La torre que respira con el viento

La torre que respira con el vientoAyuntamiento de Ponteceso

La torre que 'respira' con el viento: el mirador de la Costa de la Muerte que parece moverse bajo tus pies

Un mirador singular, envuelto en leyenda, viento y una curiosa sensación de movimiento que muchos aseguran percibir en su cúspide

Galicia es una tierra donde los paisajes parecen competir entre sí en espectacularidad. La comunidad gallega es un catálogo infinito de lugares que desafían la lógica y la gravedad. Pero entre todos ellos, hay rincones que sorprenden no solo por lo que se ve, sino por lo que se siente.

Uno de los más impactantes se encuentra en el municipio de Ponteceso. Un mirador singular, envuelto en leyenda, viento y una curiosa sensación de movimiento que muchos aseguran percibir en su cúspide.

Un gigante de hormigón como mirador

Hablamos de la Torre del Monte del Faro de Brantuas, en el municipio coruñés de Ponteceso, una imponente mole de hormigón que, pese a su nombre, nunca fue un faro. Blanca, estrecha y visible desde varios puntos de la comarca, la construcción se eleva sobre el monte do Faro, a 231 metros de altitud, coronada por una imagen del Sagrado Corazón de Jesús que domina el paisaje de la Costa de la Muerte.

Subir hasta su cima es parte esencial de la experiencia y no resulta apto para quienes sufren vértigo o claustrofobia. El acceso se realiza a través de una angosta escalera de caracol de 133 peldaños que serpentea por el interior de la torre. Durante la ascensión, pequeñas aberturas en las paredes permiten contemplar el exterior, medir la altura alcanzada y tomar aire antes del tramo final.

La torre que “respira” con el viento

La torre que «respira» con el vientoPaginas gallegas

La recompensa llega en lo más alto, a 39 metros sobre la base del monumento, donde se abre un espectacular mirador de 360 grados. Desde allí, la vista abarca la ría de Corme, el interior verde de Ponteceso y el abrupto litoral atlántico, con enclaves emblemáticos como Punta Nariga recortándose sobre el horizonte.

Levantada a mediados del siglo XX por iniciativa del emigrante gallego Ricardo Pose Ouréns, la torre nació como un homenaje religioso. En la base de la torre se conservan varias tallas religiosas vinculadas a la tradición local, entre ellas representaciones de San Julián, Santiago Apóstol y la Virgen del Faro, que refuerzan el carácter espiritual del enclave.

Con el paso de las décadas, aquella construcción impulsada por devoción acabó transformándose en uno de los miradores más singulares y fotografiados del lugar. La capilla cercana y las antiguas tradiciones marineras, como los rituales para pedir buen tiempo, completan su magia.

La torre que 'se mueve' con el viento

Uno de los elementos que más ha contribuido a la fama del mirador es la percepción de que la estructura se balancea cuando sopla el viento. No se trata de un riesgo estructural, sino de una característica que algunos visitantes aseguran notar especialmente en días de nordeste.

Esa ligera oscilación, sumada a la altura y la exposición al viento de la Costa de la Muerte, provoca una sensación de vértigo que convierte la experiencia en algo único.

Uno de los detalles que sorprende a muchos visitantes es que el acceso a la torre es completamente gratuito. Esto ha contribuido a que, en los últimos años, se haya convertido en un destino cada vez más popular entre excursionistas, fotógrafos e incluso creadores de contenido en redes sociales, que destacan tanto sus vistas como la peculiar experiencia de ascenso.

A pesar de su creciente fama, el lugar conserva un ambiente tranquilo, casi escondido, que refuerza el atractivo de muchos lugares de Galicia.

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