Local que deja vacío Pronovias, en la calle Cruz Conde

Local que deja vacío Pronovias, en la calle Cruz CondeMAR

El centro de Córdoba se vacía de comercio y se llena de dudas

Alquileres disparados, competencia digital y despoblación acorralan a un comercio tradicional que el asociacionismo no logra defender

La tienda de Pronovias en la calle Cruz Conde llevaba años siendo una referencia para las novias cordobesas. Hace unos días bajó la persiana. Según fuentes próximas del sector, el franquiciado de la firma catalana rechazó asumir la subida de alquiler mensual que le pedía el propietario del local —de 15.000 a 18.000 euros— y su marcha ha dejado un hueco que, según los comerciantes de la zona, ocupará en breve una multinacional tecnológica. Las clientas que ya tenían comprado su vestido tendrán que ir a Málaga para las pruebas; Pronovias asumirá los gastos del viaje, según ha podido saber este periódico. La firma sigue presente en casi todas las capitales andaluzas.

No es un caso aislado. En los últimos dos años se han marchado Zara Home y Oysho, por nombrar algunas de la franquicias más señeras. De los comercios autóctonos que daban vida al centro de la capital cordobesa apenas queda rastro. El de Pronovias es el último episodio de una transformación que lleva años reescribiendo el mapa comercial del centro de Córdoba.

El alquiler que nadie puede pagar

Calzados Salvador abrió en Cruz Conde, número 2, en 1984. Cuarenta y un años después ha cerrado. El propietario pasó de 4.000 euros al mes a exigir 6.000, más una reforma de entre 60.000 y 70.000 euros. «No se puede gastar tanto en una obra y tanto en una renta». La segunda tienda que conservan en la misma calle tampoco está a salvo: el dueño ya les ha avisado de que quiere hacer pisos turísticos. «Este local tiene fecha de caducidad. Renovamos contrato mes a mes porque el propietario ya nos ha comentado que en seis meses como mucho nos tendremos que ir de esta tienda abierta desde 1979. El comercio se está perdiendo, ya sólo hay tiendas de uñas».

Antonio, diseñador de Mancini Costura, pasó más de veinte años en la calle Góngora. En su caso no fue una subida, sino que el propietario quería vender a un precio que no correspondía con las tasaciones. Al ponerse a buscar alternativas en el centro, lo que encontró fue otro muro. «Me han llegado a pedir 45.000 euros de aval bancario para alquilarme un local de 1.000 euros al mes. ¿Qué persona o qué familia tiene 45.000 euros para dejarlos apalancados para darle tranquilidad a una persona?». La reflexión que saca de todo ello es simple: «Tengo que guardar para pagarte cuando no me vaya bien». Al final, optó por irse al barrio de Levante. «Ha llegado la hora de decir que se queden sus locales para multimarca y gente que tiene muy alto poder de entrada».

Aurelio González, al frente hoy de Zocóptica y Centro Auditivo Zoco en el Centro Comercial Zoco, lo vio desde otro ángulo. Cuando en 2019 cerró su óptica en Cruz Conde abierta apenas un año antes, su local era el número diecisiete en cerrar en esa calle. Apuntó entonces a la falta de inversión institucional, la iluminación deficiente y los precios del alquiler. Los departamentos de marketing de las tres grandes marcas con las que trabajaba —EssilorLuxottica y Oticon— no supieron darle una explicación.

La tienda como probador

El alquiler no es el único problema. Los hábitos de compra han cambiado y el centro acusa el golpe. Desde Calzados Salvador lo describen con claridad: «Lo mismo le está pasando a otros negocios. El que tiene un local se cree que tiene el huevo de las gallinas de oro. El problema es que no se vende, hay mucha competencia, tanto en internet como en los mercadillos. Las tiendas han quedado para probarse y luego lo piden por internet en el sitio más barato, se ahorran 7 u 8 euros, y ya saben cómo les queda».

El comercio se está perdiendo, ya sólo hay tiendas de uñas"

Antonio lo ve en su negocio de moda nupcial. «Ahora una señora que quiere comprar un traje para una boda mira opciones en el móvil. Antes iban al centro, paseaban y se probaban. Ahora tenemos que estar en internet. Nos hemos dado cuenta de que si alguien quiere un producto específico va donde está ese producto». Aurelio González lo resume en una sola imagen: «Hay mucho tránsito de personas, pero pocas personas con bolsas comprando en el centro».

La hostelería no es la solución

Frente al repliegue del comercio, la hostelería ha ido ocupando locales en el centro. Pero Aurelio González, que además de óptico gestiona la Factoría del Ratón Pérez, la cafetería El Gato Verde y recientemente el emblemático Moriles 1970 —local de referencia en la zona del Zoco—, es de los pocos que puede hablar del fenómeno desde dentro. Y su diagnóstico no es optimista. «El tema de la hostelería es más peligroso todavía. Los márgenes no son los mismos y el personal es un problema muchísimo más complejo». La clave, añade, está en el público al que uno se dirige: «Si se dirige a un público de rotación —porque por ahí pasa mucho público— puede tener más posibilidades de éxito. Pero en la medida en que se van abriendo establecimientos nuevos, también se van cerrando otros». Eduardo Bautista Cantero, comerciante con más de cuatro décadas en el sector, comparte el escepticismo: 'Muchos de esos bares viven de la gente que ya está por la zona. Yo no sé hasta qué punto viene gente de fuera solo a tomar una cerveza al centro'."

