Pedro Sánchez y el lendakari, Imanol Pradales, en una reunión en marzo en la Moncloa
Frente a Junts
Pacto tácito entre Sánchez y el PNV para que los vascos no dejen caer al Gobierno
El Gobierno lleva semanas trabajando para asegurarse la fidelidad de los peneuvistas. Sus bazas: más transferencias, nuevo cupo al alza para el periodo 2027-2031 y nada de un superdomingo electoral
Hay una política que se ve, sobreactuada incluso, y otra que apenas se intuye. Al PNV siempre le ha gustado esta segunda modalidad, la política de la discreción. Y más en momentos críticos como lo es este. Porque es ahí donde más nueces puede recoger, siguiendo la doctrina de Xabier Arzalluz.
El Gobierno lleva varias semanas trabajando para asegurarse la fidelidad del PNV en este final de legislatura, en paralelo a los guiños y caricias del PP a Junts para que apoye una hipotética moción de censura futura. Y en el Ejecutivo están seguros de haberlo conseguido. No seguros como lo estaba Mariano Rajoy en 2018 hasta días antes de que los nacionalistas vascos apoyaran la moción de censura de Pedro Sánchez, sino seguros de verdad.
¿A qué coste? Al de prometer a los nacionalistas vascos que las elecciones generales no coincidirán con las municipales y autonómicas de mayo de 2028, una noticia que adelantó El País el domingo, al de acelerar varias transferencias pendientes en una reunión de la comisión bilateral entre los gobiernos español y vasco que tendrá lugar antes de que acabe junio (según la previsión del Gobierno), y al de negociar al alza el nuevo cupo para el periodo 2027-2031. Y, de paso, también a cambio de levantar la liebre de la ‘plurinacionalidad’, a la que Sánchez aludió el miércoles en el Congreso al hablar de «abordar los problemas de fondo, los conflictos territoriales que tiene nuestro país», como informó El Debate.
La muestra definitiva de ese acuerdo tácito entre el presidente y los vascos la dio este jueves Sánchez desde Bruselas, donde agradeció específicamente al PNV su «tono constructivo». «Ayer -por el miércoles- se abrió, junto con otras fuerzas parlamentarias, a negociar esos Presupuestos», afirmó, en alusión a las cuentas públicas de 2027. Lo que había ocurrido el día antes era aparentemente lo contrario. La portavoz del PNV en el Congreso, Maribel Vaquero, aprovechó una pregunta en la sesión de control al Ejecutivo para espetar al presidente: «Presente los Presupuestos, pero si no consigue un acuerdo suficiente en esta Cámara, disuélvala y convoque elecciones».
Pura escenificación. De cara a la ciudadanía, los de Aitor Esteban necesitan fingir distanciamiento respecto a un Ejecutivo asediado por la corrupción y sin apenas actividad legislativa. Pero el quid de esa frase estaba en la primera parte, cuando Vaquero ligó la convocatoria electoral a una hipotética derrota de las cuentas públicas para 2027, que es una teoría sobre los planes de Sánchez que circula desde hace semanas: que quiera llevar los Presupuestos del próximo año a las Cortes para que se los tumben y así tener un trampolín para ir a elecciones en la primavera de 2027. Sin que parezca que ni sus socios ni su partido le obligan a convocarlas antes que las municipales y autonómicas del próximo mayo.
La portavoz del PNV, Maribel Vaquero, el miércoles en el Congreso
Después, ni Vaquero ni ningún otro diputado del PNV quiso hacer más declaraciones al respecto. Este jueves, la portavoz peneuvista esquivó a la prensa por segundo día. Ya había dicho en sede parlamentaria lo que quería decir. En el Pleno de ayer se votó la moción del PP sobre la extrema debilidad del Gobierno, aunque mutilada por la Mesa del Congreso, que manu militari excluyó dos enmiendas del PP y Junts que pedían elecciones anticipadas para evitar que se votaran. El PNV se abstuvo. Podía haber votado a favor y no habría tenido consecuencias prácticas, porque las mociones no son vinculantes para el Ejecutivo (tampoco las proposiciones no de ley ni las resoluciones). Pero ni de forma simbólica quiso significarse en contra del Ejecutivo.
Respecto al compromiso de Sánchez de no celebrar un superdomingo electoral, el presidente lo explicitó en una comparecencia desde Montenegro el 5 de junio. «Puedo garantizar, por activa y por pasiva, que no va a haber un superdomingo electoral. Que creo que hay un debate que se tiene que sustanciar, que es el de los alcaldes y alcaldesas candidatos a las alcaldías, también a las presidencias autonómicas a las que se concurra en esos comicios del próximo mes de mayo. Y lo que sí que les puedo garantizar a los españoles y a todos los partidos políticos es que, desde luego, no va a haber un superdomingo electoral», aseguró. Su rotundidad sorprendió a todos… menos al PNV, con el que ya lo tenía hablado.
Al PNV le perjudicaría que convocase las elecciones generales junto con las municipales porque sus dirigentes creen que perdería votos en favor de los partidos nacionales. Las elecciones vascas no tocan en mayo de 2025, pero sí las de los ayuntamientos y, sobre todo, las tres diputaciones forales —Vizcaya, Guipúzcoa y Álava—, donde actualmente el PNV gobierna con el PSE y está al cargo de presupuestos millonarios.
Por lo que se refiere a la próxima comisión bilateral entre los gobiernos central y vasco, la anterior fue el 27 de marzo. De ella salieron siete transferencias, entre otras la cogestión de los tres aeropuertos vascos a través de un órgano bilateral aeroportuario. También la Inspección pesquera, para que el Gobierno regional ejerza las funciones de vigilancia, inspección y control en aguas interiores y exteriores, tanto en pesca comercial como recreativa. El Gobierno vasco viajará a Madrid con el zurrón cargado. A esa reunión y a otra de la Comisión Mixta del Concierto Económico que el Ejecutivo de Sánchez tiene que convocar antes del 30 de septiembre de 2026.