Una foto sufrida y lamentable que habla de cualquier exilio de seres humanos
El portalón de San Lorenzo
Los exiliados de la Guerra Civil: unos y otros
«Durante dos años estuve estudiando el legado del canónigo de Córdoba José Manuel Gallegos Rocafull, exiliado a Méjico y que se mostró siempre fiel a la República»
A consecuencia de la Guerra Civil, en 1939 alrededor de medio millón de españoles tuvieron que abandonar su país. Una minoría dentro de los mismos eran lo que podríamos llamar como exiliados netamente políticos, distintos en avatares y penalidades de los que podríamos clasificar, de forma muy burda, como el grueso de exiliados «normales». La gran mayoría de estos últimos eran civiles que, sobre todo con la caída de Cataluña en manos de los sublevados, tuvieron que salir huyendo por la frontera con Francia al ser simpatizantes de izquierdas o simplemente porque les tocó estar por allí. También había en este grupo combatientes republicanos, muchos de ellos jóvenes que al estallar la guerra les encasquetaron un arma y los enviaron al frente. Casi todos terminaron en condiciones penosas hacinados en campos de refugiados del país vecino.
Aparte estaba el citado exiliado político con personalidades pertenecientes al gobierno, sus instituciones, sindicatos, partidos o milicias, que tenían un talante e ideario político como los que más. Estos exiliados, los más destacados, aprovecharon la oportunidad de vuelos organizados desde Alicante, o barcos que zarparon desde diferentes puertos. Países como Méjico o Chile fueron sus destinos finales preferentes, aunque algunos también terminaron en Francia, como el presidente catalán Companys.
Los exiliados en Francia
En la reciente novela ‘Cien mil ojos en la noche’ (2024), de Juan Manuel de Prada, se recrea la vida del exilio español en la Francia que sería ocupada apenas un año después por los alemanes. En ese duro ambiente aparecen nuestros compatriotas, tanto los simples civiles y soldados como los de tinte más político.
De Prada ha comentado que para la realización de esta novela recopiló información de diversos archivos y documentos, los cuales desmitifican una supuesta actitud de acritud y combate generalizada de estos exiliados hacia los invasores alemanes. La llamada resistencia apareció al final y protagonizada por una minoría comunista ante la llamada de Stalin.
Así, por ejemplo, el tan cacareado comunista Pablo Picasso (que ya vivía en Francia antes de la guerra), tal como se demuestra con documentos oficiales, fue un intelectual tolerado por los alemanes, hasta el punto de que cuando éstos empezaron a saquear sin reparos las cajas fuertes de los bancos y casas pudientes, al encontrarse con la del artista, en donde tenía almacenados sus cuadros, lingotes de oro y otras riquezas varias, decidieron no requisarla, ya que lo consideraban, junto a Jean Cocteau, como un emblema de la cultura de aquella Francia que, en su propaganda, querían airear que respetaban. Picasso, que no tenía un pelo de tonto (ni de los otros), dejó hacer y sólo se afilió al partido comunista cuando tuvo claro que los alemanes iban a perder, porque además le interesaba que la poderosa URSS que emergía le siguiera respetando su estatus de hombre sumamente rico.
También puede uno darse cuenta analizando estos documentos, según Prada, de la gran capacidad que tenían (y tienen) los intelectuales franceses de barrer en todo momento para su casa y, por el contrario, para deformar y minusvalorar la historia de los demás, sobre todo la de los españoles, aprovechando que desde que el padre Juan de Mariana (1536-1624) escribiera su ‘Historia General de España’ en 1601 no tuvimos otra ‘Historia General’ hasta 1850 cuando Modesto Lafuente publicó la suya. Al estar cerca de tres siglos sin relato oficial asentado de nuestra historia éramos fáciles víctimas propiciatorias.
