Abuelos de los patrimonitos
«Queda muy bien el decir que tenemos uno de los patrimonios más ricos de la humanidad, pero es indecente pasear por nuestra ciudad y ver cómo está de abandonado»
El pasado martes 4 de noviembre en la Biblioteca Central, presenté el proyecto 'Abuelos de los patrimonitos', recordando aquella figura que pusimos en marcha a comienzos de este milenio en Córdoba. Profesorado de los IES Nuevo Condesa, actual Rafael de la Hoz, Blas Infante y Santa Catalina de Siena, se volcó, nos volcamos, en concienciar al alumnado en la defensa y protección de nuestro rico patrimonio. Córdoba, como así lo ha reconocido la UNESCO, posee un patrimonio material e inmaterial que supera a cualquier otra ciudad del mundo. Por eso somos tan afortunados que recibimos millones de visitantes al año. Aquí no hay turismo de playa, aunque tengamos parte del turismo de cruceros; aquí vienen a ver nuestro excepcional Conjunto Monumental Mezquita Catedral, nuestro casco histórico, con esa preciosa Sinagoga del siglo XIV, las iglesias Fernandinas, el palacio de Viana, los patios, los diferentes museos ubicados en nuestra ciudad –por ejemplo, nuestro museo arqueológico es un ejemplo de integración de restos arqueológicos con las piezas expuestas-, o escuchan un buen cante y baile en la Posada del potro o en cualquiera de los espacios dedicados a difundir el flamenco, o a comer ese rico patrimonio gastronómico que poseemos. Y, cómo no, a observar con recogimiento, se sea o no creyente, de esas magníficas procesiones de Semana Santa, especialmente, y que mantienen trabajo de imagineros, plateros, bordadores, cereros…
SÍ, a comienzos del 2000, ese grupo de profesorado entre los que estaba Manuel Toribio, Ana Cabello, Enrique Santos, se dedicó, nos dedicamos, a crear una conciencia entre el alumnado, futuro responsable político, para que lo recibido en herencia de nuestros antepasados se mantuviera en el mismo estado, al menos, cuando lo legáramos a la siguiente generación. Por ello tuve el honor de recibir el Premio Hernán Ruiz, en su tercera edición, a la conservación, restauración y difusión del patrimonio material e inmaterial. Yo fui simplemente la cabeza visible de ese grupo de profesorado preocupado por el futuro.
Aunque la preocupación por nuestro patrimonio sigue entre el profesorado, ese modelo de difusión, haciendo que el propio alumnado de discente se convirtiera en docente por unos días, parece que se ha abandonado. Es curioso que, después de tantos años, aquel alumnado se siga considerando «patrimonito»: ingenieros aeronáuticos, biólogos, trabajadores sociales, gente dedicada al turismo y otras personas que abandonaron los estudios, recuerdan esos años y, lo mejor, siguen defendiendo la conservación de su patrimonio. Porque sí, es posesivo, el patrimonio cordobés es de su ciudadanía, tanto como nuestro propio hogar.
Ya hace varios años jubilado, pero recuperado como alumno en el Centro de Educación Permanente 'Manuela Díaz Cabezas', me he quedado sorprendido de la cantidad de personas «con derecho a descuento» como yo, que siguen interesadas en el Patrimonio. De las pocas actividades que seguimos realizando como docentes están esos «paseos por Córdoba» que tanto Raquel Villalba como José Moraga coordinan desde el Centro de Profesorado y que, en nuestro caso, se dirigen mayoritariamente al grupo de profesorado encargado de impartir las enseñanzas de Patrimonio en los centros de adultos. Hay decenas de grupos, centenares de alumnos coordinados por un profesorado entregado. Impresionante.
