Javier Sierra
Javier Sierra, periodista y escritor
«Recurro a la literatura como un ejercicio de libertad»
El autor ha participado esta semana en las V Jornadas de Novela Histórica celebradas en Cañete de la Torres
Desvelaba recientemente en un pódcast Javier Sierra (Teruel, 1971) un entrañable episodio de infancia. Su padre, cartero de profesión, se lo llevaba los sábados a hacer la ruta para que ese niño, entre otras cosas, leyera las cartas de hijos emigrados a unos padres mayores que, en aquella época y en aquella España, no sabían leer o tenían dificultades para hacerlo. Hay que imaginarse al niño Javier sentado en la salita-comedor de un piso desconocido, dando novedades de quienes se buscaban la vida en Madrid o Barcelona tras marcharse de un Teruel donde había poco futuro.
Eso forja un carácter y, sobre todo, la bonhomía que caracteriza al Javier Sierra de hoy. Y marca un camino hacia una vocación: conocer y contar historias. Enfocó ese derrotero hacia los misterios, investigando lo que tiene difícil explicación, las señales, a veces ocultas, que no muestra el academicismo oficial. Ha estado en Roswell, Nuevo México, destino del turismo ufológico, mirando todo aquello con los ojos de la curiosidad periodística. A finales de los años 90 durmió una noche en la Cámara del Rey de la Gran Pirámide de Keops, en lo que él definió como «una experiencia transformadora» y que, sin duda, es un ejercicio casi extremo de alimentar una vocación forjada desde niño. El periodista y escritor Sierra no ha conocido el tedio de la profesión, desde luego.
Esta semana, en Cañete de las Torres, ha estado un autor que ha ganado, entre otros premios, el Planeta y que fue pionero en introducir, como escritor español, su obra en el mercado estadounidense. Ha participado en las V Jornadas sobre Novela Histórica que organiza la Fundación Caja Rural del Sur en la localidad y que coordina José Calvo Poyato.
Un Calvo Poyato que, a pesar de las numerosas historias que él también ha contado y publicado, atiende entusiasmado a la narración de Javier Sierra mientras habla sobre los secretos olvidados de los grandes maestros del arte, en un salón lleno hasta la bandera, cautivado por las palabras y las proyecciones del niño que sigue ahí: el mismo que leía aquellas cartas a los padres de hijos emigrados en un Teruel que sigue siendo para él brújula y patria.
Javier Sierra, con su último libro 'El plan maestro'
—¿Cómo se puede olvidar un secreto si no se conoce?
—La razón del título es que hay muchas cosas en el arte que deliberadamente se escondieron. No me refiero solo a técnicas pictóricas o a secretos de los pigmentos, sino a la intención profunda que tenían los artistas al elaborar sus obras. En esa intención se esconden creencias heterodoxas, muchas veces cercanas a la herejía, puntos de vista que no se querían subrayar y, en ocasiones, incluso se juega con geometrías y paisajes para introducir algo tan moderno como mensajes subliminales en la pintura, que luego veríamos en el cine o en la publicidad, pero que ya estaban presentes en grandes obras de épocas antiguas.
—¿Los grandes maestros del arte corren el riesgo de olvidarse en esta época de grandes maestros de la impostura?
—Corren el riesgo de desaparecer de nuestra memoria a corto plazo, pero, al final, los grandes maestros se instalan en la memoria a largo plazo y sobreviven.
—La historia para fabular con ella en la literatura o para ser manipulada desde la política como memoria obligatoria. ¿Dónde están los historiadores, entonces?
—Eso quisiera saber yo en algunas circunstancias como las que está viviendo este país. ¿Dónde está la Real Academia de la Historia plantando freno a algunos de los abusos en la interpretación del pasado de España por parte de políticos? ¿Dónde está cuando los medios de comunicación, sesgando políticamente visiones del pasado, nos están mintiendo? Bueno, no sé dónde están. Yo creo que hace falta un freno y volver a valorar la autoridad en la historia.
Javie Sierra, durante la entrevista.
—Hay políticos que ponen en duda que quienes se dedican a la información del misterio puedan hacer buen periodismo. Todavía no han dicho nada de que puedan ser buenos escritores, parece.
—De momento no, pero en algún momento lo harán. El que trata de censurar a los demás recurriendo a su pasado o a su libertad a la hora de interesarse por lo desconocido, yo creo que es un torpe de capirote. Y eso lo estamos viendo. Las acusaciones que se han vertido sobre Iker Jiménez recientemente son absurdas. Entre otras cosas, desconocen quién es Iker Jiménez, su formación, su educación familiar —muy vinculada, por ejemplo, a la cultura y al mundo del arte—; desconocen prácticamente todo y se permiten prejuzgar, que es lo peor que puede pasar.
