De este agua no beberéRafael González

El ojo de Sauron con olor a talco

«Cuando la montaña tenebrosa surge junto a la Calahorra, oh, aparecen los periódicos y los curiosos y Pepe Larios, que siempre está por ahí»

De manera cíclica como la feria en El Arenal, el estand de Fitur lleno de gañotes o los puestos de caracoles, en el río y tras la crecida habitual aparece la famosa montaña tenebrosa de toallitas de bebé. Los patos que nadan alrededor picotean esa masa informe y se desprenden con ese gesto omnívoro de cierto encanto infantil, como les ocurre a las gaviotas cuando comen basura en el vertedero municipal o directamente le atacan a tu bocata de caballa en el paseo marítimo de Chipiona, con el consiguiente susto. Muchos animales son carroñeros y/o mangurrines, como los humanos en general y algunos ministros en particular.
Cuando la montaña tenebrosa surge junto a la Calahorra, oh, aparecen los periódicos y los curiosos y Pepe Larios, que siempre está por ahí afotando el apocalipsis medioambiental y la apostasía cambioclimática. Los vecinos del Campo de la Verdad, acostumbrados a las cosas que ocurren en la cuenca fluvial, ya no se inmutan. Pero lo cierto es que el espectáculo no es agradable sabiendo, sobre todo, cual ha sido el uso del 99% de esas toallitas que ahora se acumulan de manera informe.
Desde la empresa municipal de limpieza y desde la de aguas potables – permítanme esos arcaicos sintagmas- exponen que ellos llegan hasta donde pueden y que sobre todo emprenden varias campañas al año para recordar a los ciudadanos, ciudadanas y ciudadanía sostenible que las toallitas no se deben tirar al inodoro porque son de difícil o casi imposible biodegradación. No obstante, en los paquetes de toallitas nos avisan que sí son factibles de ser tiradas al váter, con simpáticos iconos más agradables que el señor de pulmones amputados de los paquetes de cigarrillos, o el latido de un feto para un socialista.
Lo peor de estampas como esas es que de forma indirecta le damos la razón a los que nos quieren con taparrabos o sin comer jamón, con bolsas de quinoa para ir al supermercado y sin calefacción en plena ola polar. Al ecologismo radical y a Irene Montero, Teresa Ribera y Alberto Garzón los carga el diablo y ya mismo se sacan un decreto ley para que nos limpiemos el ojo de Sauron con hojas de platanera y paguemos varias tasas por el aseo como zona de altas emisiones.
Sé que somos muy limpios y que nos gusta oler a talco. Pero no juguemos con nuestra suerte que este Gobierno es capaz de todo. Y recuerde, por cierto, que el bidé no es un recipiente para la ropa sucia.
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