Isabel Lozano y Beki, en un salón del Centro de Emergencia Habitacional de Córdoba

Isabel Lozano y Beki, en un salón del Centro de Emergencia Habitacional de CórdobaJC

El Centro de Emergencia Habitacional cumple un año dando soluciones

Hasta el momento se han beneficiado 28 familias de este recurso del Ayuntamiento de Córdoba

Sólo lleva un año en funcionamiento y ya ofrece un balance positivo. Se trata del Centro de Emergencia Habitacional, situado en uno de los pabellones del antiguo Hospital Militar, y cuyo objetivo es solucionar con rapidez el problema a quien se ha quedado sin vivienda.

Aunque después de muchos avatares las obras terminaron en abril del pasado año, no fue hasta junio cuando abrió sus puerta. Cuatro familias desalojadas de sus viviendas en julio del pasado año por el incendio que hubo en las inmediaciones del Castillo de la Albaida fueron las primeras en hacer uso de estas instalaciones. Sólo estuvieron 24 horas pero fueron suficientes para comprobar que el centro cumplía su misión.

Isabel Lozano, en el Centro de Emergencia Habitacional de Córdoba

Isabel Lozano, en el Centro de Emergencia Habitacional de CórdobaJC

Desde ese momento, han pasado 28 familias, con un total de 79 personas, con una estancia media de cinco meses y medio. Su directora, Isabel Lozano, explica que a quien llega al Centro de Emergencia Habitacional se le ofrece alojamiento, luz, agua y wifi. El resto tiene que correr de su cuenta.

La llegada

Al cruzar la puerta, ya llegan con un diagnóstico de los Servicios Sociales Municipales y en el centro se les vuelve a evaluar y se les hace «un plan de atención individualizada porque cada uno tiene una necesidad y se ven las vulnerabilidades que tienen».

Otra característica que tienen los usuarios de este servicio es que han perdido su red de apoyo y no tienen con quien contar. Entre ellos, las familias monomarentales son las más vulnerables.

«Anímicamente llegan muy mal», explica la directora, quien añade que «unos, con alivio por salir de una situación pero llegan mal, desorientados». Por este motivo, durante la primera semana se les deja que se adapten a su nuevo entorno y «no comenzamos a trabajar con ellos hasta que no baja el estrés y están receptivos a ver dónde estamos y cómo hay que trabajar para salir de esta situación».

Centro de Emergencia Habitacional de Córdoba

Centro de Emergencia Habitacional de CórdobaLa Voz

En estos primeros días trabajan el denominado miedo inicial, que Lozano describe como «paralizante, porque no saben qué va a suceder mañana». Superada esta etapa, el equipo técnico del Centro de Emergencia Habitacional comienza a trabajar en el futuro de los residentes.

Por esta razón, Isabel Lozano explica que «el criterio es que vengan con una autonomía»; es decir, que cuenten con ingresos para la compra de alimentos y para iniciarse en la cultura del ahorro. «Casi la totalidad tiene empleo, aunque temporal o a media jornada», pero esto sirve como punto de partida para adquirir nuevos hábitos.

Centro de Emergencia Habitacional de Córdoba

Centro de Emergencia Habitacional de CórdobaLa Voz

Algunos llegan por desahucio, pero la directora matiza que «pensamos que hay un impago pero no es así», ya que se pueden dar otros motivos, como la subida del alquiler o la no renovación del contrato y «casi el 100 por cien prefieren salir de la casa antes de hace un impago».

A partir de ahí surge el problema de encontrar una vivienda asequible, algo prácticamente imposible en la actualidad. El personal del centro les hace poner los pies en el suelo y buscar algo acorde a sus condiciones. Y lo encuentran. En la mañana de ayer, una joven informó a Isabel Lozano de que la habían avisado para firmar el contrato, lo que significa que dentro de poco dejará el Centro de Emergencia Habitacional.

El perfil de los beneficiarios de este recurso en su primer año de funcionamiento es el de personas con una edad que no supera los 45 años. La franja de edad de las mujeres con hijos a su cargo está entre los 23 y los 33 años, con un sueldo de unos 900 euros, «que no les permite vivir solas ni mantener una vivienda».

En los primeros días se les explican las reglas del juego, que quedan firmadas en un acuerdo, y que consiste en que se tienen que responsabilizar del mantenimiento del apartamento, que tienen que ahorrar y que a los seis meses tienen que salir del centro. Este plazo se ha ampliado excepcionalmente en cuatro ocasiones porque se sabía que la solución estaba al caer en cuestión de días. La relación entre los distintos residentes también es fundamental y hastas ahora «no hemos tenido ni un problema de convivencia».

El caso de Beki

En este año, un día llegó Beki al Centro de Emergencia Habitacional. Esta nigeriana llegó con tres hijos de 16, 15 y 13 años de edad porque «mi piso se estaba cayendo y la propietaria no quería arreglarlo y el Ayuntamiento me dijo que tenía que salir».

Beki, en el Centro de Emergencia Habitacional de Córdoba

Beki, en el Centro de Emergencia HabitacionalJC

Beki pasó casi seis meses bajo este techo y ahora vuelve con el agradecimiento de haberle cambiado la vida. Mientras sus hijos seguían yendo a clase al IES Averroes, ella recibía ayuda para encontrar una nueva vivienda y finalmente la encontró. Aunque el primer intento no resultó fructífero, al segundo AVRA le concedió una vivienda.

Antes, esta nigeriana trabajaba en el sector de la ayuda a domicilio pero de forma irregular. En el Centro de Emergencia Habitacional le aconsejaron hacer un curso sobre esta materia y ahora, con su titulación, ha conseguido un contrato en Atende para hacer sustituciones aunque confía en que mejorará con el paso del tiempo.

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