Nadir Y Viviana López Novell trabajando en una casa modernista del barrio barcelonés del Putxet, futura sede de una editorial, bajo la dirección de la restauradora y estucadora Núria Casadevall (2025).
Nadir y Viviana López Novell, restauradoras de arte y bailarinas
« A veces nos han tachado de puristas pero siempre nos ceñimos a nuestra ética profesional»
Las hermanas gemelas han estado en Córdoba, donde crecieron, acompañando al cantante Morti en su reciente concierto. Sí, también bailan.
Hay oficios que exigen paciencia, silencio y una forma muy particular de mirar el tiempo. El de restaurador es uno de ellos. Trabajar para que la belleza no desaparezca, para que la historia conserve su voz pese al desgaste de los siglos, implica aceptar un protagonismo discreto: el de quien está llamado a no dejar rastro.
Nadir y Viviana López Novell (Lérida, 1980) conocen bien esa lógica invisible. Gemelas, unidas por una biografía casi simétrica y por una vocación que fue tomando forma mucho antes de adquirir nombre, han hecho de la conservación del patrimonio no solo una profesión, sino también una manera de estar en el mundo.
Formadas en Historia del Arte en la Universidad de Córdoba y especializadas en Conservación y Restauración de Bienes Culturales, su trayectoria las ha llevado a intervenir en algunos de los escenarios más exigentes del patrimonio histórico, desde museos hasta edificios emblemáticos del modernismo. Una carrera construida sin estridencias, taller a taller, obra a obra, fiel a esa ética silenciosa que distingue a los restauradores.
Córdoba —la ciudad en la que crecieron— fue el primer hogar donde aprendieron a convivir con la historia sin necesidad de subrayarla. Después vendrían otros lugares, otras experiencias y la certeza de que el arte no es únicamente aquello que se contempla, sino también aquello que se protege.
Pero hay otra dimensión menos previsible en su trayectoria. Frente al pulso lento y casi meditativo de la restauración, ambas han cultivado desde muy jóvenes una disciplina que pertenece al territorio opuesto: la danza. Si su trabajo exige quietud, el baile reclama movimiento; si una labor consiste en preservar, la otra celebra lo efímero. Tal vez por eso no perciben contradicción alguna, sino una continuidad natural entre ambas formas de expresión: dos maneras distintas de relacionarse con el arte.
En la conversación completan las frases como si formaran parte de una misma cadencia. No es difícil imaginar que esa complicidad, afinada durante años, haya terminado convirtiéndose también en una herramienta profesional.
Entre andamios, talleres y horas de observación minuciosa —y también sobre el escenario— han ido construyendo una trayectoria marcada por la sensibilidad y el rigor. Pero lejos de cualquier solemnidad, conservan intacta una mirada curiosa, casi artesanal, que entiende cada obra como un diálogo y cada intervención como un acto de responsabilidad.
Charlar con Nadir y Viviana supone, en cierto modo, asomarse a ese territorio donde el pasado y el presente, la quietud y el movimiento, negocian constantemente su equilibrio.
Nadir y Viviana López Novell
- Ambas se forman en Córdoba. ¿Qué peso ha tenido vivir aquí en su vocación por el patrimonio?
-Nadir: Realmente no nacimos en Córdoba, sino en Lérida, porque nuestra madre es de allí. Sin embargo, a los cuatro meses nos vinimos a vivir aquí porque nuestro padre es cordobés, y hemos pasado la mitad de nuestra vida en Córdoba, hasta los 23 años.
-Viviana: Nos formamos como historiadoras del arte porque siempre nos ha gustado muchísimo el arte. Nuestra intención original era ir a Sevilla a estudiar Bellas Artes, pero nos daba reparo trasladarnos; estábamos muy aferradas a la familia y a nuestras amistades.
-Nadir: Sobre todo tú, porque yo tenía claro que quería hacer Historia del Arte. Yo disfruté mucho la carrera y, al final, tú también.
-Viviana: Es cierto. Una vez terminamos la carrera, no teníamos muy claro qué hacer porque nos gustaba el trabajo manual y práctico. Nos preguntábamos dónde encajar siendo historiadoras. Nuestra madre, que siempre quería que estuviéramos activas, decidió apuntarnos a un curso de formación ocupacional de la Diputación sobre restauración de mobiliario antiguo.
