Relatos en verdeRafael del Campo

La anciana que montaba en bicicleta

«Mientras, en el Congreso de los Diputados, se legislaba para no respetar la esencia del ser humano»

I.- El Parque, a eso de la media tarde, se llenaba de perros que retozaban por el césped, se perseguían, amagaban, o, incluso, se regruñían… y ladraban o aullaban, según las razas y la edad del animal, y se revolcaban y comían, para purgarse, las hierbas que su instinto les señalaba ; en suma, disfrutaban del tiempo de libertad que, como canes urbanitas, les estaba permitido.
Los dueños vigilaban a sus animales aunque , su condición de dueños de perro, les hacía perder su propia identidad: en rigor, ya no eran nadie por sí mismos ni tenían su nombre personal. Así, el señor tan bien plantado, con bigote recortado y atildada vestimenta, que tenía un fox terrier de pelo duro era, simplemente, el dueño de Trueno, un perro ya viejo, que paseaba con un aire siempre displicente y un poco arrogante y que, salvo si había alguna perra en celo, apenas socializaba con los demás.
Había también una pareja joven de recién casados. La chica estaba embarazada y su perfil era ya claramente barrigudo y maternal. Pero ellos eran, simplemente, los dueños de Bruno, un gran danés tranquilo y bondadoso, de movimientos pausados, casi renuentes, que cuando otros perros se enzarzaban, solía acudir a poner paz y a diluir discordias.
Tampoco se conocía el nombre de la chica que llevaba una westy blanca y alegre que se llamaba Curra. Cuando faltaba a la cita prolongadamente alguien preguntaba:
- ¿ Y la dueña de Curra ? porque nadie sabía cómo se llamaba la dueña.
Y el más informado, a lo mejor el dueño de Perla, la podenca, decía:
- Esa niña estudia en Madrid y sólo viene algunos fines de semana….
- Ahhh
Casi todos los días aparecía también la dueña de Priscila. Nadie sabía, tampoco, como se llamaba, pero destacaba porque era ya una señora muy mayor, con el pelo blanquísimo, abundante, largo y desordenado, y, sobre todo, porque a su edad, venía en bicicleta. En las barras del manillar había acoplado una cesta donde portaba a su perra : una caniche blanca y glamurosa, que siempre llevaba un lazo rosa en la cabeza y que, como quedó dicho, se llamaba Priscila.
Priscila no era especialmente simpática y, según parecía, tenía un genio agrio y cuando cualquier cachorrón se le acercaba con ganas de juego no se andaba con miramientos y le gruñía y le pegaba un empellón y el pobre cachorro, por ejemplo Santo, el mastín, a pesar de que era mucho más grande que ella, salía de najas chillando, acobardado, buscando a su dueño que tampoco tenía identidad propia: era, simplemente, el dueño de Santo.
La anciana, al contrario que su perra , sí era amable y siempre tenía una sonrisa en los labios y una color triste en los ojos, esa triste color indefinible que mana de la soledad y que anubla el brillo chispeante que lucen los que aun quieren vivir.
Sin embargo nadie reparaba demasiado en la vieja y ni nadie curioseó jamás si necesitaba compañía, afecto o, simplemente, un par de palabras amables, no más. De hecho, nadie se preocupó nunca ni de dónde vivía ni de cómo se llamaba. Y así:
- ¿ Cómo se llama la dueña de Priscila ?
- ¿ La vieja de la bicicleta ?
- Sí, esa….
- Pues ni idea….
II.- Unas semanillas antes de que entrara el verano, una tarde que aun era fresca y que olía a pólenes entremezclados y melosos, una tarde en que los pájaros se perseguían encelados, apareció la vieja en la bicicleta con la canasta vacía.
Arreciaba el trinar de los chamarices en los pináculos de las acacias, cuando la vieja lo dijo:
- Priscila murió hace unos días….
Y todos se acercaron vivamente compungidos.
El dueño de Trueno hizo una reverencia señorial y dijo:
- Le acompaño en el sentimiento, señora.
Los recién casados la abrazaron muy consternados:
- Era una perrita fantástica...¡ Qué elegancia! ¡ Qué porte ! La echaremos de menos….
El dueño de Perla, que era muy expeditivo, sugirió que habría que hacer un homenaje a Priscila, y que ese día él, que era poeta, declamaría unos versos en honor de la perra, y que el resto de los canes : Trueno, Bruno, Curra, Santo y los demás debería asistir bien limpios…. a honrar a su compañera.
Todos asintieron y la cosa quedó fijada para después de verano, para poder tener tiempo y organizarlo todo como la ocasión merecía….
III.- Durante el verano, nadie vio pasar a la vieja en bicicleta: era normal, los calores eran atosigantes y seguramente se guarecía en su casa. Pero cuando llegó el otoño, que vino seco y templado, tampoco se presentó por el Parque y eso escamó a los dueños de los perros que tenían la intención de rendir homenaje a Priscila y, muy especialmente, al dueño de Perla, que ya había compuesto un soneto para la difunta perra , del que estaba muy satisfecho.
Eso hasta que un día, en la prensa, saltó una noticia que lo explicó todo. Los vecinos de un edificio cercano al Parque, habían denunciado malos olores provenientes de un piso. Cuando los bomberos accedieron al mismo, encontraron el cuerpo descompuesto de una anciana. Solo se conservaban unas greñas blancas, abundantes, largas y desordenadas….
Nadie la había echado de menos, nadie había reparado en su ausencia: ni los vecinos, ni la panadera, ni la boticaria a la que solía comprar las medicinas…La pobre vieja no era, en rigor, nadie….
En el Parque, los dueños de los perros recibieron la noticia con bastante indiferencia:
- Esto explica la ausencia de la vieja de la bicicleta, dedujo uno de ellos explicando lo evidente.
A pesar de todo, el homenaje a Priscila continuó. El dueño de Perla recitó un soneto muy bien construido y con algunas metáforas realmente brillantes. Los dueños de Bruno asistieron con su perro y con su hijo recién nacido. El dueño de Santo le susurraba a su perro:
- Aunque te mordiera alguna vez, Priscila era buena…
Mientras, la vieja sin nombre, la vieja de la bicicleta, o lo que quedaba de ella ( o sea, los huesos pelados, algún pitraco seco y las greñas blancas ) era inhumada con la misma soledad con que vivió …
Mientras, en el Congreso de los Diputados, se tramitaba una Ley que humanizaba a los animales.
Mientras, en el Congreso de los Diputados, se legislaba para no respetar la esencia del ser humano.
Mientras, en el Congreso de los Diputados, se legislaba para que los criminales y sediciosos no cumplieran las penas que la ley les había impuesto.
Mientras en los campos, aunque tardíamente, apunta la hierba, porque ha llovido algo y ha lucido el sol y hubo templanza y no heló y, seguramente, esta semana, según dicen, lloverá más aun y todo será, pronto, verde…porque el verde es el color de la esperanza, el color del futuro y el color de los que sueñan , pero que no de los que sólo sueñan , sino de los que sueñan pero también luchan por sus sueños, con esperanza , con determinación….
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