Carlos García Merino
Cosas que pasanCarlos García Merino

El `tierra trágame´ que tuvo lugar en Córdoba a cuenta de una estatua: «Ese no es mi padre»

En 1994 se produjo la inauguración de un busto de un presidente mejicano de un mandato casi setenta años anterior

Descubrimiento del busto de...

Descubrimiento del busto de...AMCO

Cosas que pasan. Que pasaron, aunque hayan quedado diluidas en la vaga memoria de una ciudad. Absurdos equívocos que forman parte de la intrahistoria de Córdoba. Estamos en 1994. Día de San Rafael. Con pompa y boato va a descubrirse una estatua en Córdoba y no es una dedicada al Custodio de la Ciudad, precisamente.

Antes hay que remontarse casi tres lustros en el tiempo. En 1980, siendo alcalde Julio Anguita, se produjo el hermanamiento de Córdoba con su homónima Córdoba de Veracruz, ciudad mejicana famosa por ser el lugar de la firma de los Tratados de Córdoba en 1821, documento fundamental para la independencia de México. Al año siguiente, se acordó la rotulación con el nombre de esta población a la calle de nueva apertura con entrada por la Avenida del Generalísimo (actual Ronda de los Tejares) y salida a la plaza de San Ignacio de Loyola, así como proceder a su pavimentado y dotación de alumbrado. Y en 1982, Anguita viajó hasta Córdoba de Veracruz con motivo de dicho hermanamiento, como suele ser costumbre entre ciudades hermanadas.

Aspecto de la calle Córdoba de Veracruz en 1989.

Aspecto de la calle Córdoba de Veracruz en 1989.AMCO

Pero no sería hasta doce años más tarde cuando el nombre de la calle volvería a tomar vigencia. El 24 de octubre de 1994 se produjo la visita a Córdoba del líder del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y candidato a la presidencia de Méjico, Cuauhtémoc Lázaro Cárdenas Solórzano. El alcalde era por aquel entonces Herminio Trigo Aguilar. Firmó en el Libro de la Ciudad y ambos se dirigieron a la calle con significación mejicana. ¿El motivo? Inaugurar una estatua dedicada a su padre, Lázaro Cárdenas, presidente de la República entre 1934 y 1940 y que abrió las puertas del país azteca entre 1937 y los años siguientes a un número de exiliados españoles cercano a los 30.000, y cuyo primer contingente estuvo formado por 500 niños españoles a los que se denominó «los niños de Morelia» en alusión a la ciudad que los acogió.

Escultura preparada en una nave industrial antes de su colocación

Escultura preparada en la atarazana municipal antes de su colocaciónLa Voz

Llegamos al punto en cuestión. Con toda la pompa y el boato y la prensa como testigo, se procede a descubrir el monumento a Cárdenas. Cara de estupefacción en Cuauthémoc. «Ese no es mi padre» dicen que comentó sotto voce. Cara de circunstancias de Trigo. Este que escribe dijo: «Ese es Benito Juárez», y fue replicado por el teniente de alcalde ¡¡¡de Cultura!!! del Ayuntamiento con un «tú qué sabrás»; un tipo que de vez en cuando sacaba su soberbia a pasear amparado en su superioridad como profesor de historia en un instituto. Di en el clavo por mis lecturas sobre el turbulento Méjico del siglo XIX y por mi afición a la numismática, que me llevó a identificar al primer golpe de vista a Juárez. Se produjo un «rompan filas» y el busto se quedó más solo que la una.

Las caras lo dicen todo. "Ese no es mi padre"

Las caras lo dicen todo. «Ese no es mi padre»AMCO

Después de este desatino, se retiró el busto y quedó el pedestal vacío a expensas de colocar la estatua que realmente correspondía, ya que la que se había enviado desde Méjico y con la que se quería honrar a Cárdenas en Córdoba era la errónea. Y tanto.

Pues dicho y hecho, casi pasó un año y enviaron la correcta y se colocó sin pompa ni boato tras el fiasco de la vez anterior. Y ni que decir tiene que Juárez y Cárdenas, con común pasado indígena, se parecen como un huevo a una castaña. Y con el paso del tiempo, debajo del nombre del prócer mejicano se colocó una placa que explicaba el agradecimiento al pueblo de Méjico encarnado en la labor de asilo auspiciada por Cárdenas durante su presidencia, al tiempo que aquí España sangraba por los cuatro costados a causa de la Guerra Civil. Y, una vez colocado, para los viandantes, el busto pasó a denominarse coloquialmente «el cabezón». A las pruebas me remito.

Busto de Lázaro Cárdenas

Busto de Lázaro CárdenasAMCO

Mucho hubiera cambiado todo este episodio referido si se hubiera contactado directamente con el escultor Julián Martínez, uno de los «niños de Morelia» y autor de la estatua de cuerpo entero que figura en la plaza de Lázaro Cárdenas en Madrid, inaugurada en 1983.

Un presidente que nunca pisó España y del que, al menos, hay dos estatuas, dos plazas y un instituto de educación secundaria con su nombre. Y un error de algún compatriota suyo hizo que Juárez ocupara su lugar.

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