Un centro sin vecinos jóvenes

Detrás de la caída del consumo hay un factor demográfico que noes un asunto menor. González, que instaló su óptica en el Zoco de Poniente después de fracasar en el centro, encontró allí un público que en Cruz Conde era prácticamente inexistente. «El morador del centro tiene una media de edad muy alta. Personas de mi edad —tengo cincuenta y cinco años— ya no viven en el centro». En Poniente, el mismo modelo y las mismas marcas funcionan «con una facilidad pasmosa». «A mí me deprimiría pasear por la calle Cruz Conde, ver la cantidad de establecimientos que hay: algunos se alquilan, otros están abiertos pero no tienen movimiento».

El coche, el aparcamiento y la ratonera

Eduardo Bautista Cantero lleva en el comercio cordobés desde 1977. Para él los males arrancan de una decisión política concreta. «Cuando llegaron los carteles de ‘al centro en bicicleta, en autobús o andando, pero en coche no’, ahí empezó el asalto al centro». Su tesis es que el comercio necesita tres cosas: sitio, tienda y aparcamiento. El centro de Córdoba tiene las dos primeras. La tercera, no. «Si no puedes llegar al centro, es más fácil ir en coche a Fuente Palmera que meterte en el centro de Córdoba». Las grandes firmas aguantan porque no tienen otra opción, pero eso puede cambiar: si llegara otro gran centro comercial , vaticina que Zara abandonaría Cruz Conde. «El centro es una ratonera. Van los que quieren comprar en Zara, y van a Zara donde esté Zara».

Calle Cruz Conde, Córdoba

Calle Cruz Conde, CórdobaMAR

Huir del centro para sobrevivir

Hay quienes han decidido que el centro ya no merece el esfuerzo. Antonio lo cuenta sin nostalgia. «Si vas a otras ciudades ves que el comercio no se centra en una única zona. En Córdoba, ¿por qué no podemos tomar ejemplo y huir de sitios donde se nos asfixia?». Mancini Costura lleva ahora su actividad desde un local de 150 metros cuadrados en la calle Sagunto, en el barrio de Levante. «Presumimos de ser una empresa artesana y ahora presumimos de ser una empresa artesana en un barrio de Córdoba». González hizo lo mismo años antes, también sin arrepentimiento.

Morería resiste, pero con matices

No todo el centro cuenta la misma historia. En la calle Morería, donde la moda de fiesta y flamenca tiene identidad propia, una empresaria que abrió su tienda en septiembre de 2025 describe una realidad más matizada. El traslado de Zara no le ha restado clientes, pero la época de lluvias dejó huella. «El tránsito de gente ha estado bastante bien, sobre todo en Navidad por el alumbrado. Pero toda la época de lluvia ha sido bastante difícil porque al final no es un producto de primera necesidad y los clientes con una alerta meteorológica no salen a comprar».

Es más fácil ir en coche a Fuente Palmera que meterte en el centro de Córdoba"

Las ayudas institucionales, dice, han brillado por su ausencia: «No ha habido ningún tipo de ayuda ni de nada y nos hemos resentido bastante en las ventas. En cambio ahora, aunque aún no es primavera, estoy notando bastante movimiento». Una pop up de moda flamenca que abre cada primavera en la misma calle añade un matiz: su propietario mantiene el precio del año anterior. No todos los alquileres han subido.

«Salud de hierro con alguna neumonía»

Manuel Blasco, presidente del Centro Comercial Abierto Centro Córdoba, sostiene que el sector goza de «salud de hierro, a pesar de que te puedas resfriar de vez en cuando, y algunos cojamos neumonía». La metáfora, pensada para transmitir confianza, termina por admitir lo que quiere relativizar. Blasco distingue entre franquicias y comercio de cercanía: las primeras reorganizan su red según criterios propios, ajenos a la realidad local. «No tienen esa sensibilidad que tiene el comercio de cercanía. El que se queda es el de siempre: el que lleva décadas, siglos manteniendo las zonas comerciales, el que hace que haya luz por las calles de noche, el que genera empleo». La paradoja es que ese comercio es el que peor aguanta la presión de los alquileres.

Sobre el asociacionismo, Blasco es autocrítico. «Podría reivindicar mucho más de lo que hace», admite, y añade que le cuesta incorporar gente a la junta directiva. Las reivindicaciones pendientes son las de siempre: accesibilidad, aparcamiento, renovación del Bulevar del Gran Capitán, que describe como «completamente destrozado». Su llamada final va dirigida a los políticos: «Debería darse cuenta del músculo que tiene el comercio y lo fuerte que somos todos juntos, para que nos cuiden mucho mejor».

De todas maneras el centro de Córdoba no está muerto. Tiene tránsito, tiendas, hostelería y calles con identidad propia que resisten. Pero el comercio tradicional que le dio forma durante décadas lleva años cediendo terreno a golpe de alquiler, de clic y de maleta con ruedas. La pregunta que nadie termina de responder es cuál será el modelo que lo sustituya, y si ese modelo será capaz de mantener encendida la luz en las calles cuando caiga la noche.

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