Fotograma de 'Ladrón de bicicletas'
El portalón de San Lorenzo
Ladrones de bicicletas de ayer y de hoy
En muy pocos deportes se daba este sacrificio personal de los llamados, sin ningún ánimo despectivo, gregarios
En la gris Roma de la posguerra, Antonio, un obrero en paro, consigue un trabajo pegando carteles a condición de que posea una bicicleta para poder desplazarse por toda la ciudad. A duras penas, empeñando sus pocas pertenencias, consigue comprarse una, pero en su primer día de trabajo se la roban. Es así como comienza la «odisea» por las calles romanas de Antonio junto con su hijo Bruno por recuperar la bicicleta mientras su esposa María espera en casa junto con su otro hijo. A pesar de lo sencillo de este argumento, 'Ladrón de bicicletas' ('Ladrones de bicicletas' en el original italiano) es, sin duda, una conmovedora e imperecedera obra maestra del cine.
Para este humilde trabajador la bicicleta lo era todo, como lo fue para muchos que tenían que recorrer largas distancias para llegar a sus puestos de trabajo. Ese era el caso de la Electromecánica, donde entre los años 50 y 60 del siglo XX llegué a conocer nada menos que seis hangares repletos de bicicletas donde permanecían colgadas durante la jornada laboral. La bicicleta era la única alternativa a los autocares de la empresa, de los que hablamos en otro artículo. Sorprendía que al sonar la sirena que anunciaba la salida de los relevos cada trabajador, con una agilidad pasmosa, distinguiera sin titubeos y cogiese su bicicleta en medio de ese enjambre de vehículos allí colgados. Y cuando salían en tropel aquello no tenía nada que envidiar en cantidad a ninguna prueba ciclista.
Aquellos ciclistas
Al igual que estos trabajadores encontraban en la bicicleta un medio fundamental de transporte, para unos muy pocos elegidos también suponía su forma de ganarse la vida. En muchos casos el paso de un estado a otro era casi directo, porque gran parte de los que llegaron a ciclistas profesionales esos años habían tenido que usar la bicicleta como su herramienta para ganarse un jornal haciendo recados desde niños. Ahí estaban el gran Bahamontes (primer ganador español en el Tour) o el recientemente fallecido este verano Bernardo Ruiz (primer español en un podio del Tour), que se habían curtido pedaleando duramente en esas calles, cuestas y caminos polvorientos de sus localidades.
Todos veíamos en el NODO aquellas escenas de ciclistas sufriendo en terribles etapas, con desniveles, frío, nieve, agua y viento. Cómo luchaban, a veces sólo por llegar a la meta como fuese, las peligrosas caídas, los desfallecimientos... A mí lo que más me llamaba la atención era que, salvo unos pocos líderes, la gran mayoría de esos deportistas no pasaban del anonimato. Trabajaban en sus equipos para sus jefes, que eran los que optaban al triunfo final y los reconocimientos públicos. Y si los veíamos fugazmente en televisión, casi todos iguales, indistinguibles bajo sus gorras, era porque se ponían a tirar un momento de sus líderes, les daban un bidón de agua o de comida, o incluso les prestaban su bicicleta si el jefe rompía la suya. En muy pocos deportes se daba este sacrificio personal de los llamados, sin ningún ánimo despectivo, gregarios. Aún hoy día, en esta sociedad cada vez más individualista, este sacrificio me sigue pareciendo admirable.
El Tour de Francia
Si hay que hablar de la prueba más importante del ciclismo profesional esta es, sin lugar a dudas, el Tour de Francia, aunque seguramente los grandes aficionados de Bélgica y Holanda (la afición más entusiasta del mundo) considerarán sentimentalmente como la más destacada la «clásica» o el «criterium» que organizan en su localidad, con sus típicos «pavés» y antiguos empedrados.
Federico Martín Bahamontes, ayudado por un gran equipo de 12 compañeros que hicieron de gregarios, conquista el Tour de 1959
Pero, sentimientos aparte, el Tour es lo más grande, la gran reválida. Una mala temporada se compensa con una buena actuación en esta carrera y viceversa. Y para los gregarios, simplemente el poder participar y acabar en los Campos Elíseos de París ya les supone el mejor de los premios que les compensa sus esfuerzos callados.
