Lagartija Nick, Leonard Cohen, Morente y un señor de Murcia echan el cierre al Festival de la Guitarra
«Hay una Córdoba rebelde, sufrida, algo escondida y políticamente no sé si incorrecta pero sí osada que se atrinchera en verano por el día detrás de las fachadas aparentemente mudas de sus calles, y que por las noches pide guerra»
Estreno mundial de «Omega. 30 Aniversario» en la Axerquía de Córdoba
Contra lo que pueda parecer, los veranos en Córdoba siempre son sorprendentes. A primera vista, la ciudad dos veces milenaria de la ribera del Guadalquivir se queda vacía cuando llega el Lorenzo implacable, como en un atrezzo post-nuclear fascinante donde la gente -ay la gente- parece haber huido en estampida loca hacia lugares imposibles, glaciares de película de ciencia ficción, comarcas remotas y costas con resorts donde las temperaturas son más benignas y el carácter de sus gentes es más propicio hacia la especulación: sea esta la que sea.
Pero nada más lejos de la realidad. Hay una Córdoba rebelde, sufrida, algo escondida y políticamente no sé si incorrecta pero sí osada que se atrinchera en verano por el día detrás de las fachadas aparentemente mudas de sus calles, y que por las noches pide guerra. Porque es un hecho que cada vez hay menos clase media con gurdeles suficientes para darse el piro a un apartamento en Fuengirola o un adosado en Trassierra. Y eso no lo dice la tele. Aunque todos sabemos que la tele no mola. Total, que en verano hay un huevo de gente en Córdoba, de aquí y de fuera. Y aquí ha estado el Festival de la Guitarra para mostrarlo.
Lagartija Nick y un señor de Murcia
Un par de días antes del concierto había tirado de agenda para ir acompañado al concierto de Lagartija Nick, en el colofón de esta ya finita edición del Festival de la Guitarra. Pero nadie respondió. Ya sabes, casi nunca las cosas salen como uno espera: las ex no me cogían el teléfono, Edu estaba en el Aeroclub o en la playa, César estaba viendo a 091 en no sé dónde y yo con estos pelos. Así que tiré solo para el bolo. Mi madre seguía sin saber lo que es un fuera de juego y yo sí sé quiénes son Lagartija Nick: y en eso ella siempre me llevará ventaja.
La noche era fresca para escándalo de los vende-humos de cambios climáticos diseñados a la carta, y el concierto estaba bien armado: Lagartija Nick sobre un escenario impecable en el trigésimo aniversario de la publicación del mítico disco «Omega» que ya hicieran junto al fallecido Enrique Morente en un lejano 1996. En su lugar, Kiki Morente al cante e Israel Galván al baile. El concierto, en riguroso estreno en Córdoba.
Maquinando lo imposible, como un superhéroe de cómic con pocas ventas en el quiosco, tiré solo para el concierto en una noche espléndida cordobesa. Algo fresca para un hijo del agobio, si soy sincero.
En la previa al concierto, durante el trasiego de las cervezas de rigor en los bares de los aledaños de la Axerquía, conocí a un tipo solitario de Murcia -que los hay- que había venido expresamente a ver a los Lagartija y con el que pegué la hebra. Era joseantoniano y locuaz. Así que entre risas y cañas la cosa acabó en una charla sobre Mihura y su «Ninette y un señor de Murcia». Aún doy gracias al cielo porque aún pasen cosas así junto a una barra de aluminio en cualquier bar de barrio.
No había grandes colas a la entrada del teatro de la Axerquía pero sí unos señores encargados de seguridad con excesivo celo: «no se puede estar en las zonas comunes», me soltó uno. «Entonces por qué se llaman comunes, le espeté». En fin. Tras el atraco a mano armada que se producía cada vez que uno se acercaba a la barra del teatro al aire libre, cinco pavos por una cerveza más otro por el vaso en un concierto en un escenario público no deja de ser otra cosa, empezó el concierto. Rozando los tres cuartos de entrada y con claros bien disimulados en las gradas de cemento. Sobre el escenario, y con una puesta en escena elegante y sobria, empezó la actuación con todos los músicos ataviados con máscaras venecianas e interpretando la canción más icónica del disco: «Manhattan». Acompasado por un soberbio batería, percusión, cuatro palmeros, teclado, bajo, la guitarra de Antonio Arias y la voz de Kiki Morente. Como hoy estamos magnánimos, pasaremos por alto la actuación del desubicado bailaor Israel Galván.
Poco a poco, el grupo fue desgranando el Omega en un concierto que quizá pecó de intensidad y que tuvo cierto aire a performance. Hubo momentos bellos como con la interpretación de «Asesinado por el cielo», un verso de un poema de Lorca llevado al éxtasis por el conjunto de flamenco-rock. Irregular y fascinante, el concierto prosiguió con un buen puñado de canciones del disco homenajeado y no pudieron faltar las versiones del «Hallelujah» y el «Pequeño vals vienés» de Leonard Cohen, antes del apoteosis final sobre el escenario al que subió la viuda de Enrique Morente para bailar descalza por bulerías junto a su hijo. El frescor de la noche cordobesa de principios de julio hacía balancear los cipreses que flanquean el teatro de la Axerquía, mientras Kiki Morente interpretaba la canción de la noche, al menos para un servidor: «¿Quién te escribirá canciones de amor?». Fascinante y sideral, el concierto llegó a su final mientras la vieja escuela nos juntábamos en el Ambigú: David «Comuna», Azela, Ricardo, Sandra o Pepete. Todavía se veía a algún que otro rocker.
Ha corrido mucho desde la publicación de aquel otro álbum de Lagartija Nick llamado «Inercia». De aquel rock indie postinustrial -por decir algo que se parezca a la Rockdelux: revista musical de prestigio hasta hace un telediario y que por cierto los obvió, dentro de su afán perdidamente anglófila y acomplejada, la pasta manda- con unos arreglos sorprendentes y producción impecable para la epoca, y con temas imperecederos como ”Satélite”, «Nuevo Harlem» o «Algo sucio, algo eléctrico», cuando hablaban de crack, Kerouac, armas, y apocalipsis punk. Y cuyas letras anticiparon, hace ya treinta años, la sociedad postindustrial y vigilada que le pasa a mi vecina del tercero, que es frutera. Y a ti. Quizás no hayamos envejecido tan bien. Porque estos pavos ya te lo contaban hace tres décadas.
Pero yo solo cuento lo que vi. Es lo que tiene de mezclar a Morente, Leonard Cohen, Lorca y al rock desdichado. A todo esto, a estas alturas de esta crónica, ¿aún queda algún lector ahí?