Así, los franceses contribuyeron a ampliar nuestra Leyenda Negra, lo que se vio favorecido al ser aceptados como referentes por nuestras élites, reyes incluidos, pero sobre todo por la gran mayoría de nuestros liberales del XIX y XX que miraban a Francia como un espejo para copiarles en todo lo posible.
Portada de 'Mil ojos esconde la noche' (2024), de Juan Manuel de Prada
Hace unos días, el destacado profesor egabrense José Calvo Poyato trató en una conferencia sobre este mismo tema de las campañas organizadas contra España, que se empezaron a fraguar primero en Italia ya en el siglo XV, y luego en Francia, Inglaterra y Holanda, dando lugar más tarde a lo que se llamaría nuestra Leyenda Negra.
No toda la historia de España es un dechado de virtudes, pues también tuvo sus sombras. Pero pocos países occidentales, por no decir ninguno, pueden alardear de iniciar una conquista y, sorprendentemente, pararse un momento para recoger opiniones con las que analizar si se estaba haciendo bien las cosas. Se dio cuando Carlos I convocó en Valladolid la llamada Controversia en la que intervinieron de una parte fray Bartolomé de las Casas, que defendía su conocida postura crítica por la actuación de los españoles en América, y de la otra el cordobés Ginés de Sepúlveda. Mantuvieron su duro enfrentamiento dialéctico donde salió vencedor nuestro paisano de Los Pedroches.
Como remate, Poyato aporta que la Unesco ha reconocido como Patrimonio de la Humanidad a 36 bienes en Méjico, 13 en Perú, 12 en Argentina y 9 en Colombia, mostrando en cambio que ningún otro territorio bajo imperios como el inglés o el francés (por no decir de los Estados Unidos o la URSS tiene, ni de lejos, tantos bienes declarados como lo que hicieron al otro lado del océano los «atrasados» españoles, auspiciados por aquellas leyes que surgieron de la Universidad de Salamanca y que el Papa ha mencionado como referente moral en su reciente visita a nuestro país.
Los exiliados de México
Gran parte de los españoles que en 1939 salieron de su país a raíz de la derrota de la República tenían la esperanza de que su exilio sería breve y podrían regresar al poco tiempo a España. Lo que más ayudaba a alentarles era, desde luego, la explosiva situación internacional reinante. El hecho de que en septiembre de 1939 Francia e Inglaterra declarasen la guerra a Alemania, rompiendo así por fin con su política de no-intervención, hizo que los republicanos españoles se sintieran, si no apoyados, al menos acompañados en la «lucha antifascista» que, según ellos, habían emprendido en julio de 1936. La mayoría de ellos consideraban la lucha contra Hitler (y al año siguiente contra Mussolini) como una simple continuación de la Guerra Civil española y, por ello mismo, confiaban en que una vez que los aliados hubiesen destruido los ejércitos alemanes estas mismas fuerzas procederían a derrocar a Franco.
Portada de la revista 'Las Españas'
Esto pensaban la mayoría de los intelectuales que se exiliaron en Méjico, y todos estos deseos se plasmaron en una serie de revistas que fundaron como ‘Aragón’, que duró de 1943 a 1945, o ‘Ruedo Ibérico’, que sólo publicaría un número en 1944. En sus airados artículos ambas reflejaban las profundas diferencias ideológicas entre los exiliados que ya se habían mostrado durante la Guerra Civil. Luego editarían ‘Las Españas’, una revista más plural y sosegada.
Durante dos años estuve estudiando el legado del canónigo de la Catedral de Córdoba José Manuel Gallegos Rocafull, exiliado a Méjico después de la Guerra Civil en la que se mostró siempre fiel a la República, publicando incluso un libro, ‘La pequeña grey’, con el que pretendía justificar todo su comportamiento.
