Mucho más que marisco: los cuatro quesos gallegos con Denominación de Origen que triunfan dentro y fuera de España
El oro blanco de Galicia: los cuatro quesos con denominación de origen que deberías probar
Aunque comparten origen lácteo, cada uno posee una personalidad propia
Cuando se habla de gastronomía gallega, el protagonismo suele recaer en el marisco, los vinos o las carnes. Sin embargo, entre montañas, campos y explotaciones ganaderas repartidas por toda la comunidad, Galicia ha construido a lo largo de los siglos una tradición quesera que hoy es una de las más importantes de España. No en vano, comparte con Asturias el liderazgo nacional en número de quesos amparados por Denominación de Origen Protegida (DOP), un reconocimiento que certifica la calidad de sus productos.
La historia del queso gallego está ligada al mundo rural. Elaborados principalmente con leche de vacas de raza frisona, rubia gallega y pardo alpina, estos productos han acompañado durante generaciones la vida de miles de familias. Aunque comparten origen lácteo, cada uno posee una personalidad propia, marcada por el paisaje, el clima y las técnicas tradicionales de elaboración.
Estas son los quesos con DOP
Actualmente, Galicia cuenta con cuatro quesos con Denominación de Origen Protegida: Arzúa-Ulloa, Tetilla, Cebreiro y San Simón da Costa.
El Arzúa - Ulloa tiene su origen en el corazón de la comunidad gallega. Su zona de elaboración abarca más de una treintena de municipios distribuidos entre las provincias de La Coruña, Lugo y Pontevedra, convirtiéndose en una de las denominaciones más extensas del territorio gallego. Su principal seña de identidad es una pasta blanda y cremosa, acompañada de un sabor suave y equilibrado que lo convierte en uno de los quesos más versátiles de la cocina gallega. Puede elaborarse con leche cruda o pasteurizada y requiere un período mínimo de maduración de seis días.
Dentro de esta denominación existen además diferentes variedades. Destaca el Arzúa-Ulloa de Granja, elaborado exclusivamente con leche procedente de la propia explotación ganadera, así como el Arzúa-Ulloa Curado, cuya maduración prolongada intensifica notablemente sus aromas y matices.
En las montañas orientales de Lugo se produce uno de los quesos más singulares de España. El Cebreiro es fácilmente reconocible por su peculiar forma, similar a una seta o a un gorro de cocinero, una imagen que lo diferencia de cualquier otro queso del mercado.
Queso Cebreiro
Su historia es tan llamativa como su aspecto. Durante siglos fue un producto muy apreciado, llegando incluso a formar parte de las mesas de la nobleza. Sin embargo, el descenso de la producción durante buena parte del siglo XX estuvo a punto de hacerlo desaparecer. La creación de la DOP permitió recuperar esta tradición artesanal y devolver al mercado un queso que hoy vuelve a gozar de prestigio.
Su textura cremosa, su sabor ligeramente ácido y sus notas que pueden llegar a ser ligeramente picantes lo convierten en una experiencia muy diferente al resto de quesos gallegos. Puede encontrarse tanto fresco como curado, siendo esta última versión más intensa y compleja.
Tetilla, el queso gallego más conocido
Pocos productos gastronómicos gallegos resultan tan reconocibles como el queso Tetilla. Su característica forma cónica, de la que toma su nombre, ha contribuido a convertirlo en uno de los grandes símbolos culinarios de la comunidad gallega.
A diferencia de otras denominaciones, su área de producción abarca todo el territorio gallego. Elaborado también con leche de vaca procedente de las principales razas ganaderas de la comunidad, destaca por una corteza fina y elástica y por una pasta extremadamente cremosa y uniforme. Su aroma suave, ligeramente ácido, y su sabor mantecoso con un delicado toque salado explican gran parte de su éxito comercial. Es uno de los quesos gallegos más exportados y uno de los que mejor representa la identidad gastronómica de Galicia.
Y por último, y no por ello menos importante, si hay un queso capaz de sorprender a quienes lo prueban por primera vez, ese es el San Simón da Costa. Originario de la comarca lucense de Terra Chá, este producto se distingue por una elaboración que incorpora una fase de ahumado tradicional con madera de abedul.
Su forma recuerda a una bala o a un pequeño cono estilizado, pero es su aroma el que realmente marca la diferencia. Las notas ahumadas se combinan con matices que evocan frutos secos, madera e incluso los antiguos hogares rurales donde tradicionalmente se elaboraba. El resultado es un queso de pasta firme y textura grasa, con un sabor complejo y elegante que ha conquistado tanto a cocineros como a aficionados a la gastronomía.
En una tierra famosa por sus mariscos, vinos y carnes, los quesos han logrado hacerse un hueco propio. Y quienes los prueban suelen repetir.