El Tour de Francia fue fundado en 1903 por el periódico deportivo francés 'L'Auto' como una estrategia de «marketing» para aumentar sus ventas (que se le fue de las manos, visto lo visto). La idea fue de Georges Lefèvre, siendo ejecutada por Henri Desgrange, director del periódico, quien vio el potencial promocional de una gran carrera ciclista que recorriese las ciudades de Francia.
En su primera edición participaron sólo 60 corredores frente a los casi 200 que participan hoy día. En esas primeras ediciones las etapas eran larguísimas y se recorrían incluso en plena noche. Al poco, la introducción de etapas que transitaban por los Pirineos y los Alpes terminaría de consolidar la leyenda y la épica. Se decía, quizás de forma exagerada, que transitaban por caminos terrizos de montaña por donde no pasaba nadie y donde aún merodeaban los osos. Y las crónicas hablan de ciclistas que pinchaban o rompían la cadena y tenían que bajarse, echarse la bicicleta al hombro, y buscar en medio del valle o alguna aldea perdida donde arreglarla. Lógicamente, las distancias entre corredores se contaban por muchas horas, y en las metas de montaña se esperaba pacientemente hasta que llegaran los corredores desperdigados por el recorrido, que nadie podía saber ni por donde andaban.
Los ciclistas españoles en el Tour
Entre tantos participantes españoles a lo largo de los años queremos recordar a los ciclistas que dejaron registrado su nombre en los podios del Tour de Francia, empezando por el citado Bernardo Ruiz Navarrete (1925-2025), el pionero, que fue 3º en 1952.
Le siguió el gran Federico Martín Bahamontes (1928-2023) que venció en 1959, siendo 2º en 1963 y 3º en 1964. Si hubiese estado más «centrado» habría ganado más, porque nadie ha escalado como él. José Pérez Francés (1936-2021) fue 3º en 1963, Julio Jiménez Muñoz (1934-2022) 2º en 1967, el malogrado Jesús Luis Ocaña (1945-1994) fue vencedor en 1973, el imprevisible José Manuel Fuente Lavandera 'Tarangu' (1945-1996) 3º en 1973, Vicente López Carril (1942-1980) 3º en 1974, Ángel Arroyo Lanchas 2º en 1983, Pedro Delgado Robledo fue vencedor en 1988, 2º en 1987 y 3º en 1989, el gran Miguel Indurain López de Goicochea fue vencedor cinco veces de una tacada entre 1991 y 1995, Fernando Escartín Coti fue 3º en 1999, Joseba Beloki Dorronsoro 3º en 2000 y 2001 y 2º en 2002, Óscar Pereiro Sío fue el vencedor inesperado en 2006, Carlos Sastre Candil 3º en 2006 y vencedor en 2008, Alberto Contador Velasco vencedor en 2007 y 2009, Samuel Sánchez González 3º en 2010, Joaquim Rodríguez Oliver 3º en 2013 y Alejandro Valverde Belmonte 3º en 2015.
No cabe duda de que este listado de éxitos del ciclismo español en el Tour puede obtenerse fácilmente en cualquier sitio pero, como hemos dicho, no deja de ser una simplificación. No reflejan la labor soterrada de los equipos sin la cual no se habrían dado. Sus componentes quedan perdidos en el anonimato. Como ejemplo de ello tenemos al ciclista cordobés José Gómez del Moral (1931-2021), que formó parte del equipo español (entonces se corría por nacionalidades) que bajo la dirección de Dalmacio Langarica Lizasoain (1919-1985) llevó al toledano Federico Martín Bahamontes a la victoria final de aquel Tour de 1959. En una entrevista que le hicieron en un periódico de Sevilla dijo:
«Si yo no estoy junto a él en los Dolomitas no lo gana. Todo lo que tenía de facultades lo tenía de torpe. Bahamontes tenía facultades para haber ganado cuatro o cinco Tours y sólo ganó uno. Allí, aquel día en los Dolomitas, fue la etapa tan dura que todo el equipo español llegó fuera de control. Sólo aguanté yo tirando de Bahamontes, al que le di de comer, de beber, e incluso me tuve que bajar de la bicicleta »bimba en mano« para enfrentarme a un grupo de forofos franceses que con tal de que ganaran Anquetil, Anglade o Rivière intentaron obstaculizar de malas maneras aquella ascensión del »Águila de Toledo".
