Papeletas en un colegio electoral de Córdoba
La abstención: el elefante en la salita comedor de las elecciones andaluzas
Los que decidan no votar este domingo tendrán un peso importante en Córdoba, una de las provincias en las que el PP se juega la mayoría
La política española lleva años instalada en una paradoja extraña: todo el mundo habla de encuestas, de bloques, de pactos, de candidatos o de mayorías absolutas, pero casi nadie presta demasiada atención a quienes sencillamente deciden no votar. Incluso parece incómodo abordar el tema antes de la propia cita electoral. Sin embargo, en unas elecciones como las andaluzas de este domingo, la abstención puede terminar teniendo más importancia en provincias como Córdoba que muchos mítines y varios debates juntos.
No es una teoría. Los datos de las tres últimas elecciones autonómicas muestran cómo la participación ha ido cayendo de forma sostenida tanto en Andalucía como en Córdoba. En 2015 votó el 63,94 por ciento del electorado andaluz; en 2018 la cifra cayó hasta el 58,65 y en 2022 volvió a bajar ligeramente hasta el 58,36. En la provincia cordobesa ocurrió algo parecido: del 67,15 por ciento de participación en 2015 se pasó al 62,16 en 2018 y al 62,51 en 2022, según los datos oficiales de la Junta de Andalucía y el Ministerio del Interior.
Ese descenso de participación no es un simple dato estadístico. Puede decidir gobiernos. Y especialmente en Córdoba. El último barómetro del Centro de Estudios Andaluces situaba precisamente a esta provincia como una de las circunscripciones donde el reparto final de escaños continúa abierto y donde Vox podría arrebatarle un diputado al PP. Un puñado de miles de votos —o de abstenciones— puede cambiar el último escaño provincial y, con él, acercar o alejar la mayoría absoluta de Juanma Moreno.
El problema es que la abstención no responde a una sola causa. Detrás puede haber apatía, cansancio, dificultades para acudir al colegio electoral, una protesta silenciosa o incluso exceso de confianza en que el resultado ya está decidido.
Motivos para no votar
Marta Hidalgo tiene 29 años y trabaja como cajera en un supermercado de Huerta de la Reina. Este domingo no piensa votar. Lo cuenta sin dramatismo y casi sin enfado. «No me interesa la política, la verdad. Todos me parecen iguales. Creo que sólo he votado una vez, con 18, porque me hacía ilusión y poco más. No creo que mi voto cambie mucho la cosa».
Su caso encaja bastante bien con una de las explicaciones clásicas de la abstención: la desafección política. José Luis Fernández Martínez, científico titular del Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA), sostiene que «bajos niveles de confianza hacia las instituciones políticas se traducirían en un menor sentimiento de eficacia política externa. Es decir, baja confianza en los políticos, los partidos, y las instituciones para cambiar las cosas que nos preocupan como ciudadanos»
Fernández Martínez explica que esa sensación suele ir acompañada de una percepción de inutilidad del propio voto. «Un balance muy negativo influiría en una mayor abstención», señala. Y añade algo importante para entender el momento político actual: «Normalmente, los sectores de la izquierda esperarían más de las instituciones públicas por lo que el riesgo de un balance más negativo entre lo que se espera y lo que se observa es mayor».
La idea aparece de forma recurrente en la sociología electoral española desde hace décadas: la abstención suele castigar más a la izquierda que a la derecha. Aunque el investigador introduce matices. «Lo que suele decirse es que una subida importante en la participación total puede ser una señal de una mayor movilización en el electorado de izquierdas. Esto se dice porque el electorado de derechas suele ser más constante en la probabilidad de acudir a votar». No obstante, advierte de que la fuerte polarización política de los últimos años está alterando parcialmente ese patrón y también está consiguiendo movilizar más al electorado conservador.
En Córdoba capital esas diferencias llevan años siendo visibles. Los análisis elaborados a partir de datos oficiales de secciones censales muestran habitualmente mayores niveles de participación en zonas como El Brillante, Arruzafilla o partes de Poniente, mientras que zonas del Distrito Sur, o barrios como Moreras o Palmeras suelen registrar índices de abstención notablemente superiores.
El investigador del IESA recuerda que «la abstención electoral puede interpretarse como una de las consecuencias de la desigualdad económica y social». Y lo relaciona con una explicación clásica de la ciencia política: la movilización de recursos. «Aquellas personas con más tiempo, capacidades y contactos desarrollan un mayor sentimiento de eficacia política interna», afirma. «Normalmente las personas con más ingresos, nivel educativo y capital social son las que suelen reunir más recursos, sintiéndose más eficaces políticamente y por tanto más motivadas para participar en política, incluyendo votar».
Eso ayuda a explicar por qué abstención y precariedad suelen aparecer relacionadas en muchos estudios sociológicos. Y también por qué determinados barrios participan mucho menos que otros.
Los que se confían
Pero no toda abstención nace del desencanto. A veces es simple comodidad. O exceso de tranquilidad.