Uno de esos días de investigación, en las consultas que realizamos a Méjico por teléfono, tropezamos con una familiar de un exiliado de nombre Rafael Maltrana Galán, que no era un intelectual o un hombre de cultura como los que escribían en las indicadas revistas. ¿Quién era entonces este exiliado? La respuesta está en el libro de ‘La persecución religiosa en Córdoba 1931-1939’, cuyos autores fueron Luis Enrique Sánchez García y Manuel Nieto Cumplido (1998).
Según se indica en esta obra, clave para la beatificación de los mártires religiosos de la Diócesis de Córdoba en la Guerra Civil, al estallar ésta, en el pueblo pacense de Granja de Torrehermosa, que entonces pertenecía a nuestra Diócesis, tomó el poder efectivo los primeros días del conflicto un Comité de Salvación de la República del pueblo formado por socialistas locales del sector moderado. Frente a la crueldad que estaba surgiendo en el resto de España en uno y otro bando, este Comité, con valentía y nobleza, dijo que allí no se mataba a nadie porque la muerte y la venganza no conducirían a nada.
Portada de ‘La Persecución Religiosa en Córdoba 1931-1939’, de Manuel Nieto Cumplido y Luis Enrique Sánchez García
Con el paso del tiempo fueron llegando al pueblo pelotones de milicianos fuertemente armados y fanatizados que «querían sangre». A duras penas el Comité se mostraba inflexible, pero un día apareció por Granja de Torrehermosa Rafael Maltrana Galán, ex-alcalde socialista de la vecina Llerena, que al mando de un enorme pelotón de milicianos llamado Batallón de Pablo se hizo cargo del pueblo y de inmediato ordenó la ejecución de 42 detenidos, pues las órdenes eran «matar a los curas y a los beatos del alrededor».
He aquí la partida oficial de defunción de seis sacerdotes asesinados en esa represión:
“ESPAÑA MINISTERIO DE JUSTICIA. REGISTROS CIVILES
Número 32. Folio 93. Nº 2293045/99
Nombre y apellidos. D. Cándido Cacho Cruz.
En Fuente Obejuna, provincia de Córdoba a las trece horas y cincuenta minutos del día veinticinco de Enero de mil novecientos treinta y siete, ante D. Manuel Pequeño Calderón Juez municipal y D. Antonio Murillo Lerín, Secretario habilitado, se procede a inscribir la defunción de D. Cándido Cacho Cruz, de cincuenta años, natural de esta villa, provincia de Córdoba, hijo de D. Manuel y de Dª Margarita, domiciliado en calle de Plaza, de profesión Coadjutor y de estado soltero falleció en término de Granja (Badajoz) en las primeras horas del día veintiuno de Septiembre último asesinado por los marxistas y a consecuencia de lesiones por disparos de arma de fuego, según resulta de las diligencias practicadas y su cadáver recibió sepultura en el Cementerio de esta villa”.
“ESPAÑA. MINISTERIO DE JUSTICIA. REGISTROS CIVILES
Número 133. Folio 123 vto. Nº 2293043/99
Nombre y apellidos: D. Doroteo Barrionuevo Peña.
En Fuente Obejuna, provincia de Córdoba a las once horas y cinco minutos del día ocho de Mayo de mil novecientos cuarenta, ante D. Juan Luis Piqueño Cuenca Juez municipal suplente y D. Javier Pacheco de la Cueva, Secretario en propiedad, se procede a inscribir la defunción de D. Doroteo Barrionuevo Peña, nacido en Dos Torres, provincia de Córdoba en fecha que se ignora de treinta y cuatro años de edad, hijo de D. Francisco y de Dª Leoncia, domiciliado en Aldea de Cuenca, de profesión Sacerdote y de estado soltero falleció en término de Granja de Torrehermosa en la noche del día veintiuno a veintidós de Septiembre de mil novecientos treinta y seis, asesinado por las hordas rojas y disparos de arma de fuego, según resulta de expediente instruido, y su cadáver después de quemado no ha sido hallado”.
“ESPAÑA MINISTERIO DE JUSTICIA REGISTROS CIVILES
Número 34. Folio 94. Nº 2293046/99.
