Imagen del conflictivo aparcamiento de la calle Sagunto
Peleas, insultos y un coche a punto de arder: aumenta la violencia en el parking del centro de salud Levante
Los conflictos y altercados en el aparcamiento frente al centro de salud Levante Sur han ido in crescendo desde la apertura del punto de urgencias por un problema cronificado con gorrillas
Desde hace años, la situación del aparcamiento frente al centro de salud de Levante ha generado problemas de inseguridad y violencia. Grupos de gorrillas, muchas veces en profundos estados de embriaguez, provocan altercados. La mayoría de veces entre ellos, pero salpican también a vecinos, negocios cercanos o a los propios conductores que estacionan allí sus vehículos. La apertura del nuevo punto de urgencias Levante Sur, lejos de acabar con estas situaciones, las han exacerbado. Todo ello con más afluencia de trabajadores y pacientes al lugar. Recientemente, el sindicato UGT ha denunciado este problema enquistado en la Subdelegación del gobierno, ya que se han producido agresiones al personal de seguridad, insultos a los sanitarios y el incendio de un colchón que casi concluye en la quema de un coche. Las asociaciones de vecinos mantendrán en breve una reunión para tomar medidas; la policía nacional ha indicado que aumentará su presencia en la zona. Muchos de los vecinos, a su vez, desvían la responsabilidad, además de a la inacción de las instituciones, a la actividad del comedor trinitario de Prolibertas, situado en la call Sagunto. En cualquier caso ¿Cambiará algo en esta zona tan conflictiva desde hace tanto tiempo?
A raíz de los sucesos, el llamado interlocutor policial sanitario, se ha reunido con la gerencia del centro de salud. «Se han dado instrucciones para aumentar la presencia policial en la zona», confirman fuentes de la Policía Nacional, que han matizado que dicha presencia «será dinámica, no estática», es decir, no consistirá en agentes apostados con constancia en el lugar, sino en visitas intermitentes con mayor periodicidad. Al margen de esto, no han facilitado más datos. Por parte del Ayuntamiento, y en relación a la policía local, se reconoce que los llamados equipos Rayo actúan poniendo sanciones, aunque las fuentes municipales no han aportado la información sobre las zonas de la ciudad más afectadas por esta situación. Este grupo de la policía local se creó para luchar contra el vandalismo, incumplimiento de ordenanzas e infracciones de vehículos.
Hace tan sólo unos días, la actitud agresiva de unos gorrillas concluyó con la quema de un colchón que casi incendia el coche de una sanitaria trabajadora del centro de salud. Así lo indica un miembro de la sección sindical de servicios de UGT que prefiere permanecer en el anonimato. A los consabidos problemas de peleas entre gorrillas y amenazas a los conductores, se unen, desde la apertura del nuevo centro de urgencias, aún más imprecaciones por el mayor números de usuarios. «Nosotros que estamos allí de vigilantes, al ver que se ponen en la puerta amenazando e insultando a los usuarios, tenemos que velar por ello, y los interpelamos, intentamos negociar que se vayan un poco más arriba o llamamos a la policía, que la mayor parte de las veces no puede hacer nada», concreta esta fuente.
«El personal sanitario se lleva insultos y amenazas todos los días en cuanto los ven fuera, de forma arbitraria, porque estas personas están borrachas o faltas de una dosis de otras sustancias». Los vigilantes de seguridad «han tenido que dar la cara por sanitarios y usuarios», indica el responsable sindical. Y utiliza un término coloquial pero indudablemente expresivo con la situación: «algunos vigilantes le han echado huevos y han llegado a requisar palos y barras de hierro».
La asociación de vecinos la Unión de Levante, a través de su presidenta Adela Ruiz de la Mata, ha adelantado que ha establecido contactos con la Asociación de Vecinos Viñuela, puesto que el centro de salud también lo es de esta zona. A partir de la semana que viene, planificarán las acciones a seguir: «las dos asociaciones de vecinos haremos más fuerza que solamente una», asegura De la Mata. Esta no es la primera vez que la asociación se moviliza con motivo de la inseguridad del barrio: «llevamos pidiendo seguridad mucho tiempo, pero no nos hacen ni caso». La presidenta afirma que ya mantuvieron reuniones con las instituciones al respecto, e incluso se produjo una manifestación precisamente en la zona del aparcamiento el pasado mes de noviembre para pedir más iluminación en el lugar y que se solucionase el problema de los gorrillas, entre otras reivindicaciones. De la Mata, a través del contacto con los vecinos, traslada la opinión de que gran parte de la responsabilidad de estos problemas recae en los comedores de la Fundación Pro Libertas de los Trinitarios. A su vez, matiza tal aseveración, pues considera que el problema de los gorrillas también se produce de igual forma en otros puntos de la ciudad, «por lo que quizá el problema sean los aparcamientos, no la gente que va al comedor». En resumen, cree que habría que analizar esta situación más de cerca.
