Privados de sentido común
«Ahora el debate parece centrarse en que si desde los palcos no se ve bien o en que si hay zonas con peor visibilidad»
La Semana Santa de Córdoba no necesita que nadie la salve, pero sí que se hable de ella con un poco de sentido común. Porque cada año, cuando llegan estos días, vuelven también las críticas de siempre, muchas veces más por costumbre que por otra cosa.
La Carrera Oficial junto a la Catedral es, sin rodeos, un acierto. Por el lugar, por lo que significa y por cómo ayuda a ordenar una Semana Santa que mueve a miles de personas. No es sólo cuestión de estética —que también—, es cuestión de organización y de darle a todo esto un marco que esté a la altura de lo que Córdoba representa.
Y aun así, aparecen los de siempre. Los que Paco Robles llamó en su día, con bastante tino, «tontos de capirote». Ahora el debate parece centrarse en que si desde los palcos no se ve bien o en que si hay zonas con peor visibilidad. Vamos a ver: las hermandades en Córdoba hacen más de siete kilómetros de recorrido. Más de siete. Hay calles, plazas y rincones de sobra para ver una cofradía sin pagar un euro. De verdad, no será por falta de sitio.
Los palcos no son ningún misterio ni ningún club privado. El que quiere, puede pagar su silla. Y hablamos de unos siete euros. Lo curioso es que algunos de los que más protestan por eso no tienen problema en gastarse más dinero en un cubata en plena calle. Y eso sí que está prohibido. Pero parece que eso molesta menos que pagar por sentarse un rato a ver pasar una cofradía.
Además, hay algo de lo que se habla poco y es bastante importante: esas sillas permiten que muchas personas con movilidad reducida o con otras dificultades puedan ver la Semana Santa en condiciones. Alrededor de un centenar de personas que, sin ese espacio reservado, lo tendrían mucho más complicado. Eso también es hacer la Semana Santa más abierta y más justa.
Al final, da la sensación de que algunos confunden comodidad personal con derecho universal. Y no es lo mismo. La Semana Santa está en la calle, es de todos, pero eso no quita que haya espacios organizados para quien quiera usarlos.
Si seguimos ese razonamiento de «todo gratis y todo abierto sin orden», entonces llevémoslo al extremo: que el Córdoba CF deje de jugar en El Arcángel y se vaya a mitad del Arenal, para que todo el mundo lo vea sin pagar. Suena absurdo, ¿verdad? Pues es exactamente el mismo planteamiento.
Córdoba tiene una gran Semana Santa. Con personalidad, con recorridos largos —larguísimos— y con margen de sobra para que cualquiera la disfrute. Cuidarla también es poner un poco de cordura cuando toca. Porque entre tanta bulla, a veces se nos olvida lo más evidente.