-Nadir: Ahí empezó nuestro camino. Aprendimos restauración de madera con Gabriela y, al año siguiente, el oficio de doradoras con Charina, nuestra profesora del curso de FPO de Dorado y Policromía. Esto nos marcó y decidimos dar el salto profesional para formarnos oficialmente como restauradoras.
-No parece un oficio muy atractivo para la gente joven.
-Nadir: Si estás metido en el mundo de las artes y oficios, sí, aunque antes era una minoría. Ahora hay muchos más restauradores. En aquel momento, tras el curso de dorado y policromía, buscamos trabajo como doradoras por toda España, pero siempre nos pedían la titulación superior en Conservación y Restauración. Decidimos que teníamos que estudiar fuera porque entonces solo se impartía en Barcelona, Madrid, Granada o Galicia.
-Viviana: Intentamos entrar en Madrid, pero nos quedamos en la nota de corte porque había muchísima competencia. Decidimos esperar un año, pero al buscar alternativas vimos que en Barcelona la prueba era antes. Es una ciudad que siempre nos ha enamorado por el modernismo y por todo lo que ofrece a nivel artístico. Además, el catalán no era un problema porque lo habíamos escuchado en casa desde pequeñas por nuestra madre.
-Nadir: Hicimos la prueba en Barcelona en junio y aprobamos con muy buena nota, así que no esperamos a Madrid. El destino decidió que nos fuéramos allí.
Viviana y Nadir López Novell
- Antes de asentarse definitivamente en Barcelona, tuvieron una etapa muy importante en Baleares. ¿Qué supuso Menorca en vuestra carrera?
-Viviana: Fue como un despertar a nivel profesional. Habíamos tenido trabajos diferentes, incluso nos habíamos ido a Cuenca al mundo de la arqueología, a pesar de estar especializadas en pintura. Yo tenía entonces una pareja que era de Cádiz, pero llevaba mucho tiempo en Menorca, y por eso me fui allí.
Al principio fue un poco difícil, pero encontré a un señor que es coleccionista de arte y dueño de la Fundación Reynolds. Él me abrió las puertas de par en par. Pude empezar un proyecto muy profesional con dos restauradores ingleses; descubrimos una pintura mural bajo un empapelado que había en la sala y que, por la humedad, se había desprendido un poquito. En Menorca, donde parece que no vaya a haber nada, de repente me encontré con un trabajo en el que te cuidan y todo es súper profesional. Cuidaban todos los detalles: que estuvieras bien, las posturas, que tuvieras un material bueno...
También los tiempos de trabajo. Si tenías que hacer algún trámite, te decían que contaba dentro del horario laboral. El restaurador normalmente es autónomo, y allí cuidaban todo. Richard Reynolds, que fue el que promovió toda la restauración, nos ha seguido cuidando y ha apostado siempre por nosotras y por los jóvenes artistas. Ofreció una beca con su fundación; es un mecenas del arte. Para nosotras Menorca fue importante porque luego conseguí que, al año siguiente, Nadir entrara conmigo en el proyecto. Hemos hecho unas seis campañas por lo menos, primero con la pintura mural del salón principal y luego restaurando obras de su colección. Hemos ganado una familia allí.
- Y de Menorca dieron el salto a Inglaterra, ¿verdad?
-Viviana: Sí, gracias a la conexión con ese equipo de restauradores ingleses del Instituto de Patrimonio de Londres. Nos invitaron a un trabajo en Inglaterra que, hasta ahora, va a ser el trabajo más importante y más bonito que hemos realizado. Nos llevaron cerca de Birmingham, a la Rushall Parish Church, en Walsall, para restaurar unas pinturas murales prerrafaelitas realizadas por Edward Reginald Frampton, discípulo de Burne-Jones, en un proyecto dirigido por Lisa y Stephen Rickerby. ¡Burne-Jones es mi pintor favorito! Fue increíble: de estudiar en Córdoba pasas por Barcelona, las Baleares y de repente acabas en Inglaterra restaurando una obra de un discípulo de un artista que te encanta.
Además fue una restauración muy bonita porque la pagaban los feligreses. Allí la gente es muy devota y venían cada mañana a preguntarnos cómo iba «su ángel» o la flor que estábamos restaurando. Ellos mismos tardaron 18 años en recaudar el dinero. Tenían un cuidado extremo: si tenías que arrodillarte en el andamio, te ponían almohadillas para que no te lastimaras.