Comerciantes damnificados
Uno de los negocios cercanos, en la calle Sagunto, es Grafyca, especializado en fotocopias y artículos de librería. Su responsable Emilio Fernández, recuerda que ya le robaron el local en su ubicación anterior, muy cerca y en la misma calle, en la época de las restricciones por covid. «Fue un grupo de jóvenes de unos 14 años que estaban por la zona de la Biblioteca Central». Más recientemente, una pelea entre gorrillas del aparcamiento, concluyó con el lanzamiento de piedras grandes. Debido a ello le rompieron dos lunas a media mañana. Fernández destaca la buena labor de los comedores sociales, en los que, reconoce, hay disputas ocasionalmenten de las que han sido víctimas incluso los voluntarios, recuerda. Sin embargo él no cree que los gorrillas del aparcamiento estén directamente vinculados a ese espacio de los trinitarios. «Llevo veinte años en el barrio y veo estas cosas a diario, con el nuevo punto de urgencias parecía que esto iba a estar más decente, pero sigue siendo lo mismo».
Otra damnificada es Rocío Jurado, responsable de la cafetería El Cobre, justo en frente del aparcamiento. Hace ya tiempo, viendo el panorama, decidió cerrar por las tardes para evitar problemas, pues estos se acrecientan en jornada vespertina y nocturna. Esta decisión fue tanto por la cercanía a los conflictos que se generaban entre ellos como a que algunos acudían al establecimiento en busca de alcohol. «Crean mal ambiente, se pelean... y terminaban las peleas aquí», precisa. Para Jurado, el problema es una pescadilla que se muerde la cola, pues con la labor de gorrillas recaudan dinero, la gente -amedrentada- se lo sigue dando, y permanecen en este sitio que les reporta beneficios. «Y encima el párking no lo puedes quitar porque el barrio está fatal de aparcamientos». Jurado recuerda que ha habido momentos más tranquilos, cuando los gorrillas del aparcamiento en horario matutino eran, por decirlo así, oficiales, pues procedían de una empresa que empleaba a minusválidos: «los quitaron de ahí ya ahora tenemos conflicto por la mañana, por la tarde y por la noche».
Al lado de El Cobre, se encuentra el estanco de Jorge Domínguez. Lleva treinta años en el barrio y certifica que vio un cambio enorme, y a peor, en el momento en que se puso en marcha el comedor de Prolibertas de la calle Sagunto, que complementaba al del Marrubial. Hasta marzo de 2016, esas instalaciones las ocupaba la Cruz Roja, que se mudó entonces a Cañada Real de las Mestas. Dos años después, en marzo de 2018, se abría la llamada Casa de la Libertad. «Este barrio era muy tranquilo, tendría su menudeo, como en todos los barrios, sabías quiénes eran, no te metías con ellos y no se metían contigo, pero pusieron el comedor ahí y llegaron los problemas». Domínguez explica que los elementos conflictivos que acuden al comedor, «ya se quedan todo el día aquí dando vueltas». El responsable del estanco llama la atención también sobre el hecho de que muchos sean extranjeros y entren en la clasificación de menas, «por lo que no les van a hacer nada». Domínguez resume: «esto es el pan nuestro de cada día, y así seguirá, te iba a decir, hasta que pase algo gordo, pero es que ya ha pasado, con reyertas muy graves, y sigue el comedor abierto». Este periódico ha podido comprobar, por el contacto con otros vecinos, que ese malestar con el comedor de los trinitarios es frecuente.
El comedor de la Fundación Prolibertas
Ante el señalamiento del comedor de la Fundación Prolibertas, su delegado en Córdoba, Eduardo García, ha aclarado que «ni la policía nacional o local, ni el Ayuntamiento, el centro de salud ni las asociaciones vecinales del entorno se han dirigido a Prolibertas para trasladarnos ningún tipo de incidencia, observación o queja relacionada con nuestro centro». A partir de ahí García, ha mostrado su comprensión con la sensación de inseguridad que pueda tener cualquier habitante del barrio cuando se producen hechos como los acontecidos: «esa preocupación tiene que ser escuchada y atendida», añade. Para el responsable de la fundación, resulta básico para afrontar este asunto, antes que nada, «no establecer relaciones de causa y efecto sin tener datos objetivos». A su juicio «no se deben atribuir a un centro social como el nuestro, las conductas incívicas o delictivas que se produzcan en el barrio sin poder afirmar que las personas implicadas sean usuarias, sencillamente porque no lo sabemos».
Para Eduardo García, los usuarios del centro «son ciudadanos con los mismos derechos y deberes que los demás, por lo que si comenten un delito deberán responder individualmente por él, con independencia de la situación social que tenga». El responsable de Prolibertas ha reiterado en que nadie se ha puesto en contacto con ellos, pero que si hubiese algún problema, la fundación está dispuesta a sentarse para tratarlos con cualquier institución u organismo: «estos problemas de seguridad, que suelen ser bastante complejos, requieren respuestas compartidas pero basadas en hechos objetivos y no en estigmatizaciones de personas en situación vulnerable. García ha recordado que el comedor de los trinitarios lleva un servicio de 37 años en Córdoba y en ese mismo entorno, haciendo referencia al centro cercanísimo del Marrubial, junto al colegio de la orden y la iglesia del Rescatado. «Siempre lo hemos hecho contando con el apoyo de las instituciones de la ciudad y de la propia ciudadanía