Fernando es un notario cordobés de mediana edad que tampoco votará este domingo. En su caso no hay hartazgo ni su decisión supone una protesta política. «No voy a votar porque me voy de viaje y no voy a aplazarlo por eso. Se me pasó pedir el voto por correo y ya me quedo sin votar». Después añade algo que encaja perfectamente con uno de los grandes miedos que existen ahora mismo en el PP andaluz: «Aunque he votado siempre, esta vez me daba más igual porque las encuestas dicen que ganará el partido que quiero. Mi voto no cambiará nada y no voy a hacer un esfuerzo extra».
Esa sensación de victoria casi asegurada es precisamente uno de los elementos que más preocupa a los equipos de campaña populares. Las encuestas sitúan al PP como claro favorito, pero al mismo tiempo la dirección popular lleva días insistiendo en movilizar a su electorado para evitar relajaciones. Saben que la mayoría absoluta podría depender de unos pocos miles de votos en provincias como Córdoba.
Es una desmovilización por exceso de confianza. Cuando una parte del electorado cree que el resultado está decidido, disminuye su incentivo para acudir a votar.
Los que, simplemente, no pueden
Hay otra abstención mucho menos visible y bastante más frustrante: la involuntaria. La de quienes quieren votar y no pueden hacerlo.
María, vecina de Mirabueno, aprobó recientemente una oposición y se trasladó a vivir a Motril. Sigue empadronada en Córdoba y solicitó el voto por correo, pero finalmente no podrá ejercerlo. «No voy a votar porque no quiera —porque votaría y sabría a quién—, pero es que, claro, si no me llega no puedo hacer nada. Es la primera vez que votaba por correo».
Pidió la documentación a comienzos de la pasada semana para recogerla en Correos, pero asegura que no ha recibido ninguna notificación. «No puedo ir este fin de semana a Córdoba», explica.
Ese tipo de abstención apenas aparece en los análisis demoscópicos, pero también existe y termina engordando las cifras finales de participación.
La incógnita del próximo domingo
Fernández Martínez cree que la abstención continúa siendo una de las grandes incógnitas de estas elecciones andaluzas. «La mayoría de los sondeos no suelen publicar la estimación de participación», explica. Y advierte de que eso tiene implicaciones importantes porque «a mayor o menor participación saben perfectamente que los datos pueden cambiar».
El investigador apunta además que muchas agencias demoscópicas trabajan internamente con cálculos de participación aunque luego no los hagan públicos. «Sería interesante realizar más estudios sobre cómo afecta a la intención de ir a votar el hecho de publicar sondeos con o sin estimación de la participación para que los ciudadanos pudiesen conocer los efectos de la abstención».
Las previsiones actuales, sacadas a partir de la predisposición para ir a votar recogida por organismos como el CIS o el Centra, sitúan la participación apenas «en poco más del 60 por ciento», recuerda el experto, «siendo esta una participación no muy alta».
Una manera de protestar
La abstención tampoco significa apatía necesariamente. Existe incluso una abstención política y consciente, utilizada como forma de protesta. «Surgió otra explicación que tiene que ver con la abstención como protesta», explica Fernández Martínez. «Existe un grupo de ciudadanos críticos, no desafectos sino insatisfechos con el sistema político».
Según el investigador, ese perfil suele corresponder a personas con estudios, interés político y cierto capital social, pero que tras varias convocatorias sin percibir cambios suficientes terminan alejándose de las urnas.
Todo eso ocurre además en un contexto político muy distinto al de hace una década. La polarización actual, explica el investigador del IESA, ya no funciona únicamente generando rechazo, sino también movilización emocional. «El tipo de polarización que vivimos actualmente es más de tipo afectiva y está siendo promovida principalmente por los partidos de extrema derecha para movilizar a su electorado. Y está funcionando».
Sobre Andalucía, su diagnóstico es bastante claro: «La abstención parece afectar sobre todo a la izquierda y especialmente al PSOE. Habrá que esperar a las encuestas postelectorales para conocer más las causas, pero todo parece indicar que la estrategia de optar por antiguos ministros y ministras del gobierno no está dando buenos resultados», señala el investigador del IESA, y añade que «la competencia entre Por Andalucía y Adelante Andalucía parece estar movilizando ligeramente al electorado a la izquierda del PSOE, posiblemente más como acto autorreferencial que como estrategia de coaliciones postelectorales».
José Luis Fernández Martínez prefiere no aventurar qué consecuencia concreta podría tener esa movilización sobre el resultado final. «Entrando en el posible efecto de una mayor participación, y sobre todo de una mayor movilización a la izquierda del PSOE, no me atrevería a decir cómo afectaría a la probabilidad de formación de un gobierno de mayoría absoluta del PP o de coalición con Vox», señala el investigador del IESA-CSIC.
La incertidumbre alcanza incluso a quienes llevan semanas midiendo el pulso electoral andaluz. «Supongo que esta es la gran incógnita que muchas agencias demoscópicas y partidos políticos están tratando de averiguar».
Cuando este domingo se cierre el escrutinio, no sólo se analizarán los votos. También se mirará a quienes decidieron quedarse en casa. O no pudieron votar. O pensaron que no servía para nada hacerlo. La mayoría absoluta puede terminar dependiendo también de ellos.