Fue increíble: de estudiar en Córdoba pasas por Barcelona, las Baleares y de repente acabas en Inglaterra restaurando una obra de un discípulo de un artista que te encanta.
- Y volviendo a Barcelona, donde residen… ¿Existe un cuidado distinto por el patrimonio en Cataluña respecto a otras partes de España?
-Nadir: No lo creo.
-Viviana: Yo creo que no, aunque haya diferentes corrientes. Cataluña está muy actualizada, pero Madrid también, igual que el IAPH en Andalucía o el Centro de Restauración de Barcelona. Todos se van reciclando en los congresos.
Restauración del Cristo de Ducete en el Museu Frederic Marès, realizada bajo la dirección de Carmen Sandalinas, directora del Departamento de Conservación y Restauración
- ¿Cómo ha marcado su carrera el asentarse profesionalmente en Barcelona?
-Nadir: Nuestra idea era volver al sur a los tres años, al terminar la carrera, pero la vida nos atrapó allí.
-Viviana: Siempre queríamos volver a casa, con la familia y los amigos. De hecho, nuestra primera maestra, Gabriela, quería que restauráramos las pinturas que le llegaban a su taller. Pero empezaron a salirnos trabajos en Barcelona y en las Islas Baleares, y nos hemos quedado allí hasta ahora.
- Poseen un currículum muy amplio. ¿Cuál ha sido la restauración más compleja hasta la fecha?
-Viviana: Colaboramos en un proyecto del Palau de la Generalitat para el tratamiento de unas pinturas de 1927, de la época de Primo de Rivera. Fue un proyecto de gran envergadura porque eran telas adheridas al muro de unos nueve metros de altura. Se requirió un estudio muy importante para lograr el arrancamiento.
- ¿Qué se siente al trabajar en entornos como la Casa Batlló?
-Nadir: Para nosotras era un sueño. Somos admiradoras de Gaudí y del Modernismo; de hecho, al terminar Historia del Arte en 2002, hicimos juntas un tour por toda la ruta Gaudí. Trabajar allí, de día y de noche, fue cumplir un sueño.
-Viviana: Tuvimos que hacer turnos de noche para permitir el acceso del público durante el día. Fue bonito, aunque difícil convivir con el hecho de que la gente te esté mirando o grabando las 24 horas.
-Nadir: Sí, en la Casa Vicens —la primera que hizo Gaudí— también nos grababan en directo mientras trabajábamos en la sala del fumador. Fue una experiencia preciosa.
Viviana y Nadir durante la entrevista
- ¿Les ha dado miedo asumir alguna intervención?
-Viviana: Sí, claro. Al principio siempre te cuestionas si serás capaz. A veces las pruebas no salen o no encuentras el método adecuado a la primera.
-Nadir: Hay un estudio previo que a veces la gente no tiene en cuenta. No es llegar y restaurar; cada proyecto es un mundo y un reto distinto.
- ¿Qué errores no puede permitirse un restaurador?
-Nadir: Ser creativo, por ejemplo.
-Viviana: Exacto. Tienes que seguir unos criterios estrictos y tener un máximo respeto por la obra, algo que no siempre ocurre. Nosotras defendemos la mínima intervención: intervenir lo menos posible respetando al máximo la pieza original.
-Nadir: A veces nos han tachado de puristas porque nos negamos a realizar intervenciones más agresivas que nos piden. Siempre nos ceñimos a nuestra ética profesional.
Restaurar algo de la Mezquita Catedral sería un sueño.
-¿Es más fácil o más difícil trabajar siendo hermanas?
-Nadir: Es mucho más fácil. Con los años, el trabajo ocupa la mayor parte de tu vida y nosotras preferimos trabajar con alguien conocido.
-Viviana: Trabajar las dos juntas es lo mejor. Hay una comprensión, un respaldo y una complicidad que lo facilita todo.
- No es común que dos gemelas sigan exactamente el mismo camino académico y profesional.
-Viviana: Es cierto; muchos gemelos hacen vidas separadas, pero nosotras somos inseparables.