El equipo español de 1959
Aquel equipo español del Tour de 1959 que contribuyó a la victoria de Bahamontes estaba formado por:
José Herrero Berrendero, Jesús Galdeano Portillo (1933-2017), Luis Otaño Arcelus, y Antonio Suárez Vázquez (1932-1981), que abandonaron por su dureza en la dura etapa número 13. Aniceto Utset Prado (1932-1998), que abandonó en la etapa número 15. René Marigil de Mingo (1928-2009), que abandonaría en la etapa número 19.
Sólo terminaron Juan Campillo García (1930-1964), nuestro paisano José Gómez del Moral, Fernando Manzanaque Sánchez (1934-2004), Julio San Emeterio Abascal (1930-2010) y Carmelo Morales Erostarbe (1930-2003). Dieron la vuelta de honor en el Parque de los Príncipes después de escuchar el Himno Nacional español arropando al triunfador Bahamontes, que además ganó también el Gran Premio de la Montaña.
Quisiera destacar de este grupo al murciano Juan Campillo, que perdió a su mujer aquel mismo año al dar a luz a su hijo. Luego, con poco más de treinta años, fallecería él mismo arrollado por un camión en 1964 en Andorra la Vieja, cuando intentaba rehacer su vida inaugurando un bar como negocio para vivir. Este era el tipo de ciclista de entonces.
Recuerdo además a Campillo, unas semanas antes de ese Tour, en la Vuelta a España de 1959 (la Vuelta se corría entonces en mayo). A los alumnos de la Universidad Laboral de Córdoba nos facilitaron la salida para que pudiéramos presenciar el paso de la etapa de la Vuelta que entraba en nuestra ciudad por Alcolea (antigua Nacional IV). Aquella Vuelta era algo especial, pues participaba el campeonísimo, ya muy veterano, Fausto Ángelo Coppi (1919-1960). Nos situamos en la llamada Cuesta de Rabanales y por allí apareció bastante escapado, precisamente, Juan Campillo, en compañía de Antonio Karmany, que finalmente sería el ganador de la etapa que concluyó en el viejo estadio del Arcángel.
Hay que decir sobre Fausto Coppi que a primeros del año siguiente (2 de enero de 1960) participaría en una exótica carrera celebrada en el Alto Volta (hoy Burkina Faso). Tras la carrera fue invitado a una especie de «safari» donde contrajo la malaria que, inesperadamente, le costaría la vida. A aquella prueba africana también acudieron otras figuras como Jacques Anquetil (1934-1987), Roger Riviére (1936-1976), y Rafael Geminiani (1925-2024), que igualmente se contagió de la misma enfermedad, pero logró sobrevivir. Y hay una frase de este gran ciclista francés, fallecido el año pasado con casi cien años, que resume la grandeza del Tour: «Daría diez años de mi vida por poder participar en un último Tour de Francia».
Los auténticos ladrones de bicicletas
Y tras los esforzados obreros en bicicleta y los grandes ciclistas, llegamos ahora a lo vivido en la última Vuelta a España, donde el presidente del gobierno, el delegado del Gobierno en Madrid y el ministro Marlaska se han comportado como auténticos «ladrones de bicicletas» al privar a los ciclistas y espectadores de poder disfrutar de la etapa final en la capital de España.