Nombre y apellidos. D. Diego Albañil Barrena.
En Fuente Obejuna, provincia de Córdoba a las catorce horas y diez minutos del día veinticinco de Enero de mil novecientos treinta y siete, ante D. Manuel Pequeño Calderón Juez municipal y D. Antonio Murillo Lerín, Secretario habilitado, se procede a inscribir la defunción de D. Diego Albañil Barrena, de treinta y tres años, natural de esta villa, provincia de Córdoba, hijo de D. Diego y de Dª Josefina, domiciliado en calle de Sevilla, de profesión Sacerdote y de estado soltero falleció en término de Granja (Badajoz) en las primeras horas del día veintiuno de Septiembre último asesinado por los marxistas y a consecuencia de lesiones por disparos de arma de fuego, según resulta de las diligencias practicadas y su cadáver recibió sepultura en el Cementerio de esta villa”.
“ESPAÑA MINISTERIO DE JUSTICIA REGISTROS CIVILES
Número 35. Nº 2293040/99
Nombre y apellidos. D. Juan Porras Redondo.
En Fuente Obejuna, provincia de Córdoba a las catorce horas y veinte minutos del día veinticinco de Enero de mil novecientos treinta y siete, ante D. Manuel Pequeño Calderón Juez municipal y D. Antonio Murillo Lerín, Secretario habilitado, se procede a inscribir la defunción de D. Juan Porras Redondo, de cuarenta y un años, natural de Pozoblanco, provincia de Córdoba, hijo de D. Juan y de Dª Isabel, domiciliado en Aldea de Ojuelos Altos, de profesión Sacerdote y de estado soltero falleció en término de Granja (Badajoz) en las primeras horas del día veintiuno de Septiembre último asesinado por los marxistas y a consecuencia de lesiones por disparos de arma de fuego, según resulta de las diligencias practicadas y su cadáver recibió sepultura en el Cementerio de esta villa”.
“ESPAÑA MINISTERIO DE JUSTICIA REGISTROS CIVILES
Número 36. Folio 95. Nº 2293042/99
Nombre y apellidos. D. Ignacio Carretero Sobrino.
En Fuente Obejuna, provincia de Córdoba a las catorce horas y treinta minutos del día veinticinco de Enero de mil novecientos treinta y siete, ante D. Manuel Pequeño Calderón Juez municipal y D. Antonio Murillo Lerín, Secretario habilitado, se procede a inscribir la defunción de D. Ignacio Carretero Sobrino, de cincuenta y ocho años, natural de Hinojosa del Duque, provincia de Córdoba, hijo de D. Agustín y de Dª María, domiciliado en Aldea de Cañada del Gamo, de profesión Sacerdote y de estado soltero falleció en término de Granja (Badajoz) en las primeras horas del día veintiuno de Septiembre último asesinado por los marxistas y a consecuencia (borrado del original), según resulta de las diligencias practicadas y su cadáver recibió sepultura en el Cementerio de esta villa”.
“ESPAÑA MINISTERIO DE JUSTICIA. REGISTROS CIVILES
Número 33. Nº 03222266/06
Nombre y apellidos. D. José Castro Díaz.
En Fuente Obejuna, provincia de Córdoba a las catorce horas del día veinticinco de Enero de mil novecientos treinta y siete, ante D. Manuel Pequeño Calderón Juez municipal y D. Antonio Murillo Lerín, Secretario habilitado, se procede a inscribir la defunción de D. José Castro Díaz, de cincuenta años, natural de Villanueva de Córdoba, provincia de Córdoba, hijo de D. Francisco y de Dª Catalina, domiciliado en calle de Córdoba, de profesión Sacerdote y de estado soltero falleció en término de Granja (Badajoz) en las primeras horas del día veintiuno de Septiembre último asesinado por los marxistas y a consecuencia de lesiones por disparos de arma de fuego según resulta de las diligencias practicadas y su cadáver recibió sepultura en el Cementerio de esta villa”.
