La piscina natural gallega con aguas “milagrosas”

La piscina natural gallega con aguas «milagrosas»Turismo de Galicia

La piscina natural de Galicia donde bañarse gratis durante todo el año

Situada en el municipio lucense de Mondoñedo que cada vez despierta más interés entre quienes buscan escapadas diferentes

Galicia mantiene desde hace siglos una estrecha relación con el agua. No solo con el mar que define su costa, sino también con sus manantiales, pozas termales y fuentes minerales repartidas por todo el territorio. Desde Orense hasta pequeños rincones escondidos entre montañas, las aguas termales forman parte de la cultura gallega y de una tradición vinculada al descanso, la salud y el bienestar.

Algunos nacieron alrededor de antiguos balnearios y otros permanecieron durante décadas como lugares casi secretos, conocidos únicamente por la población local. Sin embargo, el auge del turismo de naturaleza ha convertido a estas piscinas naturales en uno de los grandes atractivos de Galicia. En cualquier época del año, especialmente durante los meses más fríos, reciben visitantes que buscan disfrutar de aguas templadas al aire libre en entornos rodeados de naturaleza.

Esta es la poza con aguas a 40 grados

Entre esos lugares destaca un rincón poco conocido que enamora tanto por su belleza como por la experiencia que ofrece. Se trata de la conocida como Charca del Alligal, situada en el municipio lucense de Mondoñedo. Este espacio natural se ha ganado fama por las propiedades atribuidas a sus aguas sulfurosas.

Desde hace tiempo ya, vecinos y visitantes acuden hasta esta piscina natural convencidos de sus beneficios para la piel y el bienestar general. La tradición popular sostiene que estas aguas pueden ayudar a aliviar afecciones dermatológicas y problemas reumáticos, una creencia que ha acompañado al lugar durante décadas.

Pero más allá de las propiedades del agua, el entorno se ha convertido en uno de los grandes atractivos de este enclave natural. Rodeado de abundante vegetación y en plena naturaleza, el sonido constante del agua y la tranquilidad que se respira en la zona transforman este espacio en un refugio ideal para desconectar del ritmo acelerado del día a día.

Uno de los aspectos que más sorprende a quienes la visitan es que puede disfrutarse durante cualquier época del año. Aunque el verano concentra buena parte de las visitas, muchos habituales recomiendan acudir en invierno. Con las bajas temperaturas exteriores, el contraste con el agua templada crea una sensación agradable y relajante.

Así comenzó a utilizarse esta piscina

La historia de la Charca del Alligal, se remonta a comienzos del siglo XX. Fue en torno al año 1900 cuando se construyó la primera piscina de piedra, mucho más pequeña que la actual. En aquella época, las instalaciones estaban separadas por sexos y el acceso se realizaba mediante una sencilla escalera excavada en roca. A pesar de la modestia de aquellas primeras estructuras, el lugar pronto comenzó a convertirse en un punto de referencia para quienes buscaban alivio en sus aguas minerales.

Con el paso de los años, fue creciendo y mejorando sus instalaciones, aunque manteniendo siempre su esencia natural. Hoy continúa siendo uno de esos lugares que se mantienen lejos del turismo masificado y de los grandes complejos termales.

Galicia cuenta con numerosos espacios termales conocidos internacionalmente, especialmente en la provincia de Orense, considerada una de las grandes capitales termales de Europa.

Y el auge del turismo de bienestar y de naturaleza ha contribuido además a que este tipo de destinos gane popularidad en los últimos años. Cada vez más viajeros buscan experiencias relacionadas con la relajación, la desconexión y los entornos naturales, y Galicia reúne condiciones para ello gracias a su riqueza hídrica y paisajística.

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