Incidentes contra el final de etapa en Madrid de la Vuelta a España
Se queja la oposición de que el ministro, repudiado por la propia policía, no mandase los efectivos adecuados, a pesar de contar con información suficiente que le advertía de que era bastante previsible una gran alteración del orden público al ser jaleada, incluso, por un «conductor de un autobús suicida», según Pérez Reverte, llamado Pedro Sánchez, y que además ya había habido conatos en etapas precedentes. Había menos efectivos policiales desplegados que en cualquier partido importante en el Santiago Bernabéu. 22 policías fueron heridos en estas protestas, «pacíficas» según la izquierda de nuestro país y sus medios de desinformación. Puestos a protestar en eventos deportivos ha habido recientemente escenarios mundiales para ello como la Copa del Mundo de Clubes, el Campeonato Europeo de Baloncesto, los grandes torneos de Tenis, los Campeonatos de Atletismo en pista cubierta y al aire libre...Y si nos limitamos al ciclismo, ahí estaban el Giro de Italia, el Tour de Francia o, en España, la propia Vuelta a Cataluña. Pero ahí parece que no era conveniente formar un barullo, vaya que se perjudicase la abnegada labor de Salvador Illa, el fiel «gregario» de Puigdemont. El caso es que le tocó a nuestra Vuelta, que ha salido bastante «tocada» del esperpento.
Leyendo el artículo de fecha de 23 de septiembre pasado publicado en 'El Debate' por el periodista de investigación Alejandro Entrambasaguas, nos hemos podido enterar de algunas cosas importantes en relación con los incidentes violentos ocurridos en Madrid y que evitaron la llegada de la Vuelta a España a Madrid,
Primero que la Delegación del Gobierno en Madrid redujo la seguridad de los ciclistas de la Vuelta en Madrid dos días antes de su celebración.
Por otra parte nos habla de las subvenciones de Pedro Sánchez a Mundubat una ONG secundada por Ibon Meñika, antiguo recaudador de ETA que lidera los piquetes contra Israel. Dichas subvenciones suponen un total de 8.651.864 euros, recibidos en seis o siete entregas. Todas ellas aparecen registradas como entregas dinerarias sin contraprestación económica, gestionadas por la Agencia Española de Cooperación para el Desarrollo (AECID) dependiente de Ministerio de Asuntos Exteriores.
Mientras este gobierno da el dinero de los españoles a troche y moche, las mujeres españolas objeto de maltrato no tienen presupuesto para una pulseras que garantice su seguridad.
Perico Delgado
El gran Pedro Delgado, ese ciclista que tanto hizo emocionarnos en los años de 1980 con sus heroicidades, mala suerte e incluso con sus despistes y pájaras, fue tajante en su papel de comentarista en TVE al mostrar su indignación con los políticos y partidos que habían apoyado esa especie de «kale borroka». Y no fue un calentón del momento, pues volvió a reiterarlo en las redes sociales: «¡Qué tristeza más grande! Un presidente del gobierno apoyando las manifestaciones violentas». Seguramente esta TVE de la propaganda, que deja al NODO en un simple aprendiz, despedirá a Perico por sus opiniones. Lo mismo pone en su lugar a un «sabio» como Gonzalo Miró el sujeto que, a pesar de su aspecto de alelado, parece que sabe de todo, ese que «prefiere a los terroristas de ETA antes que a Abascal».
Pedro Delgado, vencedor del Tour de 1988
La justificación de las algaradas en la Vuelta era el «genocidio de Gaza» y la presencia «provocadora» de un equipo israelí en la carrera. Pero no nos engañemos. Hoy es Gaza y mañana es otro Prestige, algún perro sacrificado por el Ébola o lo que se inventen. Lo que querían mostrar es que las calles son suyas, la «tensión» que diría Zapatero, y que arderán si algún día dejan el poder, que está por ver si lo aceptarían. Volvemos a su intimidación de los años 30 y a la interpretación «sui generis» de lo que es la «democracia» según gran parte de nuestra izquierda: o gobierno yo o no gobierna nadie. Y, mientras, un condicionado Felipe VI hablando de Gaza en la ONU como quien pedalea tranquilamente en una bicicleta de piñón fijo, de aquellas que alquilaban por horas en el Retiro, que le ha proporcionado el gobierno de Pedro Sánchez.