancia que agrava las consecuencias de estos fenómenos extremos: muchas de las zonas más castigadas por las inundaciones ya habían sufrido los incendios forestales del pasado verano.
La desaparición de parte de la cubierta vegetal habría facilitado el arrastre masivo de tierras y sedimentos durante las lluvias torrenciales, multiplicando los daños sobre manantiales, carreteras e infraestructuras básicas.
Mientras avanzan las tareas de recuperación, los ayuntamientos trabajan contrarreloj para devolver la normalidad a unos municipios que, apenas un año después de los incendios, vuelven a enfrentarse a una emergencia de gran magnitud.