—Sumergirse en la literatura, como es su caso, ¿es una manera también de protegerse de todo lo ruidoso que tiene la actualidad hoy en día?
—Bueno, no, yo no lo hago por protección. Recurro a la literatura como un ejercicio de libertad y como una herramienta para encontrar alguna respuesta a los muchos misterios que nos brinda la historia. La historia, contrariamente a lo que a veces se piensa, no es monolítica, no está perfectamente explicada, no es clara; está llena de trampas, de baches y de agujeros negros que, en muchas ocasiones, solo pueden ser contestados desde la ficción. Desde una ficción libre, porque te permite relacionar cosas que, a lo mejor, la academia no te permite, pues porque es políticamente incorrecto en este momento histórico.
—Nos dejó usted en busca del doctor Fovel en El maestro del Prado. ¿Lo encontraremos en El plan maestro ?
—Sí, lo encontraremos y comprenderemos por qué fue como fue. Es decir, por qué hizo lo que hizo en El maestro del Prado hace trece años, por qué se me manifestó delante de una obra de Rafael y después desapareció sin dejar rastro. Esas cosas que quedaban en el aire en aquella primera novela encuentran explicación en esta segunda.
—¿Hay un plan maestro para acabar con la civilización occidental como algunos sostienen?
—Yo estoy tentado a pensar que sí, que ese plan maestro existe, pero me gustaría creer que no. Puede parecer contradictorio, pero esa es mi impresión.
Javier Sierra, durante la entrevista
—De Teruel a Roswell, ¿imaginó de niño ese viaje?
—(Ríe) No, no imaginé ese viaje, pero los vínculos son más sorprendentes de lo que te pueda parecer. Nuevo México tiene muchas cosas en común con Teruel. Es el Estados Unidos vaciado, ese lugar donde prácticamente parece que no pasa nada y, sin embargo, pasan cosas importantes. En Nuevo México están algunos de los aeropuertos más relevantes de Estados Unidos, técnicos o militares. En Teruel está el aeropuerto técnico más importante de Europa, donde se reparan, se reciclan y se pintan casi todos los aviones del mundo occidental. En fin, hay coincidencias.
—Y de Teruel a Córdoba para casarse. Y no en cualquier sitio.
—Sí, es verdad, yo me casé en la Capilla del Sagrario de la Mezquita-Catedral y, además, con una cordobesa, así que, desde luego, para mí no es cualquier sitio. Hice mi banquete de bodas en Bodegas Campos; es decir, que más cordobés es imposible.
Javier Sierra durante la charla ofrecida en Cañete de las Torres
—Es usted un escritor de éxito mundial. ¿Cómo se consigue que eso no se suba a la cabeza?
—Siendo de Teruel (ríe). Cuando eres de un sitio pequeño en el que todo el mundo te conoce y te llama por tu nombre, no te puedes permitir elevarte a la estratosfera, porque se encargan rápidamente de bajarte. Ser de pueblo o de ciudad pequeña tiene eso: que siempre estás anclado al suelo.
—¿El futuro será apasionante o debemos echarnos a temblar?
—El futuro será apasionante, sin duda. Yo creo que estamos viviendo ahora mismo el inicio de una nueva era que tiene que ver con la exploración espacial. Todas estas ensoñaciones que hoy nos parecen locas —de un Elon Musk que tiene en la cabeza construir una ciudad en la Luna o, dentro de unas décadas, ocupar Marte, como a veces aparece en los medios de comunicación con una camiseta que pone «Occupy Mars»— están prefigurando algo que va a pasar. Nos parece sacado de libros de ciencia ficción, pero la ciencia ficción tiene más de ciencia que de ficción, y nos lo vamos a encontrar nosotros y nuestros hijos, sin duda.
—¿Cuál será el próximo libro de Javier Sierra?
—El próximo libro es, no sé cómo llamarlo, es como un regreso al pasado para lanzarme al futuro. Es una revisión de Las puertas templarias, que fue mi segunda novela, publicada hace un cuarto de siglo, y que ahora, vista con la perspectiva del autor que soy, creo que merece ser revisada y ampliada. Estoy trabajando en eso, en una especie de Las puertas templarias 2.0.
Javier Sierra, visto por Samira Ouf
—¿Cuánto ha cambiado su visión como autor en estos años?
—Yo creo que soy un autor más consciente de que mi obra está llegando a muchísimos lectores; no era así hace veinticinco años. Soy un autor consciente de que tengo que desarrollar un lenguaje y unos argumentos que sean entendidos lo mismo en España que en Sudáfrica, en Australia o en el corazón de Estados Unidos, en Roswell. Esa es la diferencia enorme entre uno y otro.