-Nadir: Lo hemos hecho todo juntas desde pequeñas. Incluso cuando ella quiso hacer Bellas Artes y no se atrevió a irse a Sevilla, acabamos siguiendo el mismo camino.
- Además de restauradoras, son bailarinas. Hoy acompañan al cantante Morti en su coreografía. ¿Cómo surge esa faceta?
-Viviana: Estudiamos ballet clásico en Córdoba desde los seis años hasta los veinte,en la Academia Contémpora, con las profesoras Neli Maestre, Toñi y Cecilia Casado.. Nos sacamos la carrera, pero al irnos a Barcelona tuvimos que parar para centrarnos en los estudios y en trabajar para pagarlos. Tras unos años, descubrimos la danza oriental y la danza tribal.
The Magical Twins y Morti
-Nadir: La danza oriental nos conecta con esa influencia árabe que tenemos por ser de Córdoba. Un día, viajando en tren, leímos sobre la compañía «Las nieblas de Avalón» de Morgana, que mezclaba rituales, espadas, velos y música gótica. Nos fascinó.
-Viviana: Empezamos con Sayra Mart y luego en la escuela Tribalona. De ahí surgieron varias compañías, como The Wild Cherries (burlesque) y Odalisk (tribal fusion). En Barcelona siempre hemos compaginado la restauración con el baile.
Nadir y Viviana también son The Magical Twins
-¿En qué proyectos de restauración están trabajando ahora?
-Viviana: Estamos cerrando un proyecto con el Museo Frederic Marès, colaborando en el traslado de obras por una reforma en el edificio. Queremos destacar el apoyo constante y la confianza de Carmen Sandalinas, directora del Departamento de Conservación y Restauración del Museu Frederic Marès, quien desde 2008 nos ha brindado la oportunidad de restaurar obras escultóricas de la colección medieval, renacentista y barroca del museo.
- Y como las Magical Twins, ¿dónde les veremos bailar próximamente?
-Nadir: Posiblemente en nuevos conciertos de la gira de Morti y en la gira de Visca la Sarsuela. También colaboramos con nuestra profesora de burlesque, Mimi, en un proyecto para finales de marzo.
Nadir y Viviana López Novell, vistas por Samira Ouf
- ¿Qué intervención les gustaría realizar en Córdoba?
-Viviana: Restaurar algo de la Mezquita Catedral sería un sueño. Tuvimos una oportunidad cuando estábamos en segundo de carrera, pero al estar estudiando y trabajando en Barcelona no pudimos bajar.
-¿Echan de menos el sur?
-Nadir: Sí, mucho. Pero con tantos proyectos en Barcelona, es muy complicado escaparse.
Una vida dedicada a conservar el arte
Posteriormente orientaron su carrera hacia la conservación patrimonial con Grado Superior en Conservación y Restauración de Bienes Culturales, ambas con especialidad en pintura, cursados en la Escola de Conservació i Restauració de Béns Culturals de Catalunya (Barcelona).
Su formación inicial se reforzó con cursos técnicos en Córdoba —entre ellos restauración de madera, dorado y policromía promovidos por la Diputación— antes de continuar con seminarios especializados impartidos por instituciones como el Centre de Restauració de Béns Mobles de Catalunya o la Fundació Joan Miró.
A lo largo de su carrera han participado en intervenciones sobre pintura, escultura, artes decorativas y patrimonio arquitectónico, trabajando tanto como profesionales autónomas como en colaboración con organismos culturales. Entre sus proyectos figura el tratamiento de las grandes telas del Salón Sant Jordi del Palau de la Generalitat de Cataluña, que supuso el desmontaje y conservación de un conjunto pictórico de gran formato.
Su experiencia incluye asimismo actuaciones en el Museu Frederic Marès de Barcelona, donde han desarrollado tareas de conservación preventiva, restauración y supervisión técnica de piezas escultóricas y obras policromadas.
La proyección de su trabajo se extiende también al ámbito internacional, con intervenciones en patrimonio histórico fuera de España, como la restauración del retablo de madera policromada de la Capilla de la Anunciación en Martigues (Francia).
Además de su labor técnica, han participado en actividades de divulgación y transferencia de conocimiento, como la conferencia sobre restauración pictórica impartida en el máster universitario de Diagnóstico e Intervención en Edificación Existente de la Universitat Politècnica de Catalunya.
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