la aceraAntonio Cañadillas Muñoz

Las colas del hambre

13:00 horas. Andando por la acera, mientras llegaba al súper mas cercano de casa pude presenciar algo que me llamó la atención. En una fría puerta gris empotrada en un muro de la antigua historia de Córdoba, con un acceso en rampa, larga rampa, como la vida misma, vi cómo se reunían 8 o diez personas que manteniendo silencio entre ellas, miraban pacientemente la puerta esperando que llegara la hora de su apertura, la puerta de la esperanza.

A la vuelta, sobre las 13:30 horas las personas que esperaban habían aumentado notablemente. No me paré a contarlas, pero podría haber entorno a 130.

¿Qué hacían allí tantas personas esperando en la larga cola?. Di respuesta a mi pregunta en el momento en que vi salir de la puerta gris a una joven de unos 30 años con dos bolsas en la mano y un sonriente rostro que plasmaba la alegría de poder exclamar a los cuatro vientos que ya tenía parte de la comida de ella y de sus hijos para el día;… y si sobraba algo no dudaría en ir llenando el esquelético frigorífico como reserva para la semana, siempre contando con que el magneto térmico de la luz no saltara, no por exceso de consumo, sino porque la factura del mes anterior no pudo pagarla y pudieran cortarle el suministro..

Y me puse a pensar. Y pensé en esta joven. Su historia podría ser la de miles y miles de familias de toda España que dependen de asociaciones y fundaciones para llevarse comida a casa, sentarse en una de las sillas que ofrecen en los comedores solidarios o recoger la bolsa de la esperanza diaria. Un servicio que depende, en buena parte, de donaciones de particulares y de los bancos de alimentos. Pero parece que se han reducido por el incremento del precio de los comestibles.

Durante todo el pasado año, sobre todo a finales del mismo, han ido escaseando tres productos básicos en sus cestas solidarias: leche, aceite y cereales.

El precio del aceite de oliva se ha disparado por encima del 32% o mas en un año, según el INE. También el azúcar (+40%), la leche (+15%) o los lácteos (+14%), así como otros productos frescos. Y lo mismo ha ocurrido con los alquileres, que batieron récords en 35 capitales de provincia el pasado 2023, o con las hipotecas de tipo variable. Según Cáritas a finales de 2023, ya había cerca de seis millones de personas, o quizás mas al día de hoy, que están experimentando privaciones alimenticias, hasta el punto de impedirles llevar una dieta adecuada, lo que pone en jaque tanto su salud física como emocional.

Para esta joven que escogimos de esas colas a titulo de ejemplo, llamémosles, colas de la necesidad o del hambre, el reparto supone una ayuda excepcional No sólo por los alimentos, sino también por los pañales y la leche del bebé, que ha subido muchísimo, quizás excesivamente para estos escenarios. Hace un año o dos, esta situación sería impensable para su familia teniendo trabajo.

Y es que, aunque nos pese, las colas cada vez más largas en Cáritas, en las Parroquias, en Prolibertas, en el Banco de Alimentos o cualquiera otra ONG, son una muestra de la abrumadora realidad de la pobreza en España.

Esta situación de falta de ingresos y acceso a servicios básicos o vivienda, íntimamente ligada a la pobreza, recrudece la esperanza de vida, dando lugar a enfermedades derivadas por la mala alimentación, higiene o enfermedades crónicas.

En las colas del hambre hay un elevado aumento de personas mayores gravemente limitadas con 65 años o más que son dependientes que no están dentro de un acompañamiento controlado ni seguimiento por parte de una persona a cargo, lo que hace muy complicado su seguimiento. Y sobre todo los que necesitan ayuda para alimentarse, la mayoría.

No olvidemos las personas que solicitan le sirvan las «bolsas del hambre» en sus casas porque no son capaces de sumarse a la solidaria cola de necesidad, para que no los señalen o reconozcan, manteniendo así su intimidad, o las imposibilitadas.

La ansiedad y preocupación por conseguir dinero se repite diariamente. Pagar medicinas, ir al dentista, pagar el alquiler o hipoteca, encender la calefacción,… y sobre todo comer.

Todo ello supone una espiral que deriva en una enfermedad cada vez mas generalizada, la depresión.

Para poder conseguir la erradicación de la pobreza y la desigualdad, son necesarias políticas de protección y la reforma de ingresos para jubilados que se ajusten a la realidad del coste de la vida, y adaptar la pensión mínima de familia en especiales circunstancias a la que se da a otras personas en iguales o peores circunstancias que han llegado a nuestro país de una forma diferente.

Una gran apuesta por el fin de la pobreza empieza con políticas sociales estructurales y termina en la responsabilidad ciudadana, aunque esta ultima viene colaborando, cada vez mas con las ONGs, aportando pequeñas cantidades mensuales que hacen posible llegar a la meta, aunque alguno se quede en el camino.

Y en toda esta realidad social es importantísimo, junto a las ONGs, la labor del voluntariado que de muy diversas formas hace posible paliar algunos de los numerosos problemas sociales que acuden a pedir ayuda a un punto de reparto o bien llevándola a domicilio para que esta llegue caliente a sus casas y también en las cocinas, donde diariamente hacen posible los menús.

No puedo olvidar a los grandes grupos empresariales que también están respondiendo a la llamada. También a pequeñas empresas y restaurantes, que preparan menús diarios para que numerosas de familias puedan comer caliente. Porque algunas familias ni siquiera pueden encender un fuego para cocinar unos garbanzos o un caldo de pollo ya que no tienen suministro eléctrico, o no pueden comprar la bombona de gas.

Cada día se hace más necesaria una mejor administración de los fondos europeos para estas asistencias y que las Comunidades Autónomas y Entidades Locales prioricen, aun más, las inversiones para estas ayudas vitales, y que junto a los Colectivos Sociales y ONGs hagan realidad la política del 7%.

Porque las colas del hambre están ahí, en nuestras aceras, por las que paseamos, reímos, jugamos y a veces cantamos.

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