Todo muy bien, pero cuando paseas por Córdoba y en eso nuestro grupo de edad gana, te deprimes al ver un patrimonio en tan mal estado. Por ejemplo, cuando escribo estas letras acabo de pasar por la muralla musulmana de la plaza del Gamo, vamos la de Salesianos, y tiene varias higueras criadas a punto de dar frutos, si no son bravías. Siempre nuestra referencia es el Conjunto Monumental Mezquita Catedral, y que, gracias a quien lo mantiene, y es el Cabildo Catedralicio de Córdoba, la Iglesia, está como está. Yo soy un ferviente defensor de la propiedad de ese conjunto por parte de la Iglesia – está claro que el 29 de junio de 1236 Fernando III se lo concedió a esta institución, y eso no se puede discutir-, y gracias a ese hecho se ha mantenido, como sucede con iglesias o monasterios y conventos que siguen ocupados por congregaciones y que no fueron desamortizados o abandonados. No, no piensen que el abandono es por ideología, en absoluto, hay unas honrosísimas excepciones sobre la preocupación por el patrimonio y ahí está Rafael Jaén o Francisco Tejada, de dos partidos distintos y distantes. Y, cómo no, Juan Miguel Moreno Calderón que continúa luchando por la cultura, especialmente la musical.
Lienzo de muralla en la plaza del Gamo (Córdoba)
Sí el patrimonio cordobés, murallas, alfares, recintos arqueológicos como el de Cercadillas, está absolutamente abandonado, salvo honrosísimas excepciones como el Conjunto Monumental Mezquita Catedral. Queda muy bien el decir que tenemos uno de los patrimonios más ricos de la humanidad, pero es indecente pasear por nuestra ciudad y ver cómo está de abandonado. No se puede poner en valor una muralla, un alfar, o cualquier elemento para que, a continuación, se degrade y se convierta en un muladar, o un lugar para celebrar botellones. Cuando algo se pone en valor hay que mantenerlo, conservarlo. A ver qué sucede ahora con los restos de una de las épocas más desconocidas en relación con el patrimonio inmueble, como es la posible basílica de Santa Eulalia y todo el complejo mozárabe que la rodea. Está bien gastarse centenares de miles de euros en espectáculos musicales para atraer al turismo que, si amplían el radio de la visita a algo más que la Judería, podría observar cómo se degrada nuestro pasado. En el recién celebrado congreso sobre las murallas subtitulé mi ponencia con el título de «Derriben las murallas». Lógicamente en el contenido se apreciaba el que mi interés no consistía en su derribo, sino en su conservación.
Por todo lo anterior, conviene recordar en todas las culturas primitivas, y ya menos en las actuales, la edad era un motivo de sabiduría, «el diablo sabe más por viejo que por diablo», por lo que los consejos de los mayores no sólo eran tenidos en cuenta, sino que se cumplían.
Por lo tanto, es un deber moral de nuestro colectivo, máxime cuando participa en esas clases tan edificantes impartidas por el profesorado de los Centros de Educación Permanente, y también de las aulas de la tercera edad en las universidades, que se convierta en defensor de la conservación de nuestro patrimonio heredado, para hacer lo mismo que sus nietos hace ya un tiempo: ser los «abuelos de los patrimonitos», para que de manera individual o colectiva, luchen por la defensa de un patrimonio que hemos heredado y debemos legarlo a la posteridad. Es una pena que haya personas dedicadas más a mirar el dedo que a la luna, como por ejemplo sucede con lo relativo a la propiedad y pequeños cambios en el Conjunto Monumental Mezquita Catedral. Si esos esfuerzos los dedicaran a defender el patrimonio, probablemente éste estaría en perfecto estado. Es curioso que algunos de los más talibanes en la destrucción del nuestro, como sucedió con el conjunto de Cercadillas, es de los más activos en ver de quién es la propiedad de la Catedral.
Es nuestra Historia, y no podemos, ni debemos abandonarla, no debemos caer en la amnesia. Si el patrimonio desaparece, se acabará nuestra memoria histórica.
Francisco de Borja Luque Muriel es profesor de Geografía e Historia jubilado.