Estos son los cañones que Fernando VII compró al zar de Rusia y que siguen vigilando Vigo

Estos son los cañones que Fernando VII compró al zar de Rusia y que siguen vigilando VigoEuropa Press

Estos son los cañones que Fernando VII compró al zar de Rusia y siguen custodiando Vigo

La restauración impulsada por el Ayuntamiento de Vigo, con una inversión de 32.000 euros

Hay lugares que cuentan la historia de una ciudad sin necesidad de entrar en un museo. En Vigo, uno de ellos es el monte del Castro. Desde lo alto de este parque, convertido hoy en uno de los grandes miradores de la ciudad, se contempla la ría, pero también se puede recorrer buena parte de la historia de Vigo: desde los primeros pobladores que se asentaron aquí hace más de dos mil años hasta las fortificaciones levantadas para proteger uno de los enclaves estratégicos de la costa gallega.

Y entre todos los elementos que sobreviven en este lugar hay dos que pasan muchas veces desapercibidos. Son dos cañones situados junto a la entrada principal de la fortaleza por la calle Rosalía de Castro. Acaban de recuperar su aspecto después de una restauración impulsada por el Ayuntamiento de Vigo, con una inversión de 32.000 euros.

Esta es su peculiar historia

Estos cañones están vinculados a una de las operaciones más singulares de la España de Fernando VII; la compra de una flota de guerra al zar Alejandro I de Rusia.

Para entender cómo llegaron estas piezas hasta Vigo hay que viajar hasta 1817. Fernando VII acababa de recuperar el trono después de la expulsión de las tropas napoleónicas y España se encontraba con una Armada muy debilitada tras años de guerra. El monarca decidió reforzar la flota y llegó a un acuerdo con la Rusia zarista. España adquirió cinco navíos de línea de 74 cañones y tres fragatas de 40 cañones, por un precio de 13,6 millones de rublos.

La operación, sin embargo, no salió como esperaba. Los barcos rusos no respondieron a las expectativas y tuvieron que ser desartillados. Pero sus cañones todavía podían tener utilidad para un país que necesitaba reforzar sus defensas. Las piezas de artillería fueron repartidas por distintas fortificaciones costeras españolas. Dos de ellas terminaron en Vigo, donde fueron colocadas en la entrada de la fortaleza del Castro. Y ahí permanecieron durante generaciones.

Su función era, fundamentalmente, disuasoria. Su presencia en la entrada de la fortaleza servía para mostrar la capacidad defensiva del recinto ante posibles amenazas. Hoy, más de dos siglos después de aquella compra entre Fernando VII y el zar Alejandro I, aquellas piezas vuelven a ocupar su lugar.

Eso sí, la pieza que el visitante contempla en la actualidad no es íntegramente rusa. La cureña, el soporte de madera sobre el que descansa el cañón, tiene procedencia inglesa y está datada entre los siglos XVII y XIX, según la información histórica situada en el acceso al castillo.

La posición estratégica del Castro hizo que el monte fuese testigo de algunos de los episodios más importantes de la historia de Vigo. La ría quedó marcada, por ejemplo, por la batalla de Rande de 1702, uno de los grandes episodios navales de la historia de Galicia. Décadas después, las fortificaciones de Vigo volverían a adquirir protagonismo durante la invasión napoleónica.

El visitante que llegue al Castro puede contemplar hoy unas piezas que parecen formar parte del paisaje desde siempre, pero que en realidad esconden una historia que conecta Vigo con la España de Fernando VII y con la Rusia del zar Alejandro I y que después de más de doscientos años, vuelven a custodiar la entrada de la fortaleza desde la que Vigo lleva siglos vigilando su ría.

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