Domingo de Resurrección
«No adoramos a un muerto en la Cruz, adoramos y veneramos a un Dios vivo que ha vencido a la muerte»
Termina la Semana de Pasión, tiempo santo en el que hemos intentado convertir nuestra vida. Nos encontramos de bruces sumergidos en el día más importante para el orbe Católico, para nuestra Diócesis, para cada uno de los que queremos vivir la fe en Jesucristo, el Hijo de Dios Vivo, que se encarnó por obra y Gracia del Espíritu Santo en las entrañas Purísimas de la Virgen María, nació en Belén, vivió 33 años entre nosotros, en este mundo, en esta historia. Predicó la Salvación, el Amor infinito de Dios. Nos pidió pasar por nuestra existencia haciendo el bien, amando a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Jesús fue condenado a muerte por los poderes de su tiempo porque les era incomodo, porque les denunciaba su pecado, porque sus palabras abrían el corazón del hombre a la Esperanza y a la fraternidad universal. Jesús se entrega a la muerte, abraza su cruz porque sabe que es la voluntad Padre asumir y recibir su sacrificio para perdonar, salvar y redimir a todo hombre que acepte la Salvación que Dios nos da. Ese Jesús, ha resucitado.
Hoy, domingo de Resurrección, se cumplen todas las promesas de Salvación y de Vida Eterna que Cristo nos había hecho. Hoy nuestra vida pasa a ser vida Eterna, hemos pasado de la muerte a la Vida. Es el acontecimiento central de nuestra fe. Nosotros no creemos en un hombre, que predicó el bien, que hizo milagros, que cambió el mundo…Creemos en Jesucristo, el Hijo de Dios Vivo, que se hizo hombre, verdadero Dios y verdadero hombre, que murió y que ha resucitado y que está Vivo, Glorioso, presente en nuestras vidas, en la Iglesia, en los Sacramentos, en el hermano. Cristo nos ha dado la Vida y nos ha dado un camino para vivir esa vida aquí en la Tierra y en plenitud en el cielo. No adoramos a un muerto en la Cruz, adoramos y veneramos a un Dios vivo que ha vencido a la muerte y ha convertido la cruz en árbol de Vida Eterna.
Por desgracia, se nos olvida que Cristo sigue vivo, que la Resurrección es el acontecimiento esencial de la Fe, que nos recuerda que somos llamados a la Vida, a una vida plena. En nuestra tierra nos quedamos en el sepulcro, nos cuesta muchísimo vivir la Resurrección, la Gloria del Domingo de Resurrección. La Vida que durante Cincuenta días de Pascua, estamos llamados a gozar y gustar en nuestras celebraciones. Y durante toda nuestras vidas como meta y esperanza de nuestro existir.
¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Resucitemos con Él!
Tomás Pajuelo Romero es sacerdote y párroco de Beato Álvaro de Córdoba