Militares del régimen talibán vigilan cerca de la frontera con Pakistán
¿Qué hay detrás de la «guerra abierta» entre Afganistán y Pakistán?
Pakistán ha sido el aliado más cercano de los talibanes afganos durante décadas, pero eso ha cambiado
Pakistán bombardeó las principales ciudades de Afganistán anoche lo que intensificó meses de enfrentamientos fronterizos entre dos vecinos islámicos que han pasado de ser aliados a enemigos
Los ataques aéreos y terrestres, que impactaron en puestos militares talibanes, cuarteles generales y depósitos de municiones en varios sectores a lo largo de la frontera, se produjeron después de que Afganistán lanzara un ataque contra las fuerzas fronterizas paquistaníes, según informaron los funcionarios.
Ambos bandos informaron de grandes pérdidas en los combates, que el ministro de Defensa paquistaní calificó como una «guerra abierta».
Las tensiones se han intensificado desde que Pakistán lanzó ataques aéreos contra objetivos militantes en Afganistán el pasado fin de semana.
Anteriormente, los enfrentamientos fronterizos entre ambos países causaron la muerte de decenas de soldados en octubre, hasta que las negociaciones facilitadas por Turquía, Qatar y Arabia Saudí cesaron las hostilidades y se estableció un frágil alto el fuego.
Estas son las claves para entender este nuevo conflicto:
Del pacto de Qatar y al refugio del TTP
El actual estado de guerra entierra el acuerdo de seguridad firmado en Doha en octubre de 2025, un fallido intento de tregua donde Kabul se comprometió a neutralizar a los grupos insurgentes que operan desde su territorio a cambio de que Islamabad detuviera sus bombardeos transfronterizos.
El núcleo de esta ruptura es el Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP), los talibanes pakistaníes, una facción ideológicamente idéntica a los gobernantes de Kabul que ha disparado la violencia insurgente en suelo paquistaní un 70 % desde que sus aliados retomaron el poder en 2021.
La negativa de los talibanes afganos a enfrentarse a sus hermanos ideológicos pakistaniés ha empujado al mando militar de Islamabad a dar por agotada la vía del diálogo, optando por lanzar misiles directamente contra supuestos santuarios del TTP.
Bombardeos preventivos de Islamabad
La escalada se desencadenó cuando la semana pasada Pakistán, superado por el goteo de bajas en su propio territorio por ataques insurgentes y dando por inútiles las exigencias a Kabul, lanzó una serie de ataques aéreos directos contra lo que la inteligencia de Islamabad identificó como campamentos clave del TTP dentro de Afganistán, una acción unilateral que cruzó la línea roja de la soberanía afgana.
Tras denunciar el gobierno talibán que estos bombardeos habían masacrado a población civil en lugar de a insurgentes, el Emirato (como se autodefinen los talibanes) lanzó ayer una respuesta armada sin precedentes contra las instalaciones militares paquistaníes en la frontera.
Contraataque con el arsenal de EE.UU.
Ejecutando este contragolpe y distanciándose de sus tradicionales tácticas de guerrilla, las fuerzas talibanes lanzaron anoche un asalto contra los puestos fronterizos vecinos desplegando comandos de élite equipados con visores nocturnos y armamento pesado abandonado por la coalición internacional en 2021, logrando desbordar las defensas de Islamabad mediante ataques quirúrgicos que forzaron la actual respuesta aérea sobre Kabul.
La deportación de refugiados
Agravando la crisis militar sobre el terreno, la tensión encontró su combustible social cuando Pakistán presionó la precaria economía afgana acelerando la expulsión forzosa de más de un millón de afganos instalados allí tras décadas de conflictos -que comenzaron al final de los años 70 con la invasión rusa de Afganistán-, una maniobra de castigo demográfico que terminó provocando el efecto contrario al encender un feroz fervor nacionalista.
Destrucción de la valla fronteriza
Alentados por este resentimiento, los combatientes de Kabul han transformado su histórico rechazo a la Línea Durand, la frontera impuesta por el Imperio Británico en 1893, en un frente activo, enviando maquinaria pesada para demoler el costoso vallado de seguridad levantado por su vecino, con la zona convertida en una trinchera que hoy arrastra a la región a una espiral de violencia.