'Roma locuta', Fuensanta patrona
«En el entorno del milagroso manantial yo también he vivido en carne propia prodigios y acontecimientos inexplicables»
En 1994, mi amigo Javier Belmar creó el programa radiofónico Otros Mundos, espacio que estuvo en las ondas nada menos que veintiocho temporadas consecutivas. Todas ellas, claro, bajo su dirección y presentación, amén de adornadas por una mítica sintonía.
Yo lo conocí (a Javier) en 2014, cuando contactó conmigo con el fin de leer en antena un texto mío sobre la leyenda del Cristo de los Faroles. Ahí nació una colaboración que se extendió durante cinco años y que sirvió para difundir internacionalmente otras tradiciones y devociones cordobesas. También nació, quién lo iba a decir, una amistad que trascendería los micrófonos.
Javier a menudo (la última vez, cuando lo llamé hace algunas semanas para desearle feliz Navidad) me insiste en los puntos en común que observa entre su ciudad, Murcia, de la que es todo un enamorado y ferviente divulgador, y Córdoba. Especialmente, que la Virgen de la Fuensanta es la patrona de ambas. Aunque, mientras que en Córdoba mantenemos fija la festividad en el 8 de septiembre (Natividad de María y día de las vírgenes encontradas), en Murcia la trasladan al domingo siguiente a esta fecha.
El nacimiento de María se celebra, claro, justo nueve meses después de la Inmaculada Concepción. Aunque no sé muy bien cómo se determinan esas cosas. En todo caso, lo dice la Santa Sede y no hay más que hablar. Como me recuerda a veces mi también amigo Jesús Daniel Alonso, 'Roma locuta, causa finita'.
La tradición cordobesa cuenta que en la primera mitad del siglo XV, Gonzalo García, un cardador de lana del barrio de San Lorenzo cuya mujer e hija estaban enfermas, tuvo, paseando fuera de la Puerta de Baeza, la aparición de la Virgen María acompañada por los patronos de Córdoba, Acisclo y Victoria. Aquella le indicó que debía dar de beber a ambas el agua que brotaba entre las raíces de un cabrahigo cercano. Dicho manantial, efectivamente, las sanó. Y resultó igualmente milagroso para tantas otras personas, incluido un ermitaño hidrópico, quien, además, recibiría luego en sueños la revelación de que aquel poder curativo se debía a que dentro del tronco había escondida una imagen de la Virgen. Dicha visión fue comunicada al obispo y se comprobó que el mensaje era cierto, resultando así nuestra Fuensanta otra «virgen encontrada».
Se cree que esa figurilla no sería la que actualmente se venera, pues es probable que apareciera rota o terminara estándolo. De hecho, en el Archivo Histórico Provincial de Córdoba se conserva el testamento de Isabel Rodríguez, la viuda de Gonzalo García (el cardador), con fecha 25 de enero de 1481, en el que se señala que «mando las reliquias que yo tengo que aparecieron en la dicha fuente santa al dicho Gonzalo García mi marido a Catalina López la serrana beata que mora a la Magdalena».
El caimán de la Fuensanta
La Fuente Santa daría lugar a la creación de todo el complejo del santuario, cuya estrella es el famoso «Caimán de la Fuensanta». El reptil, disecado (y actualmente con una inmensa mancha blanca, creo que un remiendo, que siempre bromeo con que es un melanoma), se trata de un exvoto, como otros que hay junto a él (una costilla de ballena, por ejemplo) y tiene su propia leyenda: Supuestamente, apareció por la zona debido a una crecida del Guadalquivir (de las muchas que había y se encuentran señaladas en azulejos del santuario) y existen dos versiones sobre cómo se le dio muerte. Una afirma que fue un cojo con su muleta, desde la copa de un árbol y usando como cebo.... ¡un pan! La otra cuenta que habría sido un condenado a muerte, que se ofreció a intentar la hazaña si, en caso de conseguirla, era indultado.
Es curioso cómo, devoción aparte, el santuario, su entorno y todo el barrio de la Fuensanta han estado muy presentes en mi vida, a pesar de haberme criado en Ciudad Jardín y haber habitado en el casco histórico. En primer lugar, porque estudié BUP y COU en el Colegio Cervantes y, cuando no utilizaba la línea de autobús escolar, usaba, por supuesto, la número 7 de Aucorsa, todo un clásico que unía ambos extremos de la ciudad.
Mucho tiempo después viví en la collación de Santiago, en el antiguo Panderete de las Brujas, teniendo una plaza de garaje alquilada en calle Pelagio y yendo a comprar a un supermercado de Cuesta de la Pólvora. Además, daba largos paseos con Sunday, mi perro, por toda la Fuensanta y Cañero, incluso llegando hasta Fidiana. En verano iba a las Piscinas Santuario con mi amigo Rossano, un napolitano enamorado de Córdoba que se compró un apartamento en la Axerquía. Y, por supuesto, frecuenté el cementerio de San Rafael para visitar la tumba de un tal Julio Romero de Torres.
Volviendo a acercarnos al santuario, otra cuestión que ahora lo hace más familiar para mí es que el actual párroco, Ignacio Sierra (que llegó tras la marcha de Antonio Jesús Morales al Vaticano), lo fue muchos años (párroco) en el pueblo de mi padre, Santa Eufemia. Allí, por cierto, el carácter jovial de Nacho y su cercanía a los jóvenes (él lo era entonces) favoreció numerosas vocaciones.
Hablando de juventud, en el entorno del milagroso manantial yo también he vivido en carne propia prodigios y acontecimientos inexplicables, como algún que otro beso al salir de la feria en recovecos de las calles aledañas. O en las escaleras que suben a la avenida, que resultaban muy prácticas para salvar la diferencia de altura con la chica en cuestión. Pero, como el cuerpo y el alma tienen sus etapas, ahora me gusta ir a la luz del día, especialmente la tarde del 8 de septiembre, a visitar a nuestra patrona. Bueno, una de nuestras patronas; la otra, más antigua, es Santa Victoria.
Este doble patronazgo femenino provocó durante mucho tiempo el debate de si la Virgen de la Fuensanta era patrona o copatrona (o compatrona), guirigay que terminó oficialmente con la bula del 18 de octubre de 1993 en la que Juan Pablo II aceptaba su coronación canónica y la señalaba como patrona de la ciudad: «Eiusdem civitatis patronae». Y, si lo dice Roma, no hay más que hablar. Sea para llamar a Antonio Jesús Morales, sea para determinar qué es para Córdoba oficialmente esta Virgen. 'Roma locuta, causa finita'... Fuensanta patrona.