Rafael Maltrana Galán, al ver perdida la guerra, se exilió en Francia, embarcando después rumbo a Chile en el barco Winnipeg que proporcionó Pablo Neruda. Luego se trasladó a Méjico donde, con su familia, pudo rehacer su vida montado un negocio de coches del que vivió hasta su muerte. Evidentemente, no todos los exiliados eran intelectuales o pobres víctimas del conflicto como se nos quiere hacer creer.
Otras opiniones desde la tercera España
Don José Ortega y Gasset, uno de los que presidieron el tribunal que facultó la tesis doctoral del padre José Manuel Gallegos y, sobre todo, uno los grandes padres intelectuales de la II República, ya el 9 de septiembre de ese mismo de 1931, en el primer debate constitucional, publicaba con mucha amargura y desengaño en el diario ‘Crisol’ que la república no funcionaría mientras no se desterrara la palabra «revolución» que tanto gustaba a los izquierdistas. Concluía con unas palabras premonitorias que han pasado a la historia:
"Una cantidad inmensa de españoles que colaboraron con el advenimiento de la República con su acción, con su voto o con lo que es más eficaz que todo esto, con su esperanza, dicen ahora entre desasosegados y descontentos:
¡No es esto, no es esto! La República es una cosa. El radicalismo es otra, Si no, al tiempo”.
Dos meses más tarde, el 6 de diciembre, tres días antes de la aprobación parlamentaria de la Constitución, escribió otro artículo titulado ‘Rectificación de la República' en el que lamentó, entre otros aspectos, su «arcaico anticlericalismo» y el espíritu partidista por encima del interés general de la nación.
Clara Campoamor, republicana impulsora de voto femenino en 1931
Otra personalidad que no se puede tachar precisamente de desafecta a la República era Clara Campoamor, la primera parlamentaria española que luchó en aquellas Cortes Constituyente de 1931 por los derechos y el voto de las mujeres (donde fue duramente combatida por la diputada socialista Victoria Kent que se oponía al voto de las mujeres por estimar que estaban muy influenciadas por la Iglesia).
En un intercambio epistolar que ha tenido repercusión en los últimos meses, mantenido con su amiga Paulina Luisi de fecha 26 de abril de 1937, en plena guerra, dice lo siguiente:
“Desdichadamente la incapacidad de Azaña ha sido tan grande como su rencor, y no se confunda Ud. (se dirige a Paulina) el huracán lo ha desatado el Frente Popular, Vivimos ya en plena revolución. Bergamín es para mí como Ossorio y compañía, hombres sin honor y sin conciencia. Monstruos. Han visto, niegan…y viven de su mentira.
Y en nombre de esa realidad vivida, de todo el dolor de España, del error unas veces trágico, otras, criminal, de los republicanos españoles, le digo a usted con toda inquietud por lo que me manifiesta que, con esa ola creciente de revolución proletaria, que es la que se ha introducido en los campos republicanos, con eso nosotros no tenemos nada que hacer. No nos hemos pasado la vida renegando de dogmas de una religión para llegar a tener que aceptar igualmente, sin discusión, otros dogmas que llevan al crimen y a la degradación de la naturaleza humana.
Yo, que no puedo ideológicamente, como usted sabe muy bien, aceptar una tesis fascista, le digo a usted, a quien debo todas las sinceridades, que deseo ardientemente el triunfo de Franco sobre los gubernamentales, como única posibilidad de evitar el derrumbamiento de España. Pero ¡a qué precio!… Hágase usted cargo por esta afirmación de lo que esperaría para mi patria del otro lado. La monserga del gobierno legal y legítimo es una burla siniestra de la que se ha abusado demasiado. José María el Tempranillo y los siete niños de Écija serían monjes franciscanos al lado del que se sigue llamando